Cinco Palmas.

Nombre del sitio histórico: Cinco Palmas.
Categoría propuesta: Sitio Histórico (Monumento Nacional).
Provincia: Granma.
Municipio: Media Luna.

Dirección del sitio: no se ajusta.
Localización geográfica por coordenadas planas cartas del ICGC. Esc. 1.5000: hoja No 4775-VI-B, X-450, 950, Y-148,900.
Otros elementos de localización: Superficie a proteger en m2 : 1.3 Km2
Delimitación de monumento. Esc. 1. 1000 o mapas 1. 50000:
Descripción actual del sitio: 
Estado de conservación: bueno.
Propiedad: estatal. Propietario: Consejo Estado. 
Uso del suelo: finca del Consejo de Estado, se utiliza  como cafetalera. La caña y el café se atienden y se usan como de costumbre.
Propuesta de uso si se tiene: no
Descripción exhaustiva de la valoración de los hechos históricos y/o personalidades asociadas al sitio:
Un grupo de cinco guerrilleros, armados pero muy deteriorados físicamente, llegan a una vaquería. Es de madrugada, hay frío, mucho frío. Juan Rodríguez (Juan el Sordo) y un compañero de faena (Papi Güirilla) ordeñan sentados en rústicos banquitos, el cubo entre las piernas, las manos presionando la ubre de la vaca, un pañito al hombro. Es el martes 18 de diciembre de 1956. Raúl Castro, Ciro Redondo, René Rodríguez, Efigenio Ameijeiras y Armando Rodríguez se percatan de que han sido confundidos con guardias rurales, siguen fingiendo, y entre trago y trago se beben tres galones de leche cruda y acabada de salir del cubo de los ordeñadores. Raúl, además, llena su cantimplora. Han sido muchas y muy graves las vicisitudes pasadas desde la dispersión de Alegría de Pío. En principio, los aviones de la tiranía con su carga de bombas,  metralla y muerte; entonces el grupo era de seis expedicionarios. No sabían cómo le había ido a Fidel y al resto de la tropa. El jueves 6 de diciembre solo tienen una papa cruda como comida. Las cañas suplen la función del agua y los alimentos.

Juan el Sordo no es un hombre viejo pero la dura vida del campo siempre deja sus huellas. Está acostumbrado a madrugar y no le hace mella el frío, tampoco la mala noche. El y su compañero son hombres curtidos por el duro trabajo campesino.

La debilidad venía desde hace días acompañando a los guerrilleros, junto al hambre, la sed y el frío. La moral y la disposición los impulsa adelante. Sin guía tratan de alcanzar la Sierra Maestra. Aún el día 11 no saben qué ha sido de Fidel. Por fin, el día 12, en horas de la tarde, almuerzan gracias al apoyo de dos campesinos. Están en Pozo Empalado. Así llegan al día 18.
-¿Quién es el dueño de este corral de ordeño?
-¿Dónde vive?
El ordeñador les indica el camino. La casa de Hermes Cardero y de su esposa Sofía Acuña está a unos 300 metros. Hacia allá se dirigen los cinco. La leche cruda comienza a hacer sus efectos. Y es que sus estómagos han sufrido cruelmente los embates del hambre.

El día 13 un campesino llamado Neno Hidalgo trajo al grupo la noticia de que alguien que pudo ser Fidel pasó por la zona. Esto alimenta las esperanzas. El 14 confirman que Guillermo García se ha hecho cargo de Fidel; que está en buenas manos. Guillermo es parte de la eficiente red de recepción organizada por la excepcional Celia Sánchez.

En su peregrinar Raúl y sus compañeros han comido hasta mazorcas de maíz crudas y se asombran de la buena digestión que les han hecho... así andan esos estómagos.

Fidel ha pasado lo suyo. Universo, Faustino y él también estuvieron a la deriva, presas del hambre y la sed, de los ataques de los aviones, de los mosquitos y del diente de perro, alimentándose de caña hasta que llegaron a la casa de Daniel Hidalgo el martes día 11. Ya el 12 son puestos en manos de los hermanos Tejeda (Walterio y Rubén) que son parte de la red de recepción. El encuentro con Guillermo se produce el 14 y con una marcha de más de treinta  kilómetros, en horas de la noche, alcanzan la cima de la loma de La Nigua el sábado 15. Fidel se sienta y enseguida se queda dormido, tal es su agotamiento.

Cuando comienza a clarear el día Fidel, Universo y Faustino, guiados por Guillermo García, Ignacio y Baurel Pérez bajan la loma y son recibidos en la finca “ El Salvador “ (curioso nombre) de Ramón (Mongo) Pérez Montano.

Recuerda Sofía que ella es la primera en escuchar los pasos de Raúl y sus cuatro compañeros en el piso de madera del portal. Cuenta ella: “De inmediato despierto a Hermes y  voy a asomarme por alguna rendija de la pared del frente de la casa. Algunos expedicionarios vomitan.”

Llaman a la puerta. Sofía es quien abre. Entran los expedicionarios. Ella se va a la cocina a preparar un cocimiento para los estómagos indispuestos; los hombres conversan en la sala. Raúl y Cardero pasan al cuarto donde el primero se identifica. Hermes lo conoce, su foto salió en la prensa cuando lo del Moncada. Deciden acampar en un cafetal cercano a la casa para que Cardero salga a buscar información, para orientarse, en su deseo intenso de contactar con Fidel. Hermes, nada sabe, no es parte de la red.

Temprano desayunan café con leche y tostones; al mediodía: arroz con pollo, viandas, café y hasta cigarros. Mientras tanto Hermes sale con el ánimo de averiguar algo. Tropieza primero con su cuñado:
-¿Qué has oído de esos revolucionarios que desembarcaron por allá por Niquero? pregunta Cardero.
-Chico, a esa gente la cogieron y a casi todos los mataron, no debe quedar ninguno. Pero, ¿por qué no le preguntas a Mongo que siempre está al tanto de lo último que pasa?
La sugerencia es discreta y a la vez inteligente. ¿Conocía aquel hombre quiénes estaban en la finca de Monguito?, eso nunca se sabrá, pero sin dudas fue una sugerencia sumamente acertada, histórica acertada.

Hermes Cardero va a averiguar, a entrevistarse, con Mongo Pérez Montano, aunque sin muchas esperanzas. Lo encuentra en el mostrador de su tienda, junto a Teresa, su esposa. Después de breves palabras los dos hombres pasan a la trastienda, solos. Hermes repite la pregunta hecha a su cuñado.
-    Mongo, ¿qué sabes de esa gente que desembarcó por Niquero
-    De esa gente no quedó nadie – responde inmutable Ramón. Ni un gesto, nada.- Dicen – continúa – que a Fidel lo mataron y que ya todo se normalizó.
-¿Y tú no piensas que alguno de ellos pudo llegar hasta por acá?-insiste Cardero.
-¡Que va!, ¿de qué manera?, el cerco del ejército no hay quién lo pase –Mongo de nuevo impasible – olvídate, de esa gente no debe haber quedado nadie.
La peor de las angustias se apodera de Hermes. Mongo era un hombre de la más absoluta confianza, fiel amigo y opositor ferviente y confeso del régimen batistiano. Cardero duda.
-    Pero, ¿qué te pasa Hermes? ¿Por qué me preguntas a mí? – pregunta Monguito Pérez, aparentando estar ofendido.
-    No es por nada…, es que yo sé como tu piensas, no te ofendas- El nerviosismo de Cardero lo delata. Pérez Montano permanece imperturbable, lo observa con curiosidad.
-    Mongo, yo confío en ti y tengo un problema muy serio. Y tú me tienes que ayudar.
-    Bueno, habla hombre... – responde Monguito con impaciencia bien disimulada.

Acariciando su barbilla, muy lentamente, Cardero confiesa:

- Mongo, en mi casa hay cinco expedicionarios… en mi casa yo tengo a Raúl Castro. 
Mongo lo mira fijamente durante unos segundos que a Hermes le parecen años.
-¿Qué tú tienes a Raúl Castro? – pregunta incrédulo.
-Si, ¡yo tengo a Raúl Castro! – afirma Hermes. Una sonrisa se dibuja en el rostro impasible de Mongo.

-¡ Y yo tengo a Fidel ¡”

Esta conversación brindada como  testimonio por Sofía Acuña y Primitivo Pérez, protagonistas de aquellos hechos, pone en evidencia la extraordinaria inteligencia del campesino cubano; demuestra la tremenda discreción con que manejaron todo lo relacionado con el apoyo a los guerrilleros. Y cabe una reflexión: si El Che, con una guerrilla experimentada, con una experiencia de lucha acumulada, durante su lucha en Bolivia, al margen de otros factores, hubiese contado con el apoyo que nuestros campesinos cubanos brindaron en Cinco Palmas y durante el resto de la guerra, probablemente otra sería la historia de nuestra sufrida América Latina.

El resto de la historia de Cinco Palmas es  bien conocida. Monguito Pérez encarga a Primitivo de los trámites que conducen al reencuentro de la noche  del martes 18 de diciembre en el histórico cañaveral. Allí permanecieron los guerrilleros desde el día 16, con la llegada de Fidel y su grupo, hasta el 25 de diciembre, cuatro días después del encuentro con el grupo de Almeida. No se filtró ni la más mínima información. Los guerrilleros fueron atendidos con esmero en momentos en los cuales aquella atención podía costarles la vida a todos los vecinos y a sus familias. Allí, el domingo 23 recibieron balas, dinamita, armas y noticias, hasta libros. De allí se enviaron mensajes a Celia y a Frank. No falló nada. El campesinado granmense jugó su histórico papel con la infinita modestia y sencillez que lo caracteriza, dando una prueba de valor y confianza difíciles de igualar. El sábado 22 de diciembre Raúl Castro escribía en su diario: “Es admirable cómo se desviven por atendernos y cuidarnos estos campesinos de la Sierra. Toda la nobleza y la hidalguía cubanas se encuentran aquí”.

Fuentes de información: entrevistas a protagonistas de los hechos y revisión bibliográfica como textos históricos que abordan el tema entre ellos “La Epopeya del Granma”
Equipo de realización y fecha: Idania Reyes Matos , Surisbel Díaz castillo y Elizabeth Elliott González


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