Rosquitas de ocho, el Matahambre y la Rosca blanda, una tradición del siglo XIII.

La formación de una nación depende de diversos factores que, en el orden económico, político y social, influyen y determinan en el desarrollo de la misma. Sin embargo, la cultura, como elemento puntual, está presente desde los propios orígenes de la humanidad y es una necesidad latente si se pretende hablar de la transmisión de los valores más autóctonos de una localidad, región, provincia o país.

En este sentido, la Villa de San Salvador de Bayamo ha cultivado sus tradiciones de generación en generación, apoyada en la oralidad como medio comunicativo-expresivo de todo el quehacer sociocultural, que en muchas ocasiones se mezcla con el factor económico, debido al auge y desarrollo de la misma dentro del proceso renovador constante de la sociedad en sí.

Cuenta la historia que desde el siglo XIII los asentamientos aborígenes de la región incorporaron a las tradiciones locales sabrosos comestibles que se han mantenido hasta nuestros días, las Rosquitas de Ocho, el Matahambre y la Rosca Blanda que, aunque han sufrido pequeños cambios, su esencia hoy es la misma.

Rosquitas de Ocho
El pequeño Antonio Miniet, jefe de la más importante familia cultivadora de esta tradición, dijo que para la elaboración de estos tres productos se utiliza como materia prima la Yuca, tubérculo que es sembrado y recolectado en tierra. Una vez que se obtiene, a la Yuca se le elimina la cáscara, se lava bien para quitarle toda suciedad y se muele o se raya manualmente.

El producto de este proceso es necesario ponerlo a secar al sol y tamizarlo con dos piedras o dos tablas en posición horizontal, para extraerle todo el jugo, obteniéndose así la catibía, líquido muy utilizado en la agricultura para matar las malas hierbas. Un día después la masa tamizada se pone a secar al sol y se obtiene una harina fina, muy fácil de trabajar.

A esta harina se le agrega un poquito de sal y azúcar de caña y se pone a cocinar en estado sólido hasta que obtiene un color dorado. Luego se le agrega agua hervida y colorante, que generalmente es amarillo.

Para la Rosquita de Ocho, el paso siguiente es amasar la composición e incorporarle grasa animal, vino seco o Viña 95 y ajonjolí para terminar por amasarla en una tabla o losa de mármol hasta dejarla bien estirada y cortarla en pequeños pedazos de 2 centímetros.

Nuevamente se corta, esta vez en trozos más pequeños, con los cuales se forman aros de 0.5 centímetros y luego se unen los mismos hasta obtener una parrilla de ocho aros. Una vez dispuesto todo de esta forma, se introduce el producto en el horno a 375 grados de temperatura hasta que esté completamente seco. Más tarde se airean y se envasan en cajas de cartón. Al día siguiente se vuelven a colocar en el horno durante 5 minutos y al retirarlo, ya está lista...

Matahambre
El proceso del Matahambre, llamado también por sus conservadores proceso de pudrición, data desde nuestros aborígenes, aunque, ciertamente, se desconoce quién fue su primer elaborador.

Siguiendo el mismo proceso de cernido y prensado de la Rosquita de Ocho, una vez que la yuca está agria, la masa se pesa por jarras de 5 libras y se mezcla con azúcar de caña y esta harina se coloca en una vasija, preferentemente de barro, por un período de 4, 6 ó 7 días. Cuando esa masa esté completamente consistente, entonces usted sabrá que está preparada para elaborar, pues desprende un olor fuerte característico que se asemeja a un añejo. Este es el proceso que se conoce como pudrición, debido al grado de fermentación que alcanza.

Después que se obtiene este producto se divide la materia prima para hacer el Matahambre y la Rosca Blanda. En el caso de Matahambre, este lleva coco y miel de abeja suficiente para obtener un sabor más gustoso al paladar. Se le da la forma de un tabaco, enroscándolo en una hoja de plátano a todo lo largo de la misma, evitando la suciedad de las manos cuando se come.

Esta masa blanda y sabrosa, requiere de dos días de preparación para que alcance un buen sabor. En el primer día se preparan los pequeños tabaquitos, dejándolo reposar por un espacio de 48 horas y después se sacan en bandejas, listos para degustar. El secreto fundamental está en ponerle mucho amor a su elaboración.

Rosca Blanda
A la llamada Rosca Blanda, tras el proceso de obtención de la harina de la yuca, se le agrega miel de abeja, grasa animal, canela rayada, huevos, leche de vaca, vino de pasas y vino seco que le da un exquisito sabor. Luego se toma una hoja de plátano, la cual se corta en pequeños pedazos y se le da forma circular de vaso y se deposita esta masa, haciendo finalmente un orificio para rociar ajonjolí.

Se prepara el horno a 375 grados de temperatura y se colocan las roscas en su interior hasta que estén bien doradas. Para cerciorarse de que todo está terminado, debe pinchar el centro de la rosca y si está seca entonces el proceso ha llegado a su fin.

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