La caída del gallo 

Tomado del perfil en Facebook de  Raylven Friman Ramirez 

Muchas personas preguntaron sobre esta pieza mostrada, en la expo De Fin a Principio que estuviera abierta al público hasta hace muy poco en mi estudio-taller y – aunque no todo es para ser contado- aquí les va una breve historia sobre su origen. 

Resulta que en la casa donde viví mi infancia, como en cualquier hogar del campo, existía una pequeña crianza de gallinas criollas. Nunca supe cómo un buen día llegó a nuestro patio una polluela. Esta era un regalo que alguien hizo a mi abuela y según afirmaban los adultos era variedad «Marrueco». 

Mi amada abuela fue una extraordinaria persona; ponía siempre total dedicación a todo lo que hacía y se dio a la tarea de ir cruzando sus gallinas con esta «Marrueco», solo por cuestiones estéticas pues la recién llegada tenía un detalle en sus plumas en la parte de atrás de la cabeza. Con paciencia y empeño logró un patio de gallinas cruzadas pequeño pero distinguiendo que muchas veces era elogiado por quienes nos visitaban. 

Transcurrió el tiempo, ya mucho más grande yo, recuerdo dejaron un pollo para gallo. El tipo era un personaje no solo por haber salido bien en el cruce – tenía un color lindísimo, era el típico gallo canelo, verdaderamente hermoso- sino además por ser sobreprotegido a más no poder por mi abuela. Imaginen que en varias ocasiones la visitaron peleadores de gallos finos ofreciéndole dinero por las espuelas, pero su protectora respondía con su típica expresión: «No señor, de eso nada. Mi gallo se queda tal cual. Natural como es él.» 

El Gallo Canelo reinó por mucho tiempo. Orgulloso, vanidoso, envalentonado. Había que verlo caminar con su falsa moñita de Marrueco, colorido plumaje y espuelas bien dotadas. Lucía arrogante en el gallinero. 

Pero bueno, la vida está llena de sorpresas y un mal día acabó su buena suerte. 

Aquella tarde se pusieron a hervir yucas para la cena en un fogón de leña que estaba fuera de la casa. Cuando estuvieron listas para comer se sacaron y fueron llevadas a la cocina. Allí quedó el agua en que se cocinaron. 

Quien les narra esta historia les cuenta que esa madrugada el rey del patio no cantó. Al amanecer todos quedamos sorprendidos al ver al GALLO CANELO colgando por su espuela del palo en que dormía. Abuela nos explicó que lamentablemente el mimado de nuestro humilde y hermoso gallinero había muerto de «guararey» (enfermedad que los campesinos cubanos atribuyen al consumo excesivo de yuca) por beber agua de las yucas hervidas la tarde anterior. 

Cierto es que luego no faltó gallo con cruce marrueco en nuestro «distinguido» patio, pero la historia del primer gallo CANELO va en mis recuerdos de infancia. Ellos volvieron a mí en el momento de realizar la pieza que les comparto acá.

Gracias.

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