Naturaleza y mito: una visión popular

Numerosos investigadores se han acercado a la naturaleza, sus relaciones con los grupos humanos y la fuerza del capital simbólico que emerge de esta relación.

Dos de los padres de los estudios antropológicos, Víctor Turner y Clifford Geertz, enfatizan en la importancia de este sesgo. Con una amplia base etnográfica, ambos sostendrán que uno de los aspectos centrales de la antropología es el estudio de la dimensión simbólica, entendida como sistemas de significado.

Turner en su obra La selva de los símbolos formula una serie de ideas que perfilan la estrategia simbólica en la investigación antropológica de la cultura. Destaca la importancia que atribuye al análisis del símbolo como parte sustancial del examen de los valores y normas de una sociedad, al afirmar que los sistemas de significados, expresados mediante el ritual, permiten conocer las características de la estructura social y las tensiones y conflictos registrados en su seno. Distingue tres niveles de significación del símbolo: uno donde es expresado verbalmente por los integrantes de la sociedad en que se produce, otro cuando se emplea dicho símbolo durante el ritual y, por último, la relación que dicho símbolo guarda con otros en el campo del sistema simbólico. Estos tres niveles son necesarios para entender el papel de los símbolos en una cultura.

Por su parte, Geertz sostiene que la antropología no es una ciencia experimental en busca de leyes, sino una ciencia interpretativa que persigue el significado de la acción simbólica. Afirma que el quehacer antropológico se caracteriza por ser un discurso interpretativo y, como tal, debe reconocer que el análisis cultural será siempre incompleto en la medida en que no puede alcanzar explicaciones definitivas sobre la cultura. Por ello, la antropología solamente puede aproximarse a los sentidos que los individuos imprimen a sus actos en una cultura determinada. Los símbolos no tienen significados iguales, unívocos, para todos los que pertenecen a una cultura, pues pueden ser distintos para ellos.

La antropología no puede buscar leyes o regularidades, pero sí descubrir las redes de significados que imprimen sentido a la vida de los integrantes de una cultura y establecer cuáles son los símbolos más importantes que la guían. Geertz define la cultura como un sistema de concepciones expresadas en formas simbólicas por medio de las cuales los hombres se comunican, perpetúan y desarrollan sus conocimientos y actitudes a lo largo de la vida. La cultura es un sistema cuyo papel fundamental consiste en socializar un significado del mundo y, de esta forma, en hacerlo comprensible desde una perspectiva particular.

Parte significativa de estos textos culturales son los imaginarios. Comprendidos como elaboraciones simbólicas de lo que observamos o de lo que nos atemoriza o desearíamos que existiera. Una de las tensiones en que se juega el estudio de lo imaginario en el pensamiento actual es en la relación con lo que llamaría totalizaciones y des totalizaciones, considerando que no podemos conocer la totalidad de lo real y que las principales epistemologías contemporáneas desconfían de las visiones totalizadoras. Lo imaginario viene a complementar, a dar un suplemento, a ocupar las fracturas o los huecos de lo que sí podemos conocer.

Entre estos imaginarios se encuentran los mitos. Estos constructos se arraigan en nuestras comunidades constituyendo parte indisoluble de la cotidianeidad. En la provincia de Granma hay varias asociaciones míticas relacionadas con formaciones naturales, en su mayoría rocosas, y figuras antropozoomorfas, algunas vinculadas a deidades femeninas benignas o malignas, y otras con animales.

Un ejemplo que ilustra lo anterior es el Sendero de El Guafe, en Niquero. En él se encuentra un ídolo tallado en una estalagmita, por grupos agroalfareros que habitaron las inmediaciones de la cueva; durante el solsticio de invierno un rayo de sol la ilumina sobre las 12 m, fenómeno que ocurre solo esta vez en el año. Frente al ídolo existe una formación natural gigantesca en forma de rostro humano, no identificada ni asociada al ídolo.

Esta reliquia se vincula a un espíritu INDIO, de un cacique, no a la diosa Atabeyra, como interpretan muchos, incluidos los guías del sendero. Esta es la versión del Centro Espiritista de La Marea (Cordón-Cruzado). Otras personas adoran a la diosa Atabeyra, le piden y le llevan ofrendas, velas, menudo blanco, cruces y rosarios. Para otros no es una Virgen, pues tiene el velo por detrás, contrario a la costumbre. Estas prácticas son relativamente recientes y se relacionan con el descubrimiento del ídolo  en 1987.

Otro ejemplo lo constituye la Cueva de El Agua, también en Niquero. En este caso el mito se ubica en dicha cueva, inundada, parcialmente destruida la entrada por la extracción de caliza. En torno a esta zona se teje la historia de que al final de la caverna existía una estalagmita en forma de Virgen, dañada en determinado momento por un joven que disfrutaba de estas limpias aguas, a lo cual los vecinos del lugar atribuyen los padecimientos y sanciones recibidas por el muchacho.

Visitantes del lugar cuentan haber visto en el fondo de la galería, fuera del agua, un bulto negro con dos ojos que brillaban.
También se cuenta de personas que han quedado atrapadas entre estas aguas debido a los poderes de la Virgen, rostros subacuáticos que ríen estruendosamente, e incluso niños de las cercanías que han avistado una mujer vestida de blanco que los llama. En las noches, vecinos del lugar cuentan haber visto salir de la Cueva de El Agua una persona vestida de blanco que a medida que avanza hacia el observador disminuye de tamaño.

También en el municipio de Niquero se han creado mitos alrededor de la formación natural denominada El Monigote, surgida producto de la erosión diferencial. Es una tradición de los pescadores utilizarlo para guiarse, cercano al faro, y también lo toman como punto de referencia los que calan redes cerca de la costa.

En otras locaciones como en el montañoso municipio de Guisa, en la comunidad El Sordo, existe una cueva pequeña descubierta por un lugareño, en forma de altar, en cuyas aguas las hondas formaban una imagen asociada a la Virgen de La Caridad del Cobre; allí se erige una imagen al parecer de yeso, denominada como “Virgen de Manuelico”, pintada de azul, rojo y blanco a la cual se le hacen oraciones propias de la Iglesia Católica y se le ofrecen variados elementos.

En la localidad de San Isidro, Guisa, se rinde culto a la Virgen de la Caridad. La figura de una virgen en forma de “alto relieve” en una cueva del lugar fue descubierta por Emerio García Carrazana, hace más de 70 años; se le conoce como la virgen de San Isidro. Además se pueden encontrar allí otra virgen pintada en el techo, una cruz pintada en la pared y un rostro en una estalagmita. Se les realizan distintos tipos de ofrendas y pedidos. La caverna sirvió como refugio a  más de 30 personas durantes la Batalla de Guisa.

En el municipio de Jiguaní, comunidad San Pedruco, El Guao, existe un  bloque de roca caliza carsificado blanca, que aparenta un rostro humano; sus ojos de color rojo muy oscuro parecen nódulos de hierro, común en este tipo de roca. San Pedruco no está vinculado a ningún santo. Fue descubierto por Armando Aguilar antes de 1959. Entre las principales ofrendas se encuentran velas, flores y menudo blanco, cualquier día o cuando se necesitaba. Era una de las recomendaciones que para sanar recomendaba la curandera del lugar.

Por último en un montículo ubicado en Playa El Mango, Río Cauto, el sitio más alto del lugar, se salvaron durante el ciclón Flora unas 700 personas. Se halla consagrada a la Virgen de la Caridad de El Cobre. Allí se construyó una capilla edificada con el dinero recaudado entre las personas que se salvaron. En ella se realizan las peticiones normales a la Virgen. Se le atribuye el milagro de haber salvado a las personas antes mencionadas; se le ofrecen flores y velas.

Luego de encontrarse varios días en esta locación uno de los vecinos encontró una virgencita, de calamina o platino, y las personas allí reunidas determinaron que había venido a salvarlos. Las aguas comenzaron a bajar y todos sobrevivieron. Debido a ello después del ciclón los habitantes del lugar fueron al Cobre y adquirieron una Virgen de yeso.

En los casos estudiados la naturaleza ha “sugerido el mito”, con rocas y recintos que aluden vírgenes, y figuras antrozoomorfas. La elaboración en todos los casos es una construcción colectiva, sin que medie el aporte de sacerdotes o religiosos. Es significativo que algunas de estas áreas actualmente se están despoblando, y a pesar de ello un número importante de personas continúan visitando estos lugares sagrados.


Etiquetas: Patrimonio

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