Noticias

Libros por tizas

bibliotecas-estudiantes-secundaria-5-580x435

“El médico dijo que no podía seguir. Tenía que acabar yo o ellas acabarían conmigo. Yo solo tosía y tosía, mientras pensaba en mis tizas. Ingresé en el hospital dos semanas después. La operación duró cuatro horas. La recuperación, ocho meses”.

Aimé Fernández tiene 53 años. Hace 20 que no coge una tiza en sus manos. Antes solía hacerlo todo el tiempo. Era profesora de Español-Literatura en una secundaria básica.

“Apenas comenzaba el primer turno de clases me quedaba sin voz. Tenía una enfermedad crónica en las cuerdas vocales, y el polvo de las tizas nada ayudaba. Intenté de todo para curarme. Incluso llegó un momento en el que solo lo dejé pasar, con la esperanza de un día llegar hasta el último turno”.

“Pero no pudo ser. Mi sueño de dar clases había terminado. Tuve que cambiar las tizas por los libros. Ellos y unas hojas de papel para escribir, fueron mis únicos acompañantes durante ocho meses en los cuales no pude pronunciar palabra alguna”.

“Sentimentalmente me deprimí mucho porque pensé que nunca más hablaría. Era todo el tiempo probando y probando. Hasta que un día recuperé mi voz y decidí buscar trabajo”, precisamente con mis acompañantes durante la recuperación.

Bibliotecas públicas: El Quijote entre molinos

bibliotecas-estudiantes-secundaria-3-580x435

Muchos piensan que no existe un lugar mejor que combine conocimiento, recreación y creatividad. Otros aseguran que, si no se protegen y se preservan, pueden extinguirse. Mientras, algunos piensan que en la sociedad actual tienen muy poca utilidad.

Lo cierto es que las bibliotecas son centros que permiten a los ciudadanos acceder a la información, así como al patrimonio cultural, bibliográfico y documental. Además, constituyen espacios activos que propician la lectura, la innovación, el estudio y la socialización de la información y el conocimiento.

Con estos objetivos, hace más de medio siglo, exactamente en el año 1963, se creó la Red o Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas de Cuba, como parte de un conjunto de acciones que emprendió el naciente Gobierno Revolucionario Cubano encaminadas al desarrollo cultural e intelectual del pueblo.

Dicha red nació con solo 27 bibliotecas públicas en todo el país, y se ha incrementado paulatinamente, hasta llegar a la cifra actual de 399. De ellas 15 son bibliotecas provinciales, 153 municipales y 231 sucursales, donde reposan aproximadamente 10 millones de volúmenes que forman parte del patrimonio bibliográfico y la memoria histórica de Cuba.

Las bibliotecas públicas atraviesan actualmente momentos de incertidumbre y se cuestiona su utilidad social. Estudios recientes demuestran que en América Latina la mayoría de las bibliotecas públicas no funcionan como tales, sino como escolares. Además, con pocas excepciones, no se puede afirmar que realicen un trabajo eficaz en pro de la comunidad. La gran prueba es que los ciudadanos no perciben a la biblioteca, aún hoy, como una institución indispensable en los planes de desarrollo de una nación.

Ante este panorama que dibuja un horizonte pesimista y tenebroso, el profesional bibliotecario alza sus voces.

En opinión del brasileño, Emir José Suaiden, en sus investigaciones sobre el tema, la biblioteca debe ampliar sus propósitos y atender a sectores de la comunidad que precisan una información oral o de naturaleza ciudadana que en la mayoría de los casos no se encuentra registrada en libros.

Suaiden explicó también la necesidad de que los servicios se extiendan a los residentes en la periferia y a poblaciones suburbanas y rurales: “el libre acceso a la información es un requisito previo a la formación de comunidades consientes, integradas a la cultura de su nación, adecuadas a su tiempo y capacitadas para encontrar un equilibrio a todas las ideologías y tendencias que actúan en la sociedad contemporánea”.

Con este fin, y para analizar la situación actual, se celebró el XVI Encuentro Profesional de Bibliotecarios de Gran Canaria. Allí el profesor Javier García propuso un análisis de la comunidad para conocer el entorno de la biblioteca y la identificación de las necesidades de los ciudadanos.

El catedrático de la Facultad de Comunicación y Documentación de la Universidad de Murcia añadió que esta es la única manera de convertir la biblioteca pública en una verdadera institución que difunda informaciones a todos los estratos de la población.

Otro de los retos que se les atribuye a estos centros es su relación con los medios de comunicación. Sobre ello, Eduardo Mancipe, en su texto La biblioteca como fuente de equilibrio social y cultural, sostuvo que debe trabajarse en conjunto con el objetivo de divulgar las actividades, y promover las necesidades de la comunidad.

“No obstante -agregó Mancipe- creemos que la mejor manera de demostrar el impacto positivo de la biblioteca es a partir de las propias personas, aquellas que las utilizan habitualmente y aquellas que lo hacen de forma más esporádica”.

“Una biblioteca que experimenta, que arriesga, que sorprende, es una biblioteca viva y activa, una biblioteca que trabaja por y para su comunidad. Una institución de estas características no solo atrae a los usuarios, sino que los mantiene fieles a la misma”.

Con recursos o sin recursos, ¿dónde está la utilidad?

bibliotecas-estudiantes-secundaria-2-580x386

“La verdad es que la realidad de las bibliotecas cubanas, en general, es complicada. En especial las bibliotecas públicas, que sufren mucho la falta de recursos”, dice la bibliotecaria de uno de estos centros en La Lisa, Mayra Espinosa, entre una pila de libros mojados y varias sillas que han perdido alguna pata.

“Como ayer llovió -explica- se volvió a filtrar el techo y se mojaron muchos de los textos. Es que tampoco tenemos tantos estantes seguros para guardarlos. Y las sillas, bueno, imagínate que deben tener más de 20 años”.

Mientras hablamos, los otros trabajadores trasladan los libros al portal, “para que, al menos, cojan un poco de sol”. En días como estos, han llegado incluso a mover las sillas que aun funcionan, al portal de la casa comunitaria más cercana para ofrecer allí los servicios.

En una de las bibliotecas públicas de La Lisa, las malas condiciones de la sala hacen que los estudiantes realicen sus proyectos en el portal.

Esta situación se repite cada vez que llueve. Espinosa y las otras trabajadoras se mudan, mientras esperan a que el sol haga su trabajo.

“No obstante -advierte la bibliotecaria- hacemos nuestro trabajo igual, y las personas van. Sabemos que no es la situación ideal, pero estos centros públicos están muy descuidados por los gobiernos locales, que no se han percatado de la importancia a nivel comunitario que poseen las bibliotecas”.

Según un informe de la Asamblea Nacional del Poder Popular, gran parte de estos centros tienen el inmueble en regular o mal estado. Solo el 20 por ciento posee un inmueble evaluado de bueno. Asimismo, la mayoría de las instalaciones son locales adaptados y como consecuencia presentan muy poco espacio para almacenar sus colecciones y ofrecer servicios de buena calidad.

De igual forma, la iluminación es crítica, con solo un 13 por ciento en buenas condiciones. El 36 por ciento, por su parte, reporta que es regular por ser insuficiente, y el 51 por ciento restante no posee siquiera luminaria artificial, se abastecen de luz natural.

Mas, para Norma González, residente de la comunidad, la desatención de las autoridades no es el único problema: “en muchos casos el estado en que se encuentran estas entidades se debe a la falta de profesionales competentes y capacitados para brindar los servicios y atender a los usuarios”.

“Esto se debe -agrega- no solo a la falta de profesionales, jóvenes y mayores, que no quieren trabajar en la comunidad, sino también al desinterés y la apatía de los que quedan”.

Como también refleja el informe señalado, existen carencias de personal especializado y de dirección, siendo el bajo salario una de las causas principales. De hecho, durante el 2014 se reportaron un total de 725 bajas por traslado por mejoras salariales, y en el primer semestre de 2015 un total de 432.

La carencia de un personal preparado conlleva a que actualmente las bibliotecas públicas no sean espacios frecuentados. En ello influyen, entre otros, tres puntos clave:

  • La ausencia de estudios sobre las necesidades de información de los miembros de la comunidad
  • La falta de difusión de los servicios bibliotecarios que pudieran atraer al público
  • La insuficiencia de servicios especializados, cada vez más personalizados y ergonómicos.

El primer y tercer punto han provocado el desplazamiento de muchos usuarios hacia otras bibliotecas. Por ejemplo, en La Lisa, Ernesto Martínez, aprendiz del oficio de artesano, tiene que acudir a la Biblioteca Nacional todas las semanas, porque en su comunidad no existe ni un solo ejemplar del tema.

Esta situación no solo es insostenible para el consumidor, quien tiene que trasladarse varios kilómetros para ayudar a su aprendizaje, sino que también desmotiva a muchos otros interesados.

Con respecto al segundo punto antes mencionado, una encuesta realizada en los municipios Cerro y Playa, demostró que el 45 por ciento de los encuestados conoce los beneficios que ofrece la biblioteca comunitaria; en tanto, el 55 por ciento, los desconoce.

Asimismo, cuando se les preguntó sobre las vías que utilizan para acceder a la información, mencionaron la televisión y la prensa, Internet, el paquete semanal, y las bibliotecas públicas.

Los datos y opiniones analizados hasta entonces, llevan a cuestionarse, indudablemente, si la biblioteca pública debe desaparecer ¿Hasta qué punto es todavía útil este tipo de centros?

Con el objetivo de debatir sobre dicha cuestión, en octubre de 2016 se realizó un grupo de discusión en Buena Vista, en el municipio Playa. El encuentro contó con la participación de 25 estudiantes de octavo grado, quienes, en su mayoría reconocen la utilidad de las bibliotecas, “aunque, comentaron, a la nuestra le falta mucho”.

Los alumnos sugirieron la incorporación de computadoras, para jugar y buscar información a través de Internet, pues plantearon que existen informaciones que necesitan buscar y no aparecen en los libros.

El surgimiento de la red de redes colocó, desde un principio, la utilidad de las bibliotecas en entredicho. Hay quienes le vaticinaron una pronta desaparición y aunque, algunos piensan que su relevancia ha mermado, la lucha de las bibliotecas por adecuarse a las nuevas posibilidades que ofrece la tecnología ha sido constante a nivel mundial.

En Estados Unidos, por ejemplo, Chrystie Hill, bibliotecaria de la WebJunction en Washington, afirma: “realmente, lejos de perjudicar a las librerías americanas, Internet ha ayudado a atraer más personas a usar las bibliotecas locales”.

Según el estudio, realizado por la Asociación Americana de Bibliotecas, en la primera década de adopción de Internet (1994–2004), las bibliotecas públicas experimentaron un aumento del 61 por ciento de visitas: “los libros y materiales son secundarios en nuestros centros. El aspecto más importante es la interacción humana. Las experiencias que ofrecemos no pueden ser vistas solo como una transacción de información, sino como una oportunidad para tocar y conectar vidas”.

De hecho, en Párraga, reparto del municipio habanero Arroyo Naranjo, Samuel Ibarra, un joven de décimo grado, contó como en estos espacios encuentra un espacio de relajación e interacción con sus amigos. Sin embargo, añadió que, si no acude más, es porque el personal no les dedica atención.

Al respecto, muchas bibliotecas estadounidenses, también ofrecen a niños y jóvenes, ayuda para hacer las tareas. Además, muchas brindan cursos gratuitos en varias áreas, como computación, literatura e idiomas. Dichos servicios no solo aseguran la supervivencia de estos centros, asimismo ratifican el eterno rol de la biblioteca para potenciar el aprendizaje para toda la vida.

En Cuba, uno de los municipios que más orgulloso debe estar de su biblioteca es Marianao. No solo brinda el servicio de préstamo bibliotecario, sino que se imparten talleres en diferentes manifestaciones artísticas como la pintura y la poesía, realizan peñas y actividades para los niños.

Otra de las vías que se ha desarrollado en el mundo para adecuarse a Internet, es su uso en las bibliotecas, lo que, en nuestro país, ayudaría a quienes no tienen otras formas de acceso. Además, su utilización estaría mediada por especialistas, quienes guiarían al usuario por los caminos adecuados, enseñándolos a navegar por el ciberespacio.

Incluso aquellos que sí tienen acceso a la red de redes, estarían interesados. Susan Hildreth, directora de la Biblioteca Pública de Seattle, describió cómo muchas personas emplean las computadoras, a pesar de tener en casa.

Lo que queda claro es que, si algo ofrecerá solo la biblioteca por ahora, es la interacción humana. El estudio elaborado por Rachel Scott, en Seattle, estado de Washington, resalta el rol especial de reducir la soledad: “estas son percibidas como seguras, limpias y convenientes, lo que las hace un espacio natural para congregarse, en especial para las personas mayores, quienes poseen limitadas opciones de socialización”.

La bibliotecaria entrevistada de La Lisa, Espinosa, se refirió a como varias “abuelitas vienen, hojean un libro, y enseguida se ponen a hablar con nosotras o con los otros usuarios que estén aquí. Están buscando compañía y entretenimiento”.

Las bibliotecas, dice Espinosa, es parte de esas cosas que mantienen una comunidad unida: “pregúntale a cualquier persona, y te contará una experiencia emotiva”.

Aimé también es de esas personas que tiene su propia experiencia emotiva. La biblioteca le dio un giro a su vida, cuando se quedó sin profesión y apenas sin habla.

“Se lo debo todo al médico. Él tuvo la sabiduría y el tacto para decirme que no estaba perdida. Me sugirió la bibliotecología como vía de escape. Cuando aquello no existía la carrera de Comunicación, pero con mi título bastó. Puedo decir que soy una bibliotecaria empírica”.

Aimé trabaja ahora en una biblioteca pública del municipio Plaza de la Revolución. Allí pasa los días en el silencio absoluto que solo dejan los libros. Le encanta tan solo sentarse en la mesa y revisar catálogos en busca de algo nuevo que enseñar al próximo visitante.

A veces el silencio se rompe. Ha llegado alguien para que Aimé desempolve sus instintos de maestra y le ayude a buscar: “aquí me he dado cuenta del mundo tan amplio que hay en cada usuario, y ello, en parte, se lo debo al proyecto Biblioteca Pública y Comunidad”.

“El proyecto -dice con ese brillo en los ojos que solo se ve cuando un niño aprende- nos ha ayudado mucho como personas y profesionales. Cuando comenzamos a trabajar juntos hace meses, mi perspectiva era muy diferente. Me doy cuenta ahora cuando miro atrás y reconozco cuánto he aprendido”.

“El trabajo que realizamos con la comunidad es tremendo. Tenemos vínculo con las escuelas de la zona, y los estudiantes vienen aquí con la maestra; hacemos concursos para los estudiantes de secundaria básica; atendemos a la Cátedra del Adulto Mayor, y ayudamos a los abuelos a hacer trabajos investigativos”.

Lo más importante es el usuario. Tenemos la necesidad y el deber de ayudar a las personas, y siempre tratamos de hacerlo al máximo. Cuando no tenemos alguna bibliografía, intentamos localizarla donde sea, para que sepan que nosotros siempre estamos aquí. Lo que nos interesa es eso, que el usuario se sienta complacido y que logre su objetivo. El nuestro es ayudar a las personas y difundir nuestra cultura”.

Dando alas…

bibliotecas-estudiantes-secundaria-1-580x435

A pesar de que las bibliotecas públicas cubanas, específicamente las bibliotecas municipales de La Habana, realizan acciones significativas para las comunidades de las que también forman parte, estas no son suficientes, no suelen incluir ni advertir a todos sus grupos sociales y no se realizan con una mirada pertinente, estratégica ni sistémica.

Con el objetivo de cambiar esta realidad, redimensionar los servicios de información de las bibliotecas públicas, así como los imaginarios sociales acerca de los roles del bibliotecario, surge el proyecto Biblioteca Pública y Comunidad, proveniente de la Facultad de Comunicación (FCOM) de la Universidad de la Habana.

El proyecto se ha insertado en los municipios Cerro, Plaza de la Revolución, Diez de Octubre y La Lisa. La cantidad de centros de información que se ubican en estos lugares están en la media. Incluso, las bibliotecas públicas ocupan el segundo puesto. No obstante, la mayoría de los bibliotecarios de estos municipios que fueron entrevistados, aseguran que una gran parte de la población desconoce los servicios que se brindan en las bibliotecas, y por esta razón, permanecen vacías la mayor parte del tiempo.

“Un aspecto interesante del proyecto es que apuesta por la vinculación e incorporación de estudiantes y profesores de otras carreras de la Facultad de Comunicación y la Universidad de La Habana en general”, explicó María Karla Cárdenas Berrio, quien es co-coordinadora de Biblioteca Pública y Comunidad.

Cárdenas Berrios, quien es además Máster en Ciencias de la Comunicación, añadió que el proyecto busca un cambio de mentalidad por parte de la ciudadanía hacia el papel que juegan las bibliotecas públicas en las comunidades, así como el rol tan importante que tienen los bibliotecarios.

Aimé se para en la puerta de la biblioteca. Mira un rato a su oasis personal, como lo llama, y afirma con una sonrisa: “Llevo aquí nueve años, y de aquí me tienen que botar”.

Camina hacia uno de los estantes. Ayuda a un niño que le pregunta por La Edad de Oro: “La bibliotecología es lo mejor que me ha podido pasar”, dice mientras coge un libro del estante, ya nunca más una tiza.

( Tomado de Cubadebate )

About admin

No information is provided by the author.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>