Gómez, infinito amor a Cuba

Por Diana Iglesias Aguilar

Desde el respeto y la admiración a quién dió todo y más, hasta la vida de sus hijos, por Cuba, se rinde homenaje desde la filial granmense de la  Unión de Historiadores de Cuba en Bayamo,  a Máximo Gómez Báez en el aniversario 116 de su muerte acaecida en La Habana el 17 de junio de 1905 en pleno apogeo republicano.

Aldo Daniel Naranjo, Presidente de la Unhic presenta el libro: Máximo Gómez, utopía y realidad de una Repúplica, del Doctor en Ciencias Históricas Yoel Cordoví Núñez Presidente del Instituto de Historia de Cuba, volumen que recoge amplio material documental en su mayoría inédito,  oportunidad para acercarnos al pensamiento político y militar de Gómez que posibilita comprender su postura frente a los sucesos relacionados con el fin de la guerra y la intervención norteamericana.

Nuevos miembros de la organización que auna a investigadores y promotores del estudio y divulgación de la Historia de Cuba, reciben en esta fecha significativa el carnet que los acredita como miembros de la Unhic en Granma.

Acompañan a los historiadores los jóvenes Yosbel Martinez y Samuel Lorente, intérprete y trovador con temas cubanísimos alusivos al valor como El Necio de Silvio Rodríguez y a la dulzura del paisaje en La tarde de Sindo Garay.

La Casa Martiana de la Historia Armando Hart, nombre que tiene la institución bayamesa  que también algerga a la Sociedad Cultural José Martí, da continuidad a la Jornada Nacional del Historiador que inicia hoy en Cuba y se extenderá hasta el 26 de julio.

En la cita, la disertación fundamental en torno a Máximo Gómez, estuvo conducida por Aldo Daniel Naranjo, quién con su proverbial memoria y verbo, recorrió la vida y obra de Gómez, nombrado en 1900 hijo Ilustre de Bayamo, región donde vivió y fundó su leyenda que nos acompaña.

El historiador Carlos Rodríguez Lora, aportó elementos de las motivaciones personales e históricas que ubicaron al joven Máximo al oriente de Cuba, donde se unió a la cubana Bernarda del Toro Pelegrín con la que procrearon una docena de hijos, varios de los cuales nacieron en plena manigua redentora y dieron su vida por la causa independentista como el joven Francisco (Panchito) Gómez Toro, caido en combate el 7 de diciembre de 1896 cuando intentaba proteger de la profanación el cadáver del General Antonio Maceo luego de un cruento combate. 

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