Historia y Cultura de Jiguaní

Jiguaní se encuentra situado en la parte norte de la cordillera montañosa de la Sierra Maestra. Limita al norte con el municipio granmense de Cauto Cristo y la provincia Holguín, al sur con Santiago de Cuba y el municipio de Guisa; al este con Holguín y Santiago de Cuba, y al oeste con Bayamo.

El municipio tiene una génesis netamente aborigen; el propio nombre con que se le designa forma parte de los vocablos aborígenes recogidos en la toponimia geográfica; Don Antonio Bachiller y Morales en su obra Cuba primitiva, donde aborda el lenguaje aborigen, plantea que Jiguaní significa "Arena de Oro". Al respecto existen muchas versiones, lo cierto es que la oralidad que ha llegado hasta nuestros días lo ha definido como "Río de Oro".

El territorio fue prolífero en asentamientos aborígenes en sus diferentes etapas de desarrollo socioeconómico: recolectores-cazadores-pescadores y agricultores-ceramistas. Así lo evidencian los numerosos hallazgos arqueológicos descubiertos en la zona, como majadores, morteros, percutores, burenes, hachas petaloides y fragmentos de vasijas de cerámica, en diferentes sitios arqueológicos como El Fuerte de la Loma, La Rinconada, El Faldón, Calabazar, Jiguaní Abajo, Las Cabezas, El Huerto, entre muchos más.

El 25 de enero de 1701 Miguel Rodríguez, descendiente de español e india y nacido en Bayamo, propietario de las tierras del Corral Jiguaní Arriba, funda la Villa San Pablo de Jiguaní, habitada fundamentalmente por indios naturales.

La construcción de la Plaza de Armas, el Ayuntamiento y la Iglesia marcan el inicio del período colonial en el lugar. La construcción del Ayuntamiento es autorizada por Real Orden en 1737, a cuyo término, tres años más tarde, se otorga a esta comunidad el título de Muy fiel Villa de San Pablo de Jiguaní, en consideración a lo que ya significaba en la Isla. La nueva división política administrativa de 1878 da surgimiento al municipal de Jiguaní, adquieriendo a partir de este momento un rápido ascenso económico y social.

Las luchas de liberación en esta región iniciaron mucho antes del grito de independencia de 1868. Miguel Rodríguez, su fundador, fue uno de los que se enfrentó desde los inicios del poblado a los españoles que querían apropiarse de las tierras. Otra figura Otra figura importante de la época lo  fue Don Pedro Ignacio Jiménez, protector de la raza india en la villa, quien separó a este pueblo de la jurisdicción de Bayamo y lo incorporó a la de Santiago de Cuba, al no conseguir que los alcaldes de San Salvador hicieran justicia a los vecinos de Jiguaní.
Durante la Guerra de los Diez Años los jiguaniceros tuvieron una participación activa. El Comité Revolucionario del territorio enterado de los sucesos en La Demajagua acuerda el apoyo al movimiento iniciado por Céspedes. Por esta tierra se alzaron en armas Donato Mármol, principal líder revolucionario de la Jurisdicción de Jiguaní, nacido en Bayamo pero con vastas propiedades en territorio jiguanicero. A él se unieron otros valerosos hombres como Calixto García y el doctor Félix Figueredo. El 13 de octubre de 1868 los alzados,  con Mármol a la cabeza y Calixto García, toman la villa de Jiguaní, ataque que repiten el 8 de febrero de 1869.

Entre las poblaciones cubanas que primero sufrieron las consecuencias de la reconcentración se encuentra Jiguaní. El 7 de agosto de 1869 se produce el "primer asesinato colectivo" cometido por España, ordenado por el Conde Valsameda, en un lugar conocido por "Los Marañones", donde murieron 17 patriotas.

En el período de 1979 - 1980 en que se desarrolla la Guerra Chiquita, Jiguaní estuvo en  pie de guerra durante  los 11 meses que duró. El 24 de febrero de 1895 el pueblo se alza nuevamente en armas comandados por Florencio Salcedo, tomando la plaza jiguanicera.

Jiguaní aportó a la guerra de independencia más de 280 oficiales, entre ellos 6 generales: Jesús Rabí, Florencio Salcedo, Saturnino Lora, Mariano Lora, Carlos García Vélez y José Reyes Arencibia.

Entre los episodios históricos que cosecha esta tierra, se encuentra la tristemente célebre caída en combate de José Martí, el Héroe Nacional de Cuba, en el sitio conocido por Dos Ríos. En tierra jiguanicera pasó Martí sus postreros días, aquí escribió su última arta a Manuel Mercado, y en el lugar donde aconteció el lamentable hecho, se erige un Monumento de carácter nacional, donde se recuerda al Apóstol de la independencia.

Durante la etapa neocolonial en Jiguaní existieron varios colegios privados destinados para las personas de piel blanca con recursos. Su población no era del todo desinstruida, teniendo en cuenta que en la etapa colonial en el lugar existían fincas y otras propiedades de españoles y familias criollas con poder económico, de las que fueron brotando descendientes de esta tierra, que poseían un cierto nivel educativo y se ocuparon de dotar a Jiguaní de una infraestructura sociocultural que, aunque deficiente, contribuía a la superación cultural de los vecinos de la villa, aunque no sin exclusiones. Por ejemplo, en 1910 se constituye en Jiguaní una banda municipal de conciertos, la más antigua institución que existe en este municipio. Su fundación oficial está enmarcada en abril de 1910, aunque consta en el libro "La tierra del Mambí", que el cronista del diario El Nuevo Herald, el irlandés-americano O'Kelly, refleja en una de sus reseñas, que en la manigua existía una banda compuesta por nativos de esta zona, la cual fue creada por Calixto García. El primer director que tuvo la banda fue el maestro José Rosario Verdecia Reyes y a través de él y otros integrantes como Constantino Pérez y Anselmo Zayas, varios ciudadanos interesados en ejecutar un instrumento fueron instruidos e incorporados a la agrupación. Otros directores de la banda fueron Miguel Milanés y José Figueredo (Pepe Jorge), que convirtieron sus casas en escuelas para formar nuevos músicos y garantizar la continuidad del proyecto.

En la década de 1920 surge en esta región una institución de suma importancia: una biblioteca que contaba con diferentes tipos de documentos, libros, y una hemeroteca conformada por más de 20 títulos de publicaciones periódicas editadas en el país que se canjeaban con los editados por la editorial de la localidad, ya constituida con anterioridad.

En el año 1934 surge la sociedad cosmopolita "Jiguaní Club", que por su constitución se consideraba única en el país, y ofrecía servicios similares a los de una biblioteca contemporánea. Ésta se mantuvo 28 años en funcionamiento.

Otros hechos culturales de trascendencia para los jiguaniceros durante el período neocolonial fue la creación de dos significativos símbolos para la localidad: un escudo y un himno.

El primero, concebido por el señor Ángel Seragio Rodríguez, ilustrado con leyenda original de Pablo Manuel Galardi, fue ejecutado por el conocido pintor Benito Granda Parada. El mismo está dividido en cinco partes:
Franja superior: Unidas en un perenne estrechón, dos manos: una blanca y otra negra, demostración de unidad ciudadana y de solidaridad humana (consagrada por cierto en Jiguaní Club), que simbolizaría el hecho de ser Jiguaní el pueblo que mejor practica el ideal bendito de libertad, igualdad y fraternidad.

Franja inferior: en medio de una franja blanca nimbada de luz solar (que simboliza la fuerza que puede hallarse en el modo general de ser del pueblo), su propio nombre "Jiguaní", que representa todo cuanto no pueda desentrañarse de él.

Izquierdo inferior: La loma del Fuerte, que es por sí misma como lo más característico de su topografía y lo más elocuente de su historia, de sus luchas en pro de la libertad.

Derecho inferior: Un indio (raíz indígena de la población), en medio de la representación múltiple de los aspectos de su medio natural y su riqueza: árboles, ganado, café, tabaco, etc., que pueden hablar por sí solos del amor al trabajo de sus habitantes y de la feracidad de su suelo.

Centro: El gorro frigio con la estrella de la libertad y cuatro fechas: las tres primeras, inmortales y de elocuentísima significación: 1701, fecha de la fundación de los hatos de Jiguaní Arriba y Jiguaní Abajo, que fueron el origen de la población; 1737, fecha de instauración de la parroquia y de la creación del municipio de Jiguaní; 1898, fecha en que definitivamente los españoles abandonaron nuestro pueblo, y la última, 1940 fecha en que se crea y adopta el original escudo de este pueblo.

Por su parte el Himno de Jiguaní surge a principios de 1941, cuando el 18 de enero el maestro Miguel Milanés por encargo de Pablo Manuel Galardi, compuso la música del Himno de Jiguaní, expresión musical del alma mambisa de este terruño. Acto seguido emprendió la tarea de instrumentarlo para que fuera ejecutado por la Banda Municipal por él dirigida. El 28 de enero de 1942 fue ejecutada la pieza musical en el acto de develación del Escudo de Jiguaní, en el teatro de local.

Meses después el poeta Antonio Martínez Anfourt, inspirado en la melodía, al escucharlo en un acto público en Jiguaní Club, concibió allí mismo la primera estrofa, y el 22 de julio de 1941, en la casa de Miguel Milanés, concluyó el resto de la letra, que resultó ser un canto de alabanza a nuestros patricios.

Posteriormente el ayuntamiento de Jiguaní acordó declararlo Himno oficial de esta municipalidad.
Letra del Himno de la Villa "San Pablo de Jiguaní"
Acuérdate cubano de todo Jiguaní
Del toque del clarín de redención;
Recuérdate de Lora, de Reyes y Rabí,
Incentivos de la rebelión.

Honra a Rodríguez, tu fundador,
Con indecible amor,
Que te dignifiques
Y que multipliques
Tu innegable honor

Los Suárez que te dieron honor y libertad
Al toque del clarín de redención,
Matando de España la patria potestad,
Amalos, pueblo,con toda unción.

Los Diéguez, Manana, Salcedo,
Hombres de denuedo,
De empuje y de valor.

El 23 de abril de 1944, en homenaje al aniversario del "Día del Idioma" y a la proclamación de Jiguaní como primer pueblo libre en 1898, se abre al público en solemne inauguración la primera Biblioteca Pública del territorio, bajo el nombre de "Avante", siendo su preceptor Pablo Manuel Galardy.  Ésta nueva institución respondía a los intereses generales de la cultura y de los lectores, poseía en su fondo bibliográfico libros de los más variados géneros, entre los que se encontraban donaciones de personalidades de la cultura como Juan Marinello, el doctor Francisco Frexes, Sariol y otros.

Al triunfo de la Revolución, con los fondos de "Jiguaní Club", "Avante" y los adquiridos editados en este período con el aporte de la JUCEI y bajo la dirección del Consejo Nacional de Cultura, se funda en el territorio la primera Biblioteca Pública edificada en este municipio por la Revolución, el 25 de enero de 1965. Tres años más tarde la localidad es dotada por vez primera de un cinematógrafo, con la fundación del cine municipal, hoy cine “Jiguaní”, el 30 de noviembre de 1968. Así fueron surgiendo paulatinamente varias instituciones que dieron cumplimiento a la nueva política cultural trazada en el país por la Revolución triunfante. De esta forma el municipio se fue dotando de una Casa de Cultura en la cabecera municipal, que más tarde amplió su cifra a 3 con la apertura de dos nuevas instalaciones de este tipo en Santa Rita y Charco Redondo, además de dos complejos culturales en Cautillo y Dos Ríos. En 1980 se reestructura nuevamente la Banda Municipal de Conciertos, desarticulada en 1968, y toma su dirección el maestro Francisco Santiesteban Castillo, clarinetista de reconocida calidad y trayectoria, el cual se mantuvo al frente de ésta hasta 1992, cuando pasa a manos de Emerson Figueredo González, quien la ha conducido hasta la actualidad. El 23 de mayo de 1981 el entonces Ministro de Cultura, Doctor Armando Hart Dávalos, inauguró el Museo Municipal de Jiguaní, reinaugurado años más tardes, el 19 de mayo de 2007, en homenaje al 113 aniversario de la caída en combate de José Martí.

Actualmente el municipio cuenta además con una librería municipal y la galería de arte “Benito Granda Parada”, institución que además de recibir a varios exponentes de las artes plásticas, es cuna y sede permanente de un trascendental evento: el Salón Nacional de Plástica Infantil “De donde crece la palma”, que se efectúa cada mes de mayo en homenaje a la caída en combate de José Martí. Posee una agrupación de mariachi, la coral de adultos  “Villaforte”, dirigida por Ana Manuela Diéguez, y el de niños “Goticas de rocío”, bajo la batuta de Ruth Batista Chibás.

La historia cultural de Jiguaní guarda en sí los nombres de varios hombres y mujeres destacados, y hasta nuestros días han llegado el de Ana Manuela Diéguez Hernández (Ana Nena), y Víctor Quesada Santiesteban, personalidades con una carrera polifacética en el mundo cultural. Además destacan en el quehacer cultural del territorio los artistas plásticos Yuniel Rosales, Ángel Roberto Acosta y Carlos Baltazar Casasallas Calafell; el instructor de arte y escritor, fundador del proyecto de teatro infantil “Con luz propia” Héctor Luis Leyva Cedeño, y el también instructor de arte Argelio Anaya, conductor de “Las Avispas”, otro reconocido proyecto local.

Principales tradiciones:
Es Jiguaní un pueblo rico en tradiciones como la artesanía, donde sobresalen el bordado y el tejido en hilo y yarey. De las costumbres culinarias que aún se conservan están el casabe, la fritura de maíz, el matahambre, la empanadilla, el bollo de maíz y la raspadura, muchas cultivadas desde nuestros aborígenes. Un baile que ha trascendido hasta la actualidad, desde finales del siglo XVII, es el Baile del Chivo, característico de la zona de Palmarito. Se trata de un baile jocoso, alegre y en pareja que simula el apareamiento de la chiva y el chivo,  brincan, berrean y corren; utilizan el taburete como instrumento acústico, también una botella y una cuchara además de la letra musical. Luego de terminar invitan a todo el que le rodea a continuar el baile. Otras festividades son los Altares de Cruz, celebraciones de origen hispano con desprendimiento de religión católica, pagana, en las que se construía un un altar con caja de bacalao en el cual se montaba una cruz. Dicha cruz poseía una madrina y un padrino; la primera encargada de confeccionar la tela para el altar, así como de adornarlo con flores y velas, y el segundo de sufragar los gastos de dulces y bebidas (agualoja). Todos los 3 de mayo se improvisaban cuartetas cantándole a la cruz y se culminaba con una gran fiesta. Similar a esta práctica son las que han llegado a nuestros días de la celebración de los días de santos como Santa Bárbara y San Lázaro. Otra tradición relacionada con la religiosidad es la festividad por la fundación de la muy fiel Villa San Pablo de Jiguaní, el 25 de enero, fecha de la conversión de este santo y día oficial de la fundación de la Villa. Desde el día 23 a la cinco de la madrugada la diana mambisa anuncia los festejos que se escuchan todos los amaneceres hasta el 28. Cada rincón de la zona se engalana y se escucha música por doquier. El 24 de enero la banda municipal hace su recorrido de saludo, se realizan juegos populares por la mañana en el parque, y el 25 sale la procesión con San Pablo por las calles del poblado.

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