“Flor más autóctona de la Revolución”

Por MsC. Yanurys Andino Castro.

“¡Quienes saber el sentimiento que alberga un corazón comunista, quienes deseen conocer la sensibilidad humanista que hay en el corazón de los revolucionarios cubanos, debe estudiar la vida de Celia!”

                                                       Armando Hart Dávalos (11 de enero 1980)

Celia mujer enérgica que por derecho propio ocupa un lugar cimero en la historia de este proceso revolucionario y de quien muy joven, se identificó con  los intereses de los pobres, de los necesitados de justicia y pan. Y eso sería, precisamente, la fuerza motriz para transformarla en la Norma de la clandestinidad  y la Aly de la guerrilla, en la ejemplar mujer de trabajo, a quien el pueblo agradecido recuerda.

 Celia transitó de la percepción de la necesidad de “hacer algo” contra el estado de cosas existentes en nuestro país, a la toma de conciencia primero y a decisión madura más tarde, de incorporarse a la lucha guerrillera, después de haber pasado por el difícil filtro de la lucha clandestina, donde siempre se destacó, como admirable y ejemplar combatiente.

Ella entendió además, la única vía para la transformación revolucionaria de la sociedad en la cual vivíamos era la insurrección armada, por eso no asombró a quienes la conocieron en aquellos momentos, saber de su vinculación desde el principio a tareas conspirativas y verla convertida con posterioridad, en una de las más firmes colaboradoras del inolvidable Frank País.

Lo que más debe admirarse de Celia es haber abandonado una vida holgada y una sólida posición económica, y dejarlo todo, para ir a arrostrar los peligros y vicisitudes de una combatiente clandestina, acosada y perseguida, constantemente  y después, cuando ya su vida corría peligro inminente ir a compartir la dureza y hostilidad del medio serrano, como una guerrilla sin existir privilegios por su condición de mujer.

Celia dejó una huella tan profundad en su pueblo, porque siempre lo amó y antes de ser la heroína conocida, allá en el humilde central azucarero donde vivió, manifestó en obras y acciones concretas esas preocupaciones por los menos desfavorecidos. Darse sin interés a quienes lo necesitaban, encontraría el cause apropiado en la Revolución cubana, donde utilizó el poder ganado y conferido, no para vivir mejor, sino para hacer el bien. Esto también trascendería a otros pueblos, al solidarizarse con su lucha.

La “Flor más autóctona de la Revolución”, como la calificara Armando Hart Dávalos en su despedida fúnebre, en todos los sentidos, ejemplo insuperable para los revolucionarios cubanos y un paradigma para las nuevas generaciones.

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