Soy la llama

Nadie que trasponga en estos días los umbrales de la UNEAC bayamesa, puede resistirse a las imágenes emplazadas en sus paredes. Muerte, vacíos, ocasos, obligan al espectador a encarar deprimentes realidades de la existencia, atenuados de algún modo por cierto brote de fe.

Lírica de la ausencia, como se nombra esta suerte de oda fotográfica a la naturaleza, representa el salto a la palestra artística de Iraida Ginarte González, quien después de haberse dedicado años a la teoría y al sostén institucional del arte, se decide en la cuarta década de vida a asumir profesionalmente su creación.

-Primeramente, quisiera conocer esa relación con el arte que antecedió y preparó el camino a esta exposición.

Tendría que hablar de mi entrada al Instituto Superior de Arte en 1989, en la carrera de actuación. Fue extremadamente duro, porque yo tenía un lente muy limpio, cristalino, alejado de segundas intenciones. Llegué a La Habana desprovista para afrontar el consumismo, la realidad de allí; tenía 16 años y no fui lo suficientemente valiente. Por suerte, me fracturé un tobillo y se me hizo un cambio de carrera. Entonces estudié Historia del Arte en Santiago de Cuba. Después trabajé 16 años en el sector de la Cultura. Fui directora del Centro Provincial de Artes Plásticas, profesora de la Academia “Oswaldo Guayasamín”, conductora de la Televisión Granmense y jefa de programación de Radio Jiguaní. He publicado artículos en la Revista de Arte Cubano y en Ventana Sur. La parte de la creación se limitó siempre a la literatura. Publiqué en el 2005 con Ediciones Bayamo el poemario para adultos Para esta sed oscura, y ya presenté al Consejo Editorial Provincial el libro de poesía El filo cortante de la luz o Descalza, camino de tus ojos. Debo decir que yo aprendí leyendo a Dulce María Loynaz y a Tagore. De ahí mi poesía intimista, muy personal, algo como el sitio donde nací, “El Faldón” de Santa Rita, que es prácticamente desconocido.

-¿En qué momento irrumpe en su vida la fotografía?

La fotografía llegó a salvarme. Hubo un momento de mi vida en que la poesía no era suficiente. Terminaba un poema, terminaba otro, y quedaba cargada. Hace cinco o seis años supe de un Curso de Fotografía en la Casa de Orientación a la Mujer y la Familia, auspiciado por la Asociación de Fotógrafos de Bayamo. Lo recibí y comencé a robarme imágenes de los amaneceres de la ciudad. No tengo una cámara profesional, sino una compacta, que tiene 14 megapíxeles, muy buena, aunque no puedo elegir cómo hacer la foto. De ahí que sea muy importante elegir el momento. Empecé en lo profesional tomando imágenes para mí de cosas pequeñas, eventos importantes de la naturaleza, de mi vida. Una noche de lluvia increíble, por ejemplo, o quizás una puesta de sol. He ido dividiendo la fotografía por colecciones: vuelos de pájaros, sobre todo colibríes; imágenes abstractas como el movimiento del agua; las flores para representar la vida y la muerte como oposición comprendida en una misma creación, y el día y la noche. Primero la fotografía era algo alternativo que me completaba; hoy es una obligación.

-En estos momentos vive al margen de la dinámica cultural de Bayamo. ¿Cuál fue la vía entonces para esta exposición?

Ileana Orozco me llamó y le hablé de la fotografía. Entonces se interesó por ver lo que estaba haciendo y yo le ofrecí 100 piezas. Ella, que tiene el ojo mejor dotado de la crítica en Bayamo en el caso de la plástica, escogió 21 que hice en los últimos ocho meses y así surgió la muestra, haciendo ella la curaduría. Me costó trabajo decidirme a exponer, pero Ileana me convenció de hacerlo. Para mí fue un gran paso, una muestra de que estoy tratando de brotar. Y me complace mucho haberlo hecho en el espacio de la UNEAC, pues aunque es pequeñito, ha sido siempre la aspiración de los artistas de inicio porque tiene una carga mágica.

-¿Todas son fotografías puras?

Me he cuidado de eso. Lo que se ve allí es la imagen que atrapo. Es como que lleva mi estado de ánimo. Si la toco con el photoshop, con la tecnología, ya no es mi foto. Sería como si rompiera un espejo.

-En la colección apenas aparecen elementos humanos. Podría catalogarse a la naturaleza como protagonista.

La naturaleza y yo estamos muy ligadas. Mi casa de la niñez era fabulosa. Era de mampostería y guano en el monte, donde yo despertaba y me encontraba con el rocío, el olor de la tierra, esperábamos la lluvia para las cosechas. Mi padre era campesino; mi madre era una mujer muy linda en medio de aquella naturaleza increíble, de los ríos, los atardeceres. Allí crecí con mis hermanos, aislada del mundo, en una burbuja natural perfecta. Con esta exposición fotográfica di a los demás lo que me dejaron los años de infancia.

-¿Por qué la preeminencia del mar?

Yo soy cáncer, soy un signo de agua. En la Universidad descubrí que Iraida es la diosa del agua en Alejandría. Creo que el agua limpia, purifica; estar cerca de ella es hacerse más humano. A mi hija, cuando cumplió el año, la llevé al manantial cerca de Las Minas donde nos conocimos su padre y yo. En fin, mi vida es poesía, no lo puedo ver de otra manera.

-De todas las piezas, Todavía fue la que más me cautivó. Esa última llama que queda en las brasas apagadas significa más que un acierto artístico; probablemente, el único símbolo de esperanza.

Esa es la foto que me identifica, porque todavía ardo, todavía soy llama. Soy la llama que se ve en esa imagen, después de tantas decepciones y tantos atardeceres grises.

-Lírica de la ausencia estará expuesta en la sala de la sede bayamesa de la UNEAC hasta finales de agosto. Pero como antes refirió, la exposición solo es el inicio de su andar en la fotografía. ¿Qué habrá en la próxima página?

Estoy trabajando en un libro de cuentos para niños y jóvenes: Secretos de vida. Ahí evidencio cómo descubrí mi sexualidad, la importancia de los valores. Relato la primera vez que robé a mis padres (no es que lo haya vuelto a hacer) y la vergüenza que sentí luego. Es decir, que reflejo los secretos que uno no le cuenta a nadie. Quiero también hacer un poemario completado con fotografía. Ya tengo unos 13 textos de poesía íntima, sentimental, sobre la ausencia y la decepción. Por ahora pienso en eso, en la unión de mis poesías literaria y fotográfica.

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