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Carlos Manuel de Céspedes y la vida cultural de Manzanillo.


Artículo que aborda facetas culturales de Carlos Manuel de Céspedes en el ámbito manzanillero durante los 16 años que vivió en la ciudad.

En julio de 1852 Céspedes fue obligado a marchar a la villa de Manzanillo y mantenerse en ella hasta que las autoridades se acordaran. Hombre sociable y honrado, muy pronto se insertó en la sociedad costeña, siendo recibido como un hijo más.

En 1856 se vincula defintivamente al círculo de la Sociedad Filarmónica, presidida por el abogado José Ramírez Vila y en cuya junta estaban José Caymari, Pablo Feliú y Bartolomé Bolit. Por una u otra razón la sociedad iba perdiendo concurrencia con el natural disgusto de todos. Una de las causas de la decadencia era el estrecho límite de los artículos que sirvieron de base a la institución. Por eso en una junta se eligió a Céspedes, Juan Butter y Joaquín Muñoz para reformar el reglamento, introduciendo los necesarios cambios progresistas al documento.

Con prontitud y seriedad redactaron el proyecto en base a 32 artículos. Resulta una pena no contar con el mismo a pesar de su ardua búsqueda. Los únicos artículos que se saben con propiedad son el 31, mediante el cual creaba una biblioteca para que los miembros pudieran tener buenos libros al alcance de sus manos, y el 32 que establecía una sección de Declamación.(1)

Aunque la isla vivía un período de cierta tranquilidad política, las autoridades coloniales no bajaban la guardia en la vigilancia de los conocidos desafectos, entre ellos el liberal abogado bayamés. Por eso no ha de extrañase que después de examinado el reglamento de la Sociedad Filarmónica por el Gobernador de Oriente, esta autoridad señalara la conveniencia de contemplar algunas medidas cautelares en los términos siguientes: "[?] y será siempre en cualquier caso obligación de la Junta Directiva cuidar mancomunadamente e individualmente de que en la Sociedad no se lean periódicos, folletos, libros ni ningún otro escrito que tienda a subvertir el orden público y ofender la religión y buena moral."(2)

En otra junta de los directivos de la institución criolla, Céspedes fue seleccionado para formar parte de la comisión encargada de captar a hombres de luces y bienes para integrar la sociedad cultural. Poco después quedó instalada la Sección de Declamación, siendo presidida por Céspedes, y en la junta del 1ro de julio de 1856 resultó electo Director de Escena, encargado de las funciones dramáticas y redactar el reglamento especial de la nueva esfera.(3)

La labor de Céspedes en Manzanillo resultaba esencial, poniendo en función de ella todo su talento creativo y cubanísimo. Su nombre rebosaba cariño y reputación. No dejaba de escribir artículos y poesías con destino a los periódicos del país. Su misma casa era el centro suscriptor del periódico santiaguero Seminario Cubano.(4) En este órgano de prensa público infinidad de poesías, entre ellas se ha encontrado la titulada «Adiós». Por su parte, en El Redactor, también publicado en la capital de Oriente, sacó a luz fragmentos de su traducción de Milton.

En 1852 comienzan en la ciudad los empeños para erigir un teatro. Las acciones de un valor de 50 pesos tuvieron que votarse a medida que la hermosa obra crecía. En marzo de 1856 José Ramírez, auxiliado por otros cuatros miembros de la Sociedad Filarmónica, preparó el reglamento del coliseo local. Sin embargo, el gobierno de Oriente encontró a bien realizarle al documento un grupo de modificaciones. Por eso, el 6 de septiembre José Ramírez, Céspedes y Jesús Mariño Botello recibieron la encomienda de hacerle un concienzudo análisis y los cambios necesarios para lograr su definitiva aprobación por las autoridades coloniales.

A la par de estos hechos, Céspedes venía trabajando con ahínco en la preparación del debut del teatro. En julio de 1856 trasuntó de su puño y letra la comedia en cuatro actos «El arte de hacer fortuna», del dramaturgo español Tomás Rodríguez y Díaz Rubí. Los ensayos eran sistemáticos, unas veces en la Sociedad Filarmónica y otras veces en la casa de Carlos Manuel. Desde el primer momento los artistas aficionados dieron pruebas fehacientes de su esfuerzo por llenar bien su cometido. Antes del estreno realizaron dieciséis ensayos, prueba de la apasionada constancia que pusieron en la perfección de la actividad.

El público de Manzanillo esperaba con verdadera ansiedad la apertura del teatro, siendo escogida la noche del domingo 14 de septiembre de 1856. Desde las primeras horas el edificio mostraba un golpe de vista sorprendente y animado, pues desde temprano comenzó a llenarse de una selecta concurrencia. El decorado del escenario estuvo a cargo de Eduardo Núñez y la animación a cargo de la orquesta local de Félix Barona.

A las ocho de la noche, exactamente, fue levantado el telón. Empezó el primer acto de «El arte de hacer fortuna» interrumpido por los emocionados aplausos del público. En el segundo acto entró en escena el propio Céspedes encarnando el personaje de Don Facundo Torrente, inteligente y liberal. En opinión de un cronista, con el seudónimo de Armiño, en su desempeño histriónico "[...] no dejó nada que desear por la maestría y particulares facultades que ostentó en la ejecución, siendo por consiguiente interrumpido a cada instante, y desde que entró en escena, por los merecidos aplausos que le tributó la multitud ilustrada que le espectaba."(5)

El público cerró la comedia con un prolongado aplauso, con todos los actores en el escenario, sonrientes y saludando a todos con animación. Después de un corto intervalo siguió la piecesita «Lances de Carnaval», cuyo autor se desconoce. Según el corresponsal Armiño esta segunda obra estuvo bastante animada porque mostraba "el aspecto de un verdadero baile de mascaras".(6)

El cronista citado cierra su trabajo con palabras hermosas para los protagonistas de bello espectáculo cultural:

Digno de todo elogio y acreedor a la gratitud pública son las señoritas, jóvenes y caballeros que consagraron sus esfuerzos a la realización del drama y la piecesita descritos: dignos, repetimos, porque en todos obró completa abnegación e idea de patriotismo, doblemente meritoria, porque la mayor parte de esos mismos jóvenes no han visto más teatro que el mismo en que han trabajado [?](7)

Obviamente, la puesta en escena de estas obras constituyó un éxito rotundo, impactante, trascendiendo el ámbito local. Del mismo no sólo se hizo eco El Redactor, publicando la crónica de Armiño, sino también La Regeneración de Bayamo y El Fanal de Camagüey. Los medios ponderaron la laboriosidad, el tino y el tacto de cada uno de los actores y la acertada dirección de Céspedes y su extraordinaria cualidad histriónica.

De esta manera el Teatro Manzanillo, que llevó el nombre de la ciudad que lo prohijó, inició una rica y larga historia en la vida cultural de la ciudad. Por sus tablas desfilaron compañías y artistas nacionales y extranjeros. Es presumible que este mismo grupo de actores, con Céspedes al frente, siguió deleitando a sus coterráneos con el drama «Su amor o la muerte» y la comedia «Un bobo del día». A ellas continuó, el martes 18 de noviembre, la comedia «Las huérfanas de Bruselas».

Lamentablemente no se han podido localizar las demás actas de la Sociedad Filarmónica las que, sin lugar a dudas, aportarían nuevos elementos acerca de la labor teatral de Céspedes, incluso como dramaturgo, porque en la tradición ha quedado que él montó gran cantidad de obras, incluso algunas de su propia creación.(8)

Cuando no estaba en escena disfrutaba las propuestas desde el público. Hombre de recursos y espectador asiduo, estaba abonado a uno de los elegantes palcos del flamante y recién inaugurado coliseo.

El cuadro de vida manzanillera por estos tiempos, Céspedes lo presentaba de la manera siguiente:

Manzanillo a la vez dormitaba en la indolencia y aunque joven y entusiasta, se resbalaba por la suave pendiente de la rutina, la desidia y la indiferencia. Despertó sobresaltado al ruido que desde la populosa Habana se sentía venir por sobre las olas, y estimulado por su activo y celoso Sr. Teniente Gobernador, hoy se están llevando a cabo obras que un año atrás ni se hubiera siquiera imaginado. A la vez que estamos construyendo un hermoso cementerio, hemos contribuido con ardor a la suscripción del ferrocarril que debe unirnos con Bayamo, hemos planteado por nosotros mismos un establecimiento de créditos, y ya deseamos que se concluya el expediente promovido para la formación de la Plaza de Armas, el Mercado y el Parque contiguos a fin de presentarles todo apoyo, y que en adelante no avergüencen a Manzanillo los ojos del viajero que recorra el abandonado local que se destina a estos sitios de comodidad y recreo [?](9)

Asimismo, Céspedes hablaba de la necesidad de un acueducto para solucionar el problema crítico del agua de sus pobladores, dragar el río Cauto y establecer un puerto en Cauto Embarcadero, como en tiempos remotos, para que diera vida a la ciudad de Bayamo. Movido por sus grandes inquietudes culturales, no dejaba de asistir a las fiestas tradicionales de Yara, Veguitas, Bayamo, Jiguaní, Guisa y El Dátil, donde a los habitantes les era grato conocerlo. No deja de escribir versos para los periódicos El Redactor, El Orden y Semanario Cubano de Santiago de Cuba; El Boletín de Bayamo, con una segunda época en 1856 a cargo de Francisco Murtra y desde 1857 trasmutado en La Regeneración fundado por los hermanos Perucho y Bernardo Figueredo y Juan Bautista Mendieta.(10)

En El Redactor publicó una serie de artículos sobre ajedrez, esencialmente la traducción y la adaptación de la obra Du Jeu des Echecs (El juego de ajedrez), del conocido maestro francés Luis de Mahí La Bourdonnais. La finalidad era que el público disfrutara de una serie de consideraciones teóricas sobre el atractivo juego. El anuncio del periódico en la sección Folletín exaltó a Céspedes:

Para entrar nosotros y para que nada falte a la moda publicamos en este lugar los artículos que se han remitido sobre este juego. El autor de ellos es un conocido jaqueador y la materia se halla tratada en ellos con el interés y el juicio que el ajedrez necesita. Su publicación contribuirá más que nada a despertar el entusiasmo que por él se nota y generalizarlo como quisiéramos.(11)

De este modo Céspedes fue el iniciador de la publicación de temas de ajedrez en la prensa cubana. Es un craso error decir que ese mérito correspondió al español Juan Martínez, porque su sección de ajedrez en el periódico habanero El Moro Muza fue a partir de 1860.(12)

Al tiempo que participaban en la promoción de actividades económicas y sociales, Céspedes y otros ilustrados de Manzanillo vieron la necesidad de contar con periódicos, como una pujante antorcha de civilización. Gracias a la introducción de la imprenta en Manzanillo por el trinitario Francisco Murtra, el domingo 19 de julio de 1857 salió a la luz el pequeño periódico El Eco de Manzanillo. Desplegado a una sola hoja, estaba diseñado como bisemanario, apareciendo los domingos y jueves. Llevaba la indicación de "hoja oficial, económica y mercantil", aunque en sus páginas salieron trabajos científicos y literarios.

En la Sección Poesía del número inicial apareció el soneto de Céspedes «Desencanto», donde traza un cuadro de la existencia humana, sujeta a un destino ciego y caprichoso, que distribuye los bienes y los males:

Hijo del amor, del goce y la sonrisa
nael hombre a la fe y la esperanza,
y por el mundo frívolo se lanza,
y cree que alfombra de claveles pisa.

A sus pies los abismos no divisa
ni la tormenta oculta en la bonanza:
solo siente placer y bienanzas,
respira solo amor, juegos y risas.

Mas, ¡ay que pasan los fugaces años
y huyen los sueños de zafir y rosa:
hieren su corazón los desengaños,

Ve la verdad desnuda y horrorosa,
y es dichoso, si al fin de su existencia,
le acompaña al sepulcro una creencia!(13)

En los números 2 y 3 publicó el artículo "Acueducto", buscando dotar a Manzanillo de un permanente y seguro abasto de agua. En el escrito arrancó del peligro que entraña para todo progreso el que los pueblos desconozcan y no ejecuten sus fuerzas materiales y morales, y se sientan incapaces de realizar grandes obras, como consecuencia de la consunción. En opinión de Céspedes solo se salen de ella cuando deben satisfacer necesidades y saciar una pasión. Gracias a estos móviles los pueblos logran transformaciones importantes, descubriendo entonces la energía de empuje y la convicción de que nada es imposible. Profundizando en la nueva cualidad, señaló que aparecen arranques felices que eran desconocidos, el alma se engrandece y se escamotea la oscuridad y la molicie.

El articulista puso en claro las condiciones de Manzanillo para emprender obras grandes en todos los campos. Recalcando la necesidad de enfocar objetivamente los proyectos en marcha, estableció:

Sin embargo, es fuerza confesar que apenas hemos dado algunos pasos en la brillante carrera que nos está abierta. Manzanillo posee inmensos recursos y en su fértil seno se oculta todavía el germen de grandes empresas, cuyo desarrollo producirá en el devenir riquezas incalculables. No hemos hecho más que poner la mano en el resorte y ya resaltan por donde quiera los secretos cobijados por la ignorancia y la pereza, y ya se entrevé el alcance que tendrán las fuerzas desplegadas de una población naciente y poderosa. En presencia de lo que se ha hecho el observador saca sus deducciones y el hombre de ejecución se siente más animoso y emprendedor. Así se irá subiendo gradualmente la ancha cuesta empinada escala que se eleva a nuestra vista y nos enlaza con la inmortalidad.(14)

El objetivo de Céspedes en la larga y precisa introducción fue poner sobre el tapete todos aquellos factores que paralizaban la actividad humana creadora y señalar las grandes reservas materiales y morales en el pueblo. Con agudeza inculca el espíritu creador, batallador, en sus coterráneos. Explícitamente condenó al régimen colonial que mantenía al pueblo en la ignorancia y no propiciaba el desarrollo del talento.

Céspedes era un ferviente defensor de la de la historia de su pueblo, de su tradición patriótica, aspectos que llenan todos sus escritos. En una crónica publicada en junio de 1852 manifestó que uno de sus mayores placeres era visitar los lugares de célebres acontecimientos históricos. A la vista del terreno y con el episodio en la mano combinaba en su genio "las más extrañas ilusiones", al punto de figurarse estar presenciando aquellas escenas del pasado. En tal sentido enfatizó: "Todo cobra para mi una nueva vida, y aún creo que se aparecen las sombras de los que ya no existen."(15)

No sólo le causaba placer los sitios que visitaba, sino que en determinados momentos asumió el oficio de historiador. En cada uno de sus múltiples artículos, crónicas y discursos acudía al principio historicista que le brindaba la posibilidad de recrear los hechos y sucesos y abordarlos con conocimiento de causa. Por otro lado, muestra la elegancia de su estilo, en todo momento sencillo, ameno y elegante.

Un aporte a las historias regionales, como una manera de satisfacer los reclamos de las patrias locales criollas fue su trabajo sobre el ataque corsario a Manzanillo, ocurrido en octubre de 1819, publicado en El Eco de Manzanillo, en octubre de 1857. En el mismo resaltaba el valor con que los habitantes de la villa costeña rechazaron el ataque, enfatizando en su heroicidad innata. Obviamente, este artículo tenía como objetivo "incentivar sutilmente el espíritu combativo de los manzanilleros y sus posibilidades autosuficientes."(16)

Este propósito lo llevó a hacer referencias a hechos históricos, como la captura del obispo Altamirano en la rada de Manzanillo por el corsario francés Girón en abril de 1604 y las agresiones corsarias francesas en la última década del siglo XVIII en las costas sur de Bayamo. En cada uno de estos enfrentamientos los habitantes del Cauto dieron prueba de su gallardía, de su unión y de su entereza patriótica. En el último párrafo del citado artículo dejaba claro su amplio dominio del tema:

Los estrechos límites del periódico no permite seguir bosquejando, y menos comentar estos gloriosos recuerdos de historia; basta la ligera reseña que he dado, para conservar ardiente en el pecho de los descendientes de aquellos bravos, el amor de su patria, de su gobierno, religión y leyes y defenderlos a todo trance contra cualquiera que intente arrebatarle tan preciados objetos.(17)

Este hecho no sólo motivó la celebración de una fiesta tradicional en Manzanillo dedicada al valor y gallardía de sus habitantes, sino de sentimientos de apego a la localidad. Evidentemente, Céspedes no aludía en este trabajo a la patria española, sino a la patria chica, o sea Manzanillo. No hay dudas de que el bayamés recurría a estos sentimientos de apego al terruño para un objetivo mucho más elevado: encender la chispa que crearía la nación cubana a parir de la lucha armada por la independencia.

El domingo 1ro de noviembre de 1857 El Eco de Manzanillo salió con un nuevo formato, desplegado a cuatro páginas. En la primera apareció un extenso artículo de Céspedes, sin título, que siguió en la última, dedicado a abordar la cuestión de la ampliación de bisemanario y ponderar la grata acogida del público lector a este suceso. En tal sentido indicaba:

No hay dudas: el periodismo bien entendido es uno de los elementos más poderosos de civilización y engrandecimiento de las naciones. Sus detractores han querido pintarlo con negros colores; mas el buen sentido general ha triunfado de sus sofismas. A sus diatribas han contestado los inmensos beneficios que el globo entero ha ido sacando de esas publicaciones enciclopédicas diarias, donde por sus fechas se van registrando los acontecimientos más minuciosos, así como las naciones más avanzadas en poder e ilustración, como de las tribus más remotas y salvajes, los grandes descubrimientos de las ciencias en el siglo en que el entendimiento humano parece que va a arrancarle todos los secretos a la naturaleza, las vastas operaciones que el movimiento comercial realiza en los principales e ínfimos mercados de la tierra, sobre las producciones peculiares de cada uno de ellos, las impenetrables combinaciones de los célebres políticos de la época en que aventuran a cada momento el destino de los pueblos, las altas y pacíficas concepciones de los eminentes literatos que en todos los idiomas, en todos los ramos, se esfuerzan en contribuir a la dicha y el solaz del género humano; en fin, todo cuanto se mueve, tiene vida, pasa o se imagina bajo el sol, en la superficie del hermoso planeta que habitamos.(18)

Llevando a terrenos más prácticos la utilidad de la prensa diaria, Céspedes abordó la importancia decisiva de la misma en el fomento de las riquezas materiales e intelectuales de los pueblos, concretamente en el despertar de una villa como Manzanillo, abocada a grandes proyectos de bienestar económico, social y cultural.

La educación de sus niños, las costumbres públicas y privadas, la sociabilidad y unión de las familias mejorarán mucho, cuando se aproveche un órgano de comunicación por medio del cual podrá cada uno generalizar sus ideas en beneficio común. Los productos de nuestro mercado y los frutos de nuestras fincas serán conocidos y apreciados no sólo por nosotros mismos sino por el resto de los habitantes de la Isla y aún de otros climas más apartados. Las necesidades, las aspiraciones del individuo tendrán un medio breve y fácil de comunicarse con los otros, y de aquí saldrá un cambio de ideas y de propiedades que a todos será útil y que hoy se dificulta todavía, porque no está aún contraída y arraigada la costumbre de los comunicados y anuncios, sencilla operación que aplican los extranjeros y que en todos los géneros les rinden pingues ganancias.(19)

Los artículos de Céspedes eran recibidos con mucho entusiasmo por los manzanilleros, en especial por los hombres ilustrados y la juventud que se formaba bajo su dirección. Puede decirse que en cada trabajo aparecían las ideas nuevas, luminosas, de un programa de acción amplio y profundo. En la misma edición del 1ro de noviembre, en la sección Oferta Preciosa, decía:

Participamos a nuestros suscriptores con el mayor placer que hemos logrado de la amabilidad de nuestro querido amigo y colaborador Sr. Ldo Carlos Manuel de Céspedes, que no obstante sus vastas y grandes ocupaciones forenses, nos favorezca sin estipendio alguno, con un artículo de fondo para la mayor parte de los números que publiquemos de aquí en adelante dando principio con el que tenemos el gusto de insertar hoy; por cuya atención le tributamos las más expresivas gracias, y creemos que igualmente nuestros suscriptores en lo que vale semejante generosidad, que ceden en beneficio exclusivo de ellos mismos. (20)

En marzo de 1858 dejó de publicarse El Eco de Manzanillo con la partida de Francisco Murtra, director y tipógrafo, de la significativa empresa. Dejó en todos infinitos agradecimientos y el secreto de un arma poderosa para la ilustración y el progreso. Esta arma Céspedes supo aprovecharla muy bien, porque a través de la prensa promovió varias medidas apuntadas a la transformación de la sociedad: construcción de escuelas, talleres laborales, el trabajo asalariado, la inversión de capitales, amplia explotación agraria y empleo de los medios técnicos y científicos en el desarrollo de la agricultura y la industria.

Tras la extinción de El Eco..., el camagüeyano Rafael García Álvarez creó La Antorcha, apareciendo su primer número en agosto de 1858. En este órgano Céspedes sentó plaza como redactor, junto a José Joaquín Palma, Eligio Izaguirre, Rafael Caymari, Rafael María Merchán y Miguel García Pavón, entre otros. Este rotativo tuvo la primera mujer tipógrafa en Cuba, la joven Domitila García, hija del dueño.

Respecto a nombre tan llamativo ella manifestaría: "La antorcha es nombre sintético de las doctrinas que sustentaban su fundador y redactores."(21) Esto habla de la actitud liberal que sus miembros le imprimieron a las páginas proponiendo los cambios que necesitaba el entorno de Manzanillo. Los lectores podían disfrutarlo los martes, viernes y domingo.

Para el análisis de la política editorial solo han aparecido algunos números. Ellos permiten afirmar que estuvo dirigida a la lucha por la ilustración y el progreso de la región al insertar trabajos sobre agricultura, comercio, educación y temas literarios, esencialmente poesías.

En La Antorcha, Céspedes continuó desarrollando sus excelentes condiciones de redactor comprometido con los intereses del pueblo. En sus trabajos presentaba a la comarca con buenas perspectivas agrícolas e industriales y una envidiable área para inversiones.

Su fuerza creadora, su sensibilidad, lo condujeron en 1858 a los campos poéticos más variados, con una coherente línea de pensamiento: la experiencia de la desarmonía humana y divina, el conflicto con su tiempo y la búsqueda de un orden más justo y humano.

Así, sus ansias de grandezas las demostró en el inspirado poema «Milton», aparecido en El Redactor, donde canta a la fabulosa obra del escritor Jonh Milton recreando un mundo divino e irracional. Céspedes busca las "gloriosas obras" del Supremo Creador, la armonía de todas las cosas, para luego descender a la infelicidad de los hombres. Uno de los momentos cruciales es cuando pregunta:

¿Podrá la humana, frágil, pobre ciencia
Explicamos tu nombre misterioso,
Cuando invisible en tu dosel te sientas
Y en tus obras apenas te presentas? (22)

Céspedes no era ajeno a la confluencia de lo místico y lo popular, dos expresiones propias de la invención popular. De modo que podía dialogar con los ángeles, los astros, el aire y las nieblas, por lo que, con sagaz mirada, postulaba la armonía universal.

Los días manzanilleros de fines de la década de 1850 apremiado por los problemas materiales, la crisis económica y financiera, la familia y los amigos que redimían de tantas angustias el diario vivir, dejaron en Céspedes huellas indelebles. En El Redactor continuaron apareciendo sus producciones poéticas, entre ellas «El sueño de la mañana».

En el poema «A Don Domingo Ruiz de la Vega», dedicado al anciano poeta ante la perdida de su pequeña hija Conchita, muestra una inmensa compasión. Hondamente conmovido pidió al padre que llorara su bien y después exteriorizó:

A tu dolor sincero conmovidos
Se alzan gimiendo los cubanos pechos;
Cuba al que llora siempre dio derechos
A su santa piedad.

Y si de un pueblo, virgen y sensible,
La suave compasión te fue consuelo,
Gozarás presto en tu profundo duelo
Dulce tranquilidad.

Yo, que tu nombre repetir oía
Allá, en los ecos de la fama inquieto,
Hoy que te miro férvido poeta,
Te quiero consolar. (23)

Un bellísimo ejemplo de amistad, en una voz que nos llega trémula y húmeda, con su sentimiento de hermandad de todo un pueblo ante un hombre magnánimo.

En octubre de 1860 realizó el prologo al libro de Ursula Céspedes de Escanaverino, Ecos de la Selva, donde hizo un concienzudo balance de la producción literaria cubana y señaló sus limitaciones para empeño mayores, entre ellos el desarrollo de las disciplinas científicas. Pero en la segunda parte del escrito acometió el estudio crítico de los poemas de Ursula, a la que bautizó como la «Calandria Bayamesa».

De la producción de su coterránea diría que se inscribe dentro de las poetisas cubanas, apareciendo obras suyas en la colecciones Cuba poética y Galería de retratos de poetas cubanos, al lado de la Avellaneda y Luisa Pérez, entre otras. Y acerca del estilo de la lejana pariente apuntó:

El que pretenda hallar en el adjunto tomo grandes conocimientos, rasgos de una instrucción desmedida, belleza de arte, en fin, que le cierre desde luego, pues no podrá satisfacer su anhelo: el que busque en él los delirios de un alma apasionada y tierna, el amor, la amistad, el patriotismo, todos los sentimientos nobles, todas las virtudes heroicas, expresada en versos armoniosos, léale desde el principio al fin [?](24)

No hay dudas de que el crítico se sintió atrapado por esta sencilla y a veces ingenua composición que habla de tantas buenas virtudes sociales y mira con ojos agradecidos a la naturaleza. Por eso delimita con sumo placer: "Ursula no es la poetisa del arte que canta con la cítara en la mano: es la poetisa de la naturaleza que canta como las aves y que suspira como los céfiros: en sus composiciones la cabeza es poca cosa y el corazón es todo."(25)

El domingo 4 de abril de 1864 Bartolomé Masó fundó el periódico El Comercio en Manzanillo, en cuyas páginas no faltaron las contribuciones del abogado bayamés. Poco después, presumiblemente, en el mes de junio, Céspedes fundó su propio periódico, el que llevaba el atrayente nombre de La Aurora. Era una empresa en conjunto con Lucas del Castillo.(26) Este constituía el cuarto exponente de la prensa escrita en Manzanillo, del cual no se ha encontrado hasta el momento ningún ejemplar.

Presumiblemente, por estos tiempos escribió el estremecedor poema «Simpatías». A los ecos de la amistad, lleno de amor a la solidaridad humana y a la amistad entre todos los hombres sin importar razas ni escalones sociales. Veía la amistad como una decisiva sostenedora de virtudes y señaló en precioso verso: "Sin ti es inútil el talento y la gracia."(27)

En opinión de Céspedes la simpatía es una buena garantía para la unión de los pueblos. Por eso exteriorizó en magníficos versos:

Tú despiertas del sueño de la muerte
los sabios, paladines y princesas,
y en si dicha o desdichada suerte
con extraño fervor nos interesa;
¡Oh, infeliz quien no llega a conocerte
al escuchar las célebres empresas
del griego, persa o macedonio fiero
o los cantos de Pindaro y Homero! (28)

En un breve recuento de su vida expresó que llevaba una vida infeliz desde la cuna, pues había tenido escasos favores de la fortuna. En aquellos momentos estaba de "amarguras rodeado" y era blanco de "negras aflicciones". Confesó que encontraba calma en las "dulcidas canciones" que llegaban de otras partes, con un claro mensaje de constancia, benevolencia, fraternidad, memoria e inteligencia. De esta manera Céspedes, una vez más, dejaba una clara visión realista de sus empeños libertarios y la falta de madurez de los cubanos para enfrentarse valientemente a los enemigos de la libertad y el progreso. Las preguntas lo martillaban:

¿Cómo pudiera, en apartados climas,
a otros hombres llamarles mis hermanos,
y a pesar de anchos mares y altas cimas
tenderles ya las amistosas manos,
y ya sentir sus armoniosas rimas
por los bosques vagar americanos,
a la sombra del cedro, en el pendiente,
y al blanco murmurar de la corriente? (29)

No hay dudas, la ardua actividad intelectual y social desplegada por Céspedes en el oriente cubano, de manera especial en la ciudad de Manzanillo, atraía la atención no solo de las autoridades coloniales, sino también de los hombres más progresistas de la región. En l861, como premio a sus esfuerzos, los directivos de Sociedad Económica Amigos del País de Santiago de Cuba lo acogieron en su seno como socio corresponsal y en octubre de 1866, este mismo organismo le nombró socio honorario.(30)

Pero en esta década convulsa no solo aumentaba la distinción social y de promotor de las artes y las industrias de Carlos Manuel de Céspedes. A la par era visto por una cantera amplia de parientes y amigos como el acendrado patriota, el cabal revolucionario y el indiscutido líder para la necesaria epopeya independentista cubana. Hombre emprendedor aceptó los retos de su tiempo con su ejemplar y magnífico grito redentor en Demajagua el 10 de octubre de l868. De esta manera se empinó hacia el futuro como el Iniciador y el Padre de la Patria.

Citas y Notas.

1.-Archivo Histórico de Manzanillo (AHM). Carpeta 195. Libro de actas de la Sociedad Filarmónica de Manzanillo, f-15.
2.-Ibid., f-16.
3.-Idem.
4.-José G. Ricardo: La imprenta en Cuba. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1989, p. 75.
5.-Periódico El Redactor, Santiago de Cuba, 8 de octubre de 1856, p. 2.
6.-Idem.
7.-Idem.
8.-Enrique Veliz: ?Presencia, influjo y reflujo de Carlos Manuel de Céspedes en las primicias de la historia cultural de Manzanillo?, En: boletín Litoral, UNEAC, Manzanillo, 1(9), abril de 1991, p. 5.
9.-Periódico El Eco de Manzanillo, Manzanillo, 23 de julio de1857, p. 2.
10.-Archivo ANC. Fondo: Gobierno Superior Civil. Leg. 670, no. 21566.
11.-Carlos Manuel de Céspedes. Escritos (compilación de Hortensia Pichardo y Fernando Portuondo). Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1982, t.1, pp. 448-457.
12.-Carlos A. Palacios: ?Publicaciones cubanas de ajedrez?, en: revista Jaque Mate, La Habana, septiembre-octubre de 1875, pp. 40-41.
13.-El Eco de Manzanillo, 19 de julio de 1857, p. 2.
14.-El Eco de Manzanillo, 23 de julio de1857, p. 2.
15.-Carlos Manuel de Céspedes: Escritos, ed. cit., t. 1, p.445.
16.-Olga Portuondo: "Manzanillo: su origen y desarrollo (II)", en: revista Santiago, n. 52, diciembre de 1983, Universidad de Oriente, Santiago de Cuba, p. 150.
17.-El Eco de Manzanillo, 4 de octubre de 1857, p. 2.
18.-El Eco de Manzanillo, 1 de noviembre de 1857, p.3
19.-Idem.
20.-Idem.
21.-Domitila García Granado. Álbum poético fotográfico de escritoras y poetisas cubanas. Imprenta El Fígaro, La Habana, 1928, p. 67.
22.-El Redactor, martes 12 de enero de 1858.
23.-Carlos Manuel de Céspedes. Escritos, ed. cit., t.1, p.433.
24.-Ibib, t.1, pp. 462-463.
25.-Ibid, t.1, p. 463.
26.-Enrique Veliz: ob cit., p.4.
27.-Carlos Manuel de Céspedes. Escritos, t.1, p. 422.
28.-Idem.
29.-Ibid, t.1, p. 423.
30.-Archivo Histórico Provincial de Santiago de Cuba (AHPSC). Fondo: Gobierno Provincial, leg. 2372, no. 9.

Fuente: Enciclopedia de cCarlos Manuel de Céspedes, Casa Natal de Carlos Manuel de Céspedes, Bayamo, Cuba.


Tomado de: Enciclopedia Manzanillo
Publicado: viernes 05 de septiembre del 2014.
Última modificación: martes 28 de octubre del 2014.