Homenaje en lo más alto

Y hubo abrazos, palabras con el encanto de lo sincero y humilde, canciones, lágrimas de emoción, fotos, muchas fotos… Tal vez porque todos querían guardar cada instante en cámaras, tabletas electrónicas y móviles.

 

Allá, frente al busto del Héroe Nacional, en lo más alto del país, jóvenes creadores, integrantes de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), sentimos con fuerza inusitada las esencias de Cuba.

 

Éramos casi 40 escritores, músicos, actores, pintores, investigadores…, atraídos por la naturaleza, la historia, el esfuerzo colectivo en las lomas y el propósito de reafirmar el amor y lealtad eternos a Fidel Castro, gran impulsor del arte y hermano grande de las nuevas generaciones, justamente el 13 de agosto, fecha de su cumpleaños 92.

 

Cerca de las nubes, también le brindamos homenaje a Luis y Sergio Saíz, hermanos poetas asesinados en igual fecha del año 1953. El trovador Adrián Berazaín interpretó su canción Por encima de lo conocido, y el dúo Iris, de La Habana, también avivó los sentimientos en las mareas de nuestras almas.

 

Todos entonamos el Himno Nacional y nos dimos un abrazo gigante, muestra de la unión entre este piquete de soñadores. Los quiero, dijeron algunos, y siguieron las muestras de cariño en un grupo que durante el recorrido se convirtió en familia.

 

Rubiel García González, presidente nacional de la AHS, resaltó el simbolismo de ese sitio y la importancia de ser consecuentes siempre con las enseñanzas del Comandante en Jefe y los hermanos Saíz.

 

Berazaín, quien llegó a lo más alto por sexta vez, manifestó que aquí uno se siente más cubano y entonar el Himno un día tan especial y ante el busto del Apóstol, traslado a ese lugar por Celia Sánchez y otros revolucionarios en mayo de 1953, trasmite una sensación indescriptible capaz de erizar la piel.

 

Rafael Muñoz, vicepresidente nacional de la AHS, también refirió la emoción por homenajear a Fidel, Luis y Sergio en ese sitio emblemático, el cual fue visitado en varias ocasiones por el Comandante en Jefe, antes y después del triunfo de la Revolución.

 

Los protagonistas de esta historia, provenientes de varias provincias, lucían sonrientes y llenos de luz, a pesar de la larga caminata y un periplo iniciado varios días antes, como parte del cual visitaron la casa natal de Fidel y Raúl, en Holguín, y el cementerio Santa Ifigenia y otros lugares de Santiago de Cuba, donde intercambiaron con el Maestro de Juventudes Alberto Lezcay Merencio.

 

En Granma, los creadores también se adentraron en el Monumento Nacional La Demajagua, en Manzanillo, donde fueron cautivados por el historiador César Martín García, quien en la ocasión fue invitado al tercer congreso de la AHS, a realizarse del 17 al 20 de octubre próximo, en La Habana.

 

Camino al Turquino

 

Íbamos repletos de expectación. Algunos volvíamos al Parque Nacional Pico Turquino, a sus senderos y encantos, al trayecto hacia lo más alto, y otros lo hacían por primera vez. Pululaban las bromas, chistes y las anécdotas intimidantes que preocupaban a los novatos en estas lides, quienes preguntaban si en verdad era tan difícil lograr el objetivo.

 

En Bartolomé Masó, montamos en un potente camión, y subimos hasta el Alto del Naranjo. El entusiasmo gravitaba en el ambiente, pues sabíamos que viviríamos jornadas peculiares. Cuando casi anochecía el 11 de agosto, llegamos a la comunidad ecológica La Platica, donde se unen la maravilla de la naturaleza y la amabilidad de sus pobladores, incluido Julio Rodríguez, quien interpretó varias canciones para nosotros.

 

Durante parte de la noche compartimos con niños y otras personas. La música, los audiovisuales y el teatro conformaron un ambiente seductor, allí, entre lomas, un arroyo y el encanto de lo natural.

 

A las cuatro de la madrugada del día siguiente comenzamos el camino hacia la cima, aunque ese jornada solo llegamos hasta el campamento de Aguada de Joaquín, ubicado a unos cinco kilómetros del punto más elevado.

 

Unos alumbraban con los teléfonos celulares o con lámparas portátiles, todos avanzaban con paso seguro. Poco a poco, el grupo se fragmentó en pequeños colectivos, según las velocidades de sus pies y el tiempo empleado en otras actividades vitales, como conversar, disfrutar los paisajes y coleccionar cada detalle en fotos. Sin dudas, el equipo campeón en eso fue el Fender, nombre creado para sustituir el de remora.

 

Integrado por unos diez jóvenes, ese team era el último, especie de retaguardia, que siempre lucía alegre y al final hasta despertó sanas envidias, cuando otros vieron su arsenal de imágenes.

 

Al final quedó esa sensación indescriptible de hermandad y los recuerdos de momentos verdaderamente especiales. Muchos nos comunicamos con frecuencia por teléfono, y seguramente coincidiremos en otras aventuras en la serranía, donde radica parte del corazón de Cuba.

 

Etiquetas: AHS, Sierra Maestra, Pico Turquino

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