Ivette Cepeda: Una criatura musical

En primer lugar, agradecer la oportunidad de tenerla en Bayamo. Usted lo sabe: hay en Cuba una especie de pasión por usted, como un deslumbramiento. He escuchado decir a algunos que usted es la intérprete que esperaba la música cubana hacía tiempo, una especie de puente entre el ayer y la contemporaneidad. ¿Qué cree de tal afirmación?

Es un gran halago lo que me dices y lo acepto con mucho respeto. Es cierto que he tratado de rescatar, revivir, disfrutar y volver a hacer canciones del ayer, que son un recuerdo de un pedazo de mi vida muy importante, que es mi vida con mis abuelos, con mi mamá, con mi familia, que es una época tan hermosa de canciones que también nos sirven de escuela porque digamos que fueron los tiempos de las mejores voces de Cuba, y no solamente fueron los años 50 y 60, si no mucho más atrás, ya había en Cuba una escuela de canto. Yo me he aventurado a decir muchas veces que los cubanos, y en especial las cubanas, cantan como no lo hace ningún otro intérprete en el Caribe, ni en América, ni en la parte hispana, esto es un estilo, lo mismo que existe una Escuela Cubana de Ballet también existe una escuela cubana en el decir, que hay que cuidar, porque no hay que pasarse, y eso se llama compromiso, corazón, entrega, pasión, pero no ficticia ni estudiada, sino real.

También defiendo la contemporaneidad porque estoy cercana a los temas de hoy y abierta también a las canciones de los nuevos compositores que narran la realidad desde una óptica diferente, pienso que a los jóvenes les gustan las dos cosas, la música del pasado y el presente, ojalá yo pueda mantener esa condición y sumar más de ellos, porque son la semilla y el público del futuro.

Su voz y manera de interpretar la música ha calado hondo en varias generaciones de cubanos que, en otros órdenes, se distancian cada vez más.

¿Cómo cree que lo ha logrado?
Primeramente te doy las gracias por darme la oportunidad de estar en Bayamo y por las palabras que me has dicho, que me comprometen, para que todas ellas sean una gran verdad y no una circunstancia ni un día. Me preocupan las cosas que le preocupan a todas las generaciones: el amor, las luchas, el dolor, la alegría, todos los sentimientos que están en los extremos, y creo que me he podido mantener como ciudadana en una vida muy normal, estoy en la misma ruta de la mayor parte del pueblo, lo que me ha permitido no desviar mi atención hacia una parte como yo digo cosmética o simple farandulismo, porque no me muevo en esas áreas, yo camino junto a mi gente y eso me ha hecho más observadora sobre lo que en realidad el pueblo merece.

¿Cómo llegó a la música?
En mi familia siempre ha habido mucha pasión por las artes, en especial por la música: la santiaguera y la espirituana siempre fueron muy musicales. Como mucha gente sabe mi abuela y mi papá cantaban y mi abuelo tocaba trompeta. Mi abuela materna fue amiga de Luis Carbonell, y cuando ellos eran jóvenes cantaban y actuaban en tertulias, también mi tía y mis primas tocan piano, todas mis hermanas cantan lindísimo, pero a la única que se le ocurrió cantar fue a mí, porque lo disfrutaba mucho, y en un momento determinado me decidí a dar el paso. Esta decisión que tomé no sé si fue por no dar mi brazo a torcer; porque cuando por primera vez Juan Formell vio el DVD del concierto que se celebró en Francia titulado Una cubana en París, él asistió a esa premier, ahí fue donde lo conocí y cuando él me vio aquella noche le dijo a su hijo: ella llegó un poco tarde a la música y pienso que él tenía razón, porque cuando ocurrió aquello ya yo tenía 50 años y estaba empezando mi carrera. Pero eso me sembró una semilla que me he empeñado en hacer florecer: no quisiera que se cumpliera ninguna profecía de que no hice nada porque estaba mayor, estoy buscando un repertorio que se adecue al público y a mí también, porque definitivamente existen cosas que hacen las intérpretes jóvenes que yo no tengo edad para hacer, sin embargo tengo una mirada muy madura de la vida, y me parece que este tipo de
canciones también son importantes, con un gran mensaje, y me decidí a cantar porque sentí que faltaban ciertas canciones y que no estaba haciendo mal cantando las canciones que yo quería hacer, porque había espacio para ese tipo de canciones y un público ávido
por volver a escucharlas.

¿Qué es la música para Ivette Cepeda? Realmente me has hecho una gran pregunta. La música es un gran regalo. Es ese mundo de fantasías donde podemos entrar y salir sin que nos cueste nada. Es refugio y asidero. Es ese bosque frondoso donde todos soñamos entrar un día, y que todo sea nuevo como si esa tierra fuera pisada por primera vez. Es ese espacio donde podemos estar en paz, pensando en nuestra propia vida, nuestras metas, es ese arte del que podemos consumir todos, porque si fuéramos seres agradecidos nos daríamos cuenta de que todos los días recibimos el enorme regalo de que la música colma todos los espacios, ella es un complemento indispensable para la vida y me gusta compartirla.

¿A quiénes considera sus maestros?
A nivel mundial se podrían citar grandes nombres, me resultaría imposible responderte sin decirte que soy una amante de la música clásica. Me encanta escuchar la música de Chopin, Chaikosvki y Bethoven, pero definitivamente a través de la música popular es que logro establecer los órdenes en los que se mueve mi trabajo. En Cuba hay compositores maravillosos, yo he cantado a muchos autores foráneos pero en los últimos tiempos estoy aferrada a cantarle a los cubanos, me ha gustado mucho más hacerlo porque siento que es mi propia realidad. Entre los autores que prefiero, indiscutiblemente, están Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, Raúl Torres y Karel García, este último es un poeta a quien califico como el mayor de este momento,un trovador cinco estrellas, sus canciones realmente son obras de arte. En el próximo disco pienso incluir cuatro temas de su autoría. No puedo dejar de mencionar otros clásicos como Piloto y Vera, las obras de Matamoros y Sindo Garay. Me encanta la música tradicional cubana, tengo pendiente hacer un disco de este tipo de música e incluir a Eliades Ochoa y a los Jóvenes Clásicos del Son, porque es otra parte de la música que realmente me fascina.

¿Necesita de alguna condición especial o estado de ánimo para cantar?
No. Siempre me ha sorprendido que he pasado por momentos duros y difíciles, y el hecho de cantar me ha permitido superar todo eso. No me cuesta cantar porque es mi trabajo y mi razón de ser. He cantado enferma, sin voz, después de perder a mis padres, y siento que a pesar de la adversidad, me ha hecho bien. Me considero una persona muy callada y tranquila, nada más me transformo cuando estoy en el escenario acompañada del público, porque lo requiere la escena y por la alegría que me trasmite.

¿Qué la inspira?
Me inspira el compromiso de hacerlo bien, y ahora cada vez más. Siempre que recibo una palabra de halago a mi trabajo, esa es una inspiración fundamental para tratar de hacerlo bien. Sé que no soy una cantante con la técnica perfecta, porque yo no he pasado por una escuela de canto, y a veces la pasión me supera la técnica y quisiera tener distancia pero no lo logro y el corazón se me va por encima. Me inspiran los buenos artistas que hay en Cuba, la calidad de las canciones que se escriben y que yo canto, por eso no puedo darme el lujo de hacer una chapucería, porque eso que interpreto es una obra de arte. También el público es mi fuente de inspiración. Sabes que algunas veces los momentos difíciles me han hecho sentir falta de inspiración y me he puesto a escuchar un disco de Marta Valdés, Caetano Veloso o Bárbara Streisand y siento como si me inyectaran 500 toneladas de gasolina, exploto y descubro que cantar me brinda la posibilidad de echar fuera toda la carga de preocupaciones y compartirle algo bueno a la gente.

Cuba es llamada la Isla de la música, y usted ha irrumpido a puro talento en una tradición de renombre mundial: ¿Cómo asume ese gran legado y cómo se siente como parte de él?
Esta es una experiencia totalmente nueva para mí. Yo hice mi primer disco en el año 2008, y estamos en el 2017, a veces me parece que el tiempo va muy rápido y a veces que pasa muy lento y no tengo ninguna idea preconcebida, solo pienso que los días van pasando y los compromisos van creciendo. Sinceramente me sorprende y alegra saber que he dejado un pedacito en el catálogo de la música cubana, me satisface el esfuerzo que han hecho muchas personas porque mi trabajo sea bueno, y que se sientan reflejados ahí, eso para mí es una gran sorpresa y una felicidad.

¿Le dice algo su condición de criatura de Isla?
Me gusta mucho sentirme una criatura de Isla. Esa canción de Pablo Milanés que dice: Amo esta isla, soy del Caribe, jamás podría pisar tierra firme porque me inhibe, a mí de verdad me pega perfectamente. He estado en muchos países, y aunque me gusta conocer el mundo y llevar la música cubana a otros lugares, me siento completamente bien viviendo en mi país, real, plena, verdadera, aquí; porque se conservan muchas cosas valiosas, por ejemplo todavía existen artistas con una mirada hacia la cultura no hacia el dinero, hacia el mejoramiento humano y no hacia el enriquecimiento, me importan los valores y cuando estoy fuera de Cuba me doy cuenta de que eso no funciona igual, cuando me empiezan a cargar de privilegios me pongo mustia y ya quiero irme, estoy agradecida con todo lo que me han dado, en todos los lugares me he sentido muy bien, pero nunca como en mi país.

¿Proyectos futuros?
Estoy trabajando en un disco, pero sin haber dado a luz a ese hijo ya estoy pensando en el otro; porque a mi edad no me puedo dar el lujo de perder el tiempo. Me quedan tres discos para terminar lo que quiero hacer: este actual que estoy haciendo, dedicado a los trovadores de los 80 hasta nuestros días, uno dedicado a la música tradicional cubana, y otro que ya titulé Cabos Sueltos, porque son canciones románticas, escogidas con mucho cuidado.

Ha cantado en Bayamo, la Cuna de la Nacionalidad Cubana y el sitio donde nació la primera canción romántica de la Isla: La bayamesa. ¿Cómo se ha sentido?
No podía irme de Bayamo sin cantar La Bayamesa aunque en ese momento sentía que me estaba temblando todo el cuerpo. Mi bisabuela se llamaba Candelaria y le decían Candú; y ella siempre me hacía la historia de cuando aquella mujer cosió la bandera cubana. En mi familia hay mucha raíz mambisa, mucha gente vinculada a la lucha por Cuba, es por eso que tenía el compromiso de interpretar esa canción en esta tierra mambisa y cubana.

 

Etiquetas: Bayamo, Música, Granma, Ivette Cepeda

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