Bayamo, ciudad dueña de mujeres

La conocida Ciudad de los Coches es femenina en su denominación, es la ciudad, pero su nombre indica que es del género masculino; sin embargo, durante toda su vida ha sido testigo del nacimiento y la valentía de sus mujeres que sin saberlo han elevado la dignidad del territorio y sus hijos.

Primero debe reconocerse a las primeras féminas que crearon a los futuros bayameses en una mezcla o transculturación del aborigen con el español y esclavo africano luego. Hicieron a los hijos en épocas de acostumbrarse a las condiciones y crecerse junto a los esposos en un sitio completamente nuevo, descubierto y colonizado.

Entonces las progenitoras, las que criaron, amantaron y educaron, convirtieron en lumbreras a hombres como: José Antonio Saco, Francisco Vicente Aguilera, Pedro Figueredo, Manuel Muñoz Cedeño y otros. Asimismo, como escribiera el historiador de la ciudad de Bayamo, Ludín Fonseca en Bayamo: 500 años de historia: Juan Clemente Zenea, representante cimero de la segunda generación de románticos, que restaura el buen gusto en la poesía de la Isla. José Fornaris, fundador del Siboneísmo, intenta rescatar a través de la poesía el legado aborigen para la cultura cubana. En 1851 Francisco Castillo Moreno, en unión de Fornaris y Carlos Manuel de Céspedes, componen La Bayamesa, considerada la primera canción romántica. Son figuras de la cultura bayamesa que afianzaron un sentimiento por el terruño o la patria durante la primera mitad del siglo XIX y también salieron del vientre de una mujer, fueron influenciados por sus madres y apoyados por sus esposas y queridos por sus hijas.

El amor a la pareja era parte indisoluble de sus vidas pero el sentir por su tierra se apoderaba de ellas aún más. Tal es el caso de Manuela Figueredo quien amante de un joven español, madre de sus hijos, le expresó a aquel hombre: Una cubana como yo, no puede ser la esposa de un… español como usted!.

Antes de las guerras por la independencia desempeñaron un papel fundamental al incentivar el sentimiento de libertad. En el libro Bayamo de José Maceo Verdecia se expone la trayectoria de Luz Vázquez, el autor relata:
En su hogar en la calle de La Cruz Verde, cedida por ella al efecto, se llegaron a celebrar importantes reuniones revolucionarias. En él se planeó la fabricación de balas para precipitar el movimiento, labor que se llevó a cabo en la finca El Mijial, de Luis Figueredo […].

Llegada de la guerra las mujeres reclamaron sus derechos, unas se fueron a los campos de batallas y otras crearon donde parecía no quedaba nada. Se formaron como maestras, poetas, hasta obreras y protagonistas de episodios gloriosos y valientes. Un ejemplo de ello es cuando la joven Adriana del Castillo pone flores en las manos y tira besos a los tres prisioneros que las fuerzas españolas conducían por las calles luego del alzamiento del 10 de octubre de 1868; sin pensar en las consecuencias defiende con gesto de gentileza a quienes consideraba sus amigos.

Las mujeres para mencionar, de la también conocida Ciudad Antorcha, son muchas y también las que los hombres han convertido en musas de obras que trasciende: No recuerdas gentil bayamesa que tú fuiste mi sol refulgente. Pero están las que construyeron su propia obra como Úrsula de Céspedes o Liana de Lux, convertida en una piedra que llama la atención de quien visite la Necrópolis de Bayamo.

Fueron quienes curaron heridos en manigua; eran la mayoría en la Coral de Bayamo surgida en 1950, aproximadamente, reconocida por su profesionalidad y voces, incluso fuera de su patria causando admiración; ocuparon cargos públicos y como representante de este elemento está Digna Elías senadora de la Isla; fueron artistas y extasiaron por su belleza inigualable lo que las ha distinguido en toda Cuba; fueron a la Sierra Maestra o defendieron desde Bayamo, como Eloina Guerra, y al regresar aún eran mujeres dispuestas a luchar.

Más adelante, cada escalón alcanzado les ha sido útil para posicionarse y mirar bien para continuar el ascenso. Aún educan a sus hijos y les trasmiten el sentimiento de amor por la familia y país; aún apoyan, lado a lado, a sus esposos; y al igual que Adriana, son atrevidas y defienden lo que creen correcto. Hoy tiene en su alma la bayamesa triste recuerdos de tradiciones pero se inspira para crear otras, para hacer historia y protagonizar la vida.

NOTA: Las fuetes consultadas para este artículo son: orales; libro Bayamo de José Maceo Verdecia y Bayamo: más de 500 años de historia de Ludín Fonseca García.

 

Etiquetas: Bayamo, Historia, Historia e Identidad

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