Por Diana Iglesias Aguilar

Tristeza y bravura, leyendas y mitos, poesía y emociones, de todo esto tiene y más en su historia el Parque Museo Ñico López de Bayamo, uno de los seis Monumentos Nacionales que se registran en la ciudad antorcha.Si bien hoy es un amplio parque urbano con significado histórico cultural, el lugar fue escogido desde la etapa colonial para edificar el Fuerte España, desde donde se visualizaba el acceso al río Bayamo y la entrada a la otrora segunda villa.

En sus predios se erigió, en la primera mitad del siglo XIX, la torre de Zarragoitía, donde se decía su licencioso dueño había encerrado una doncella. Despertando así la curiosidad de pobladores y el temor en las damas, como la inspiración en poetas y la imaginación de los tejedores de leyendas.Hasta aquí llegó el Conde de Valmaseda en enero de 1869 e hizo acampar sus tropas a la espera del cese del humo y el fuego con que prendieron sus hijos la ciudad antes de darla al enemigo.

Algunos señalan a estos predios como la sede de los primeros juegos de un deporte que se llamaría en buen cubano ” pelota” en el que no dejaban participar ni a negros ni a criollos desafectos a España.Lo cierto es que con los albores del siglo XX el gobierno y ejército republicano erigen instalaciones militares que van cambiando con los años.

Dominada por los códigos del eclectisismo imperantes en la etapa antes mencionada, la arquitectura de las torres de la entrada y la casa de descanso de oficiales, únicas edificaciones vigentes a través del tiempo en lo que fuera luego el Cuartel Carlos Manuel de Céspedes, muestran la elegancia y sobriedad de lo ecléctico. Más allá de la belleza erigida, admirable, hay historias dolorosas de la que fueron testigos las paredes ausentes.

En ellas estuvieron prisioneros y fueron asesinados numerosos jóvenes revolucionarios. Raúl López Boch, hombre maduro que venía herido de La Habana donde participó en el asalto al Palacio Presidencial el 13 de marzo de 1957, encuentra luego de ser delatado, a viles asesinos que lo torturan hasta arrancarle la vida en octubre de ese año. La prisión y tortura de Raúl desencadenó el hecho más escalofriante y sangriento vivido en la ciudad en el siglo XX.

También en las masmorras del otrora cuartel de Bayamo, encontró el fin de la vida el joven Osvaldo Herrera, teniente Auditor de la tropa de Camilo Cienfuegos. Muy joven era Osvaldo y grande su responsabilidad con la Revolución, prefirió privarse de existir antes de delatar en un momento de temida debilidad. Objetos personales y fotos, documentos y ropas, calzados y utencilios de la generación del centenario constituyen la muestra permanente del museo.Junto a la Sala Los Asaltantes, también Monumento Nacional, el Parque Museo Ñico López es un sitio de obligada visita.

Esta sala ubicada a unos doscientos cincuents metros del museo, constituye parte importante del discurso museográfico relacionado con el asalto del 26 de julio de 1953 pues este local fue adquirido por Renato Guitar Rosell para reunir a sus compañeros de lucha y pernoctar antes del asalto. Fidel llegó de visita en la noche del 25 de julio procedente de La Habana y camino a Santiago de Cuba. Con él se sincronizaron los relojes que sonarían en la mañana de la Santa Ana.

En 2019 el colectivo fue merecedor de la Réplica del Machete del General Máximo Gómez, reconocimiento a la preservación y promoción de los valores patrióticos e históricos. Única institución que en Granma tiene en los últimos dos lustros tan alto reconocimiento.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies