Redentores cabalgando: la Patria os contempla orgullosa.

Por Isolda Martínez Carbonell.

Las líneas presentadas no contienen una acuciosa búsqueda investigativa ni otro arrojo que la misma espiritualidad que encierran dos símbolos  extremadamente conmovedores de la historia cubana: el Himno de Bayamo  y la piedra que custodia las cenizas de Fidel Castro Ruz en el cementerio de Santa Ifigenia en la provincia de Santiago de Cuba.

Pedro Felipe Figueredo Cisneros, compositor  del Himno de Bayamo, fusilado el 17 de agosto 1870,  enfrentó la ejecución con la convicción de un patriota ilustrado por las leyes de la época que no permitían otra osadía que la sumisión de una colonia a la metrópoli española.

El estado de salud frágil en el cual se encontraba cuando fue hecho prisionero por los españoles no le consentía  apenas caminar por lo que solicitó un coche u otro transporte  y con toda la intención de humillación se le obligó a montar un asno para “facilitar” el traslado hacia la muerte.

El hecho se convirtió en burla para los soldados españoles  sin embargo  el suceso dotó al insigne cubano, a penas sin fortaleza física, de la solemne expresión: “No seré el primer redentor que cabalga sobre un asno”.

El asno o burro es un  animal extraordinariamente dulce e inteligente. No se asusta con tanta facilidad como los caballos, características de las más apropiadas para montar en ciertas circunstancias. Es el animal cuya existencia permitió recrear  obras clásicas de la literatura universal como el burro entrañable  de Sancho Panza en el Quijote de Cervantes y  la descripción sensible que hace el autor de un burrillo en la narrativa Platero y yo.

El arzobispo español Antonio María Claret realizó parte de su labor evangelizadora en el oriente cubano y montado en un burro atravesó más de 35 veces la Sierra Maestra para ayudar a los pobres y esclavos del lugar aunque su intención no era  la política  se cuenta que debido a su procedencia en  varias  ocasiones  sirvió de mediador entre cubanos y españoles cuando la guerra de independencia.

El salvador de la humanidad: Jesús, montado en un burro hizo la entrada triunfante en Jerusalén cinco días antes de su muerte. “¡Da voces de júbilo, hija de Jerusalén! Tu Rey viene a ti, Justo y dotado de salvación, Humilde, montado en un asno, en un pollino, hijo de asna”.

La Biblia presenta al asno como un animal utilizado para grandes trabajos que simboliza la cabalgadura de  la paz, disciplina, humildad, fidelidad, docilidad y aun cuando sea  sumisión la historia concibe la paradoja de un hombre que después de montar el asno que provocó la burla de sus ejecutores recibió, de pie y con la honorabilidad de uno de los  cubanos protagonistas del inicio de  las luchas por la independencia,  las balas que le engrandecieron el corazón y llevaron a su memoria la letra gloriosa compuesta casi tres años antes en la Plaza que rememora cada octubre el canto del llamado de la Patria a la libertad.

Perucho Figueredo destinó su último respiro a confirmar  la idea esencial de su melodía: ¡Morir por la Patria es vivir!. Fusilado en Santiago de Cuba  región mambisa y rebelde que constituyó el escenario profundo  del último periodo de lucha independentista en la cual un grupo de jóvenes en el año 1953, como aquellos que elevaron el grito de libertad en 1868, se imponían para dar el fin a la obstinación tiranizada.

Morir Perucho para que se eternice la continuidad ensangrentada que forjó la libertad gloriosa en la misma zona geográfica que llevo a Fidel Castro  83 años después con el asalto al cuartel Moncada a identificarse con el Bayamo intrépido y natural que no fue  más que el compromiso consciente  con la generación del 68 en el año del centenario del nacimiento de  Martí.

Mambises, campesinos y guerrilleros cabalgando: asnos, burros o mulas para contribuir  a fortalecer  un ejercito verde olivo cuyo líder es resguardado por una piedra movida del mismo  crisol de la Sierra Maestra, fortificada por juventudes plenas y barbudas que no tuvieron otra razón que el sacrificio que encierra el logro de la libertad ni otra letra y música que ¡A las armas valientes corred!.

Perucho y Fidel descansan en el mismo terruño. Santa Ifigenia, es el crucero bíblico de la patria; la confirmación venerable para que las nuevas generaciones no duden en cabalgar el asno de la laboriosidad, la humildad, la salvación y la paz.

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