Sindo Garay, su presencia en Bayamo.

El 12 de abril de 1817 nació en Santiago de Cuba, el maestro Antonio Gumersindo Garay y García. En su casa nunca faltó la música, y sin una formación musical se convirtió en un excelso músico cubano. Sumido en franco analfabetismo musical, logró secuencias armónicas y melodías que impresionaron a más de un estudioso.

Con solo diez años compuso “Quiéreme trigueña”, siendo esta su primera creación musical. Pepe Sánchez era uno más en la casa de los Garay, “Pepe fue un gran cantador y cubanizó la canción. Tiene que figurar como precursor de la trova cubana. Él fue el único maestro que tuve en mi vida. ¡Lo digo yo: Sindo Garay!”. Aunque también a Sindo le fue dado el privilegio de conocer a Martí.

A los 16 llegaría la primera guitarra, regalada por su hermano. Con esa misma edad comenzaría a auto alfabetizarse al no poder contestar una carta de amor a una muchacha. Sobre su vida vale decir que Sindo aprendió toda suerte de acrobacias circenses y que más de una vez se ganó el sustento con ese trabajo.

Por otro lado jamás aprendió una nota musical, sin embargo sus obras han sido consideradas por prestigiosos como lecciones de armonía y composición. Recibió y recibe numerosos elogios por su increíble capacidad como creador. En broma, el trovador decía que su nombre era muestra de su ignorancia musical: Sin- Do, y que sin Do componía. Como ha demostrado la historia realmente no le hizo mucha falta saber.

No por casualidad, Antonio Gumersindo Garay García fuera bautizado por Federico García Lorca como “El Gran Faraón de Cuba”.

Su larga vida de 101 años estuvo siempre matizada por el sonar incansable de guitarras y cantores que, en su natal Santiago, y ya desde la cuna, alegraban la “pobrísima” suerte de una familia de artistas.

Gracias a su obra tenemos un escalón más desde el cual seguir inventando melodías, una luz que no deja arder en muchos ojos. Y desde entonces, cada vez que suena una guitarra con poesía entre sus cuerdas, alguna pícara sonrisa de trovador se enciende tras del aire y se da un trago a la salud de la trova.

Sin la vanidosa pretensión de realizar una obra completa sobre el tema, nos proponemos dar un acercamiento a su estancia en Bayamo, para una historia de vida.  

En una narración que hizo para el libro Sindo Garay: Memorias de un trovador de Carmela de León, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2002, nos dice Sindo:
“Andaba por Bayamo allá por el año 1918, con mi hijo Guarionex, como siempre, y con mi inseparable guitarra. Por aquel entonces, vivía en Bayamo un gran amante de la trova, el bayamés Eleusipo Rodríguez, que daba alojamiento a cuanto cantador le cogía el amanecer en el serenateo, y mucho más si este estaba bruja. Eleusipo era un buen amigo, y en todas las ocasiones que yo visitaba Bayamo por aquellos tiempos, allá me iba a compartir el trago y las canciones. La noche antes de ocurrírseme “La mujer bayamesa” recuerdo que un grupo de cantores habíamos andado regalando serenatas a las muchachas bayamesas”.

Siendo hombre de pueblo, que tuvo grandes pasiones: la música trovadoresca, la patria y la familia;  unió otra más, el amor por Bayamo y sus moradores.

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