Preguntas Frecuentes...

El Esperanto es una lengua artificial.
Por supuesto. No fue hallado en el fondo de una mina, en el lecho de un río, ni es fruto de un árbol. Es artificial, al igual que los demás idiomas. Igual que la televisión, los satélites artificiales o los automóviles.
Si por «artificial» se entiende el idioma que no ha sido aprendido en el hogar, con los padres, por un procedimiento «natural», surgido de necesidades reales de comunicación en el entorno familiar, habría que clasificar como «artificial» a todos los idiomas no autóctonos, como el inglés, francés, alemán, etc., que nos son enseñados en la institución artificial por excelencia, que se llama escuela.

Hoy en día se tiene cierto rechazo por lo «artificial», pero es porque se ignora que esa palabra procede del verbo «hacer», que en latín se decía «facio», y del sustantivo «arte», que en latín se decía «ars» y que en realidad quería decir «habilidad, capacidad». Y el Esperanto es un idioma hecho con habilidad y eficacia tal que se puede expresar cualquier pensamiento con una claridad y exactitud ausentes de las lenguas «que son solo naturales».

Por otra parte, desde que los niños entran en la escuela se les contraría continuamente en su tendencia a la asimilación generalizadora —tendencia natural en todo el mundo, acorde con el pensamiento humano—, y en honor de una tradición absurda —la lengua de nuestros mayores— que está reñida con la comunicación. Se les obliga a decir «anduve» en lugar de «andé», «hecho» en lugar de «hacido» y un horrible cúmulo de irregularidades arbitrarias sin justificación comunicativa ni —posiblemente— lingüística, sino sólo histórica. Esto ocurre en todos los idiomas occidentales, excepto en el Esperanto, que —por seguir esta natural tendencia a la asimilación generalizadora— no solo es más fácil de aprender, sino que cuando se ha hablado durante años cala en lo más hondo de nuestra mente y el problema que se puede presentar a una persona normal es cómo decir en su idioma natal lo que está pensando en Esperanto…