Francisco Vicente Aguilera y Tamayo: el peregrino de la patria

El 22 de junio de 1821 nació en la villa de Bayamo Francisco Vicente Aguilera. En 1836 murió su padre, Antonio María, quien le dejó el cometido de obtener para su familia, utilizando las rentas de Ingenio Azucarero Pilar de Jucaibama, Título de Castilla, y continuar la tradición de poseer los de Regidor Alcalde Mayor y el grado militar de coronel de los Reales Ejércitos y del Batallón de Milicias Blancas Disciplinadas de Infantería de Bayamo y Santiago de Cuba.

El joven Francisco Vicente Aguilera no cumplió esta aspiración; se concentró en iniciar acciones políticas que aspiraban a subvertir la sujeción colonial que ataba a Cuba de España.

Y es que en el transcurso de una generación se había operado una transformación en el pensamiento político de la familia Aguilera, y en toda la sociedad bayamesa; del monárquico y pro español se evolucionó al republicano independentista. La toma de conciencia en Aguilera se manifestó desde muy temprana edad. Ya en 1851, con treinta años, es miembro de la conspiración liderada por el camagüeyano Joaquín Agüero, que proyectaba un alzamiento, y él era jefe de Bayamo; también participó en un plan, en unión de Carlos Manuel de Céspedes, que pretendía iniciar un levantamiento y cuyas primeras acciones serían tomar las ciudades de Bayamo y Manzanillo.

Después de la muerte de su madre, Juana Tamayo, ocurrida en 1863, inició un periplo por diferentes países de Europa y por los Estados Unidos. Este incidió en su formación, pues lo puso en contacto con las ideas políticas y económicas más avanzadas, y consideradas en su época como revolucionarias. Desde su arribo a Bayamo comenzó a elevar proyectos al gobierno de la Isla, para desarrollar económicamente la jurisdicción y convertirla en una que aplicara los adelantos de la ciencia y la técnica. El más importante era la construcción de un ferrocarril entre Bayamo y Santiago de Cuba. Este viaje al exterior se asocia exclusivamente con una causa sentimental, pero más que bálsamo consolador, marca aspiraciones de transformación.

A partir de este momento es un revolucionario en extensión y profundidad. Su acción se manifiesta en dos aristas definidas: el logro de la independencia de Cuba y mientras esto no suceda, la transformación del régimen económico arcaico existente en Bayamo. Este ímpetu capitalista lo llevó a convertirse en el hombre de mayor fortuna en la región Oriental de Cuba. En 1868 su caudal activo ascendía a 2 millones 168 54 pesos.

El Comité Revolucionario de Bayamo fundado en 1867 por Francisco Vicente Aguilera, se convirtió en catálisis de la independencia de Cuba.

El pensamiento revolucionario se radicalizaba. Se discutía la fecha del alzamiento subordinándola a la existencia de pertrechos militares con qué enfrentar al ejército español. Aguilera era de la opinión que debía posponerse para poder acopiar armas. Y es en este momento cuando se compromete a trasladarse a los Estados Unidos, y regresar antes del 24 de diciembre, fecha máxima aceptada por los conspiradores para pronunciarse, con suficiente material de guerra para dar comienzo a la Revolución. Esta idea encontró pocos adeptos en la reunión del Ranchón de los Caletones. El alzamiento el 10 de octubre de 1868 en La Demajagua interrumpió el proyecto.

La guerra se inició y Aguilera ocupó importantes responsabilidades político-militares, hasta el momento en que Carlos M. de Céspedes decidió enviarlo a Estados Unidos para unificar a los emigrados y lograr el envío de expediciones con logística con las cuales abastecer las tropas del Ejército Libertador. Partió en 1871. En esta determinación del Padre de la Patria debieron pesar varias causas, entre ellas que Aguilera hubiese sido partidario de esta idea antes del inicio de la Revolución, por los conocimientos que poseía en el manejo de fondos, pues había creado una fortuna millonaria, así como por su pensamiento y forma de actuar, que lo había convertido en paradigma del pensamiento unitario. Las fracciones políticas, civiles y militares, lo veían como un hombre íntegro, ético y revolucionario. En el período que le tocó vivir las pasiones estaban encontradas y no existe una frase que lo acuse.

Aguilera partió a cumplir esta misión a pesar de las opiniones contrarias de sus amigos que insistían que era una habilidad política del Presidente para alejarlo de la escena política cubana, quitarlo como posible rival, y aspirante a la presidencia. A pesar de estos criterios estaba convencido de que en esos momentos la Patria era allí donde lo necesitaba, para resolver las problemáticas existentes.

El debió intuir que si hacía llegar expediciones para abastecer de logística a las tropas del Ejército Libertador su prestigio y carisma se agrandaría, y generalizaría la opinión que existía entre sus amigos de que era la persona indicada para ocupar la presidencia del gobierno en Cuba. Esta decisión más que perjudicarlo, finalmente, acrecentaría su prestigio. Por tanto no tenía nada que temer. Si fracasaba en el envío de una gran expedición regresaría en una pequeña, que era lo máximo que se había logrado, ante las dificultades y lo imposible que resultaba hacerlas llegar a Cuba, y estaría a la par de las ejecutadas por otros, por tanto no se perjudicaría su autoridad.

El periodo vivido en la emigración contribuyó a radicalizar su visión sobre los Estados Unidos. Muchos cubanos soñaban con la ayuda de este país para el logro de la independencia. Como resultado de las relaciones que estableció con políticos norteamericanos y ser víctima de promesas incumplidas, evasivas, obstáculos directos que hicieron fracasar expediciones y no permitir las recaudaciones necesarias, llegó a la conclusión de que el gobierno de esta nación nunca apoyaría a los cubanos para obtener la independencia y sentenció: “Ayudarán a Cuba cuando Cuba se haya ayudado a sí misma. Esperar más que eso es una vaga ilusión”.

Allí, además, trató con hombres de un profundo pensamiento latinoamericanista como el puertorriqueño Eugenio María de Hostos, con quien compartió amistad, lo que le permitió ser, también, el fundador del pensamiento latinoamericanista cubano, al plantear la necesidad de crear una Confederación Antillana, que le hiciera frente a la política expansionista de los Estados Unidos.

Escaso fue el dinero que pudo recaudar Aguilera en los primeros meses de su estancia en New York. Por eso decidió, en junio de 1872, iniciar un periplo por Europa. Le habían prometido que los capitalistas cubanos emigrados en Francia le financiarían una gran expedición. Pero la realidad fue diferente, y comenzó a padecer desaires, subterfugios, el dinero no fluía, las discusiones se dilataban, y los burgueses, temerosos de que sus propiedades fueran embargadas no contribuían, o querían hacerlo sin que se supiera su nombre y por ello las cantidades que entregaban eran irrisorias. Estas limitaciones lo convencieron que no podía obtener los recursos necesarios en París, pero aún así continuó insistiendo. Se convirtió en un misionero por la independencia de Cuba.

El periplo europeo contribuyó a definir el pensamiento de Aguilera respecto a la burguesía cubana que poseía importantes capitales que proteger en Cuba. Finalmente cuando abandonó París, en marzo de 1873, como resultado de un llamado imperioso que le realizan desde New York al conocerse que Céspedes lo había destituido como Agente General en el exterior, lo hizo con la plena convicción de que no regresaría jamás porque este sector de la burguesía cubana no financiaría la independencia de Cuba.

La estancia en Europa le posibilitó establecer una ruptura que quizás hubiese sido imposible de concebir en otro momento, porque tal vez pensó que todos los propietarios cubanos tenían la misma decisión que él en sacrificar su fortuna y bienestar por la independencia de la patria. En sus últimos días europeos se comienza a mostrar en Aguilera una actitud a gestionar fondos con banqueros de diferentes nacionalidades, los que podían contribuir a la causa cubana, por los beneficios económicos que obtendrían. Se alejó, definitivamente, de la burguesía.

Su retorno a New York significó continuar trabajando en el envío de una gran expedición a Cuba. Pero ahora la situación había cambiado. Ya no era el Agente General, sino un emigrado, solo lo diferenciaba el hecho de ser iniciador de la revolución y el prestigio que poseía por su honradez y desinterés por la independencia de Cuba. En estas circunstancias desarrolló su obra, sin incorporarse a las luchas intestinas que desangraban a la emigración. Y es a partir de este momento cuando quedó plasmado el perfil que hoy poseemos de él. Las dificultades por las que tuvo que atravesar, la miseria en que vivió y murió, las penurias de su familia dejó estupefactos a quienes lo conocieron.

El peregrinaje por los Estados Unidos lo puso en contacto con la burguesía cubana que había enfrentado a la metrópoli española. Aquí al igual que en París pudo comprobar que no obtendría los recursos necesarios. Inició un recorrido por ciudades norteamericanas con el objeto de buscar un vapor que lo trasladase a Cuba, así como para recaudar dinero. Visitó Baltimore, Filadelfia, New Orleans y Cayo Hueso. En esta última se comenzaba a desarrollar un importante concentrado de emigrados cubanos, los que aportaron una cifra considerable de dinero, unos 7.000 pesos, entre los meses de febrero-abril de 1874. Este desprendimiento le causó profunda impresión.

A pesar de esta demostración su pensamiento continuó considerando que las sumas para el financiamiento de las expediciones debían aportarlas los emigrados cubanos que mayor capital poseían. Por ello siguió vinculado a sectores de la burguesía cubana del occidente de la isla, así como a terratenientes, que en muchos entraban en componendas con las autoridades españoles. Estos descartaban un pensamiento independentista cubano radical. No percibió las diferencias que existían entre este sector y el que había iniciado la contienda independentista.

Fue tanta la desidia que padeció Aguilera que finalmente decidió venir a Cuba en un bote, al no poder armar una gran expedición, y carente de recursos. El 22 de abril de 1876 efectuó su último intento. Llegó a Las Bahamas donde pretendía abordar el buque “Anna”, y al no encontrarlo se dirigió a Nassau. El 12 de junio embarcó rumbo a Haití. El viaje resultó imposible. Arribó a Nueva York el 15 de agosto de 1876. Ya se encontraba gravemente enfermo del cáncer que lo aquejaba, pero aún así no desistía.

El 22 de febrero de 1877 falleció Francisco Vicente Aguilera en New York, rodeado de su esposa e hijos, sin haber podido cumplir su mayor anhelo libertar a su patria; tampoco había podido arribar a Cuba con una fuerte expedición.

Las aspiraciones de Francisco Vicente Aguilera fueron más ambiciosas que las de sus ancestros y se centraron en fundar un pensamiento político que contemplaba la idea de lograr la independencia de Cuba del colonialismo español empuñando las armas. El engrandecimiento que le reportará a su familia no será en el orden de lo que soñó su padre, o sea en la obtención de un título nobiliario, detentar cargos políticos en la estructura de gobierno de la villa o provincia, o en la milicia, sino al convertir, al linaje Aguilera, en uno de las fundadoras de la nación cubana.

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