Título: El instructor de arte y el promotor: protagonistas del trabajo cultural en la comunidad.

Por Lic. Yaisell Rosales Espinosa y Lic. Luis Enrique Durán López

El trabajo cultural en los diferentes espacios sociales, dígase instituciones o comunidades, se encamina a la formación o rescate de valores éticos y estéticos que permitan el proceso de transformación  del individuo y de la sociedad en su conjunto. En este proceso intervienen diferentes agentes sociales tales como: comunitarios, trabajadores sociales, representantes de la comunidad, etc. Sin embargo debemos destacar a los instructores de arte y los promotores culturales que desarrollan un sistema de relaciones coherentes y coordinadas en función de lograr objetivos, tomar decisiones y transformar las dinámicas de trabajo en la comunidad.

En Cuba se suele centrar la atención en la labor del instructor de arte en función artístico pedagógica. Mientras se designa al promotor cultural las acciones de promoción sociocultural desde una dimensión de educación comunitaria.

Sin embargo, aunque diferentes, es importante reconocer que existen funciones homogéneas entre estos agentes de cambio sociocultural por ejemplo: se desempeñan en un escenario común, sus misiones se encaminan a reafirmar los valores morales que constituyen los principios necesarios para la concreción de nuestra ideología a través de la educación del gusto estético, el disfrute del arte y la conservación de las tradiciones culturales y artísticas en pos de preservar la cultura  nacional y  local como símbolo de cubanía. De este modo ambos con  su accionar materializan el proyecto social cubano que tiene una esencia humanista.

Las actividades que desarrollan en las comunidades y en las instituciones, ya sean instructivas, educativas, estéticas, éticas, artísticas y sociales, ofrecen un caudal de oportunidades a los comunitarios para socializar expresiones de cubanía que garanticen la continuidad histórica en la actualidad.

Esta labor demanda competencias, habilidades y características que les permitan promover, acompañar, facilitar procesos de aprendizajes desde la cultura. Deben de poseer aptitudes y actitudes que muestren su vocación. Han de ser comunicadores por excelencia, creativos, con poder de convocatoria, habilidades de integración social y de liderazgo, con conocimientos de metodologías participativas (intervención comunitaria, trabajo comunitario, educación popular), así como de metodologías de la investigación (cualitativa, investigación – acción participativa y marco lógico), para poder realizar diagnósticos precisos, objetivos y participativos que faciliten el cambio y el crecimiento de la comunidad y que mejoren la calidad de vida de sus moradores. En fin, profesionales que prioricen la autopreparación como inversión de calidad y eficiencia.

El instructor de arte y el promotor cultural son agentes potenciadores de cambio, rescatan tradiciones culturales y favorecen el desarrollo sociocultural a través del gusto e interés de la población por lo bello y útil. Promueven la participación en actividades que contribuyen al empleo del tiempo libre de manera sana. Desarrollan una labor de extensión cultural hacia la colectividad, realizando acciones de apreciación en todas las manifestaciones artísticas y talleres de creación en su espontaneidad. Participan y promueven investigaciones socioculturales, sus resultados los utilizan en la elaboración y ejecución de proyectos, que se correspondan con las tradiciones y necesidades sentidas de la comunidad.

Sin embargo existen funciones inherentes a su labor y que distinguen sus procederes:

El Instructor de arte asume un saber artístico especializado, recibe la preparación técnica metodológica en la Casa de Cultura, que les permite llevar a la práctica los conocimientos que han asimilado, a la vez que participan en actividades metodológicas y demostrativas, las que se realizan en talleres demostrativos, matutinos especiales, búsqueda de información cultural histórica local, trabajos de investigación, sistematización, entre otras. Su escenario de actuación en las comunidades se centra en la escuela, además de organizar actividades de presentación de las unidades artísticas en las manifestaciones del arte.

Por otro lado el Promotor cultural asume un saber artístico no especializado en función de la promoción de la cultura, recibe la preparación técnica metodológica a partir de programas de superación que les ofrece el Centro de Superación para la Cultura. Su escenario de actuación es la comunidad, aunque interactúan con la escuela, para aplicar el conocimiento de aspectos esenciales y organizar actividades de promoción, animación y recreación socio-cultural en las manifestaciones del arte, la literatura y la cultura popular tradicional.

El promotor no es solo un trabajador de las instituciones culturales, es también la persona que emerge de la comunidad con la vocación de favorecer la comunicación recíproca de la población y el público con los creadores o centros de producción cultural.

Por eso los promotores pueden estar en las familias, en las escuelas, en las fábricas o talleres, en las instituciones culturales y de masas, pueden surgir y trabajar en cualquier tipo de comunidad e integrar sus ideas y acciones creativas en la comunidad.

Este agente transformador, en su rol profesional, no puede desdeñar a ninguno de los sujetos que contribuyan al desarrollo cultural, debe ser un facilitador de cualquier elemento  que tribute al logro de su objetivo final, se trata de no centrar una práctica, sino de hacerla alcanzable, tangible  a todo el que pueda erigirse en activista cultural, de manera consciente o inconsciente.

El promotor descubre en las comunidades el talento artístico, el instructor trabaja con el movimiento de artistas aficionados. Ambos aprovechan las potencialidades que poseen los comunitarios y sus recursos expresivos para desarrollar la creatividad demostrando en sus modos de actuación profesional el humanismo, el gusto estético, la sensibilidad, la flexibilidad creadora y un espíritu crítico.

Toda esta interacción entre el instructor de arte, el promotor cultural y los comunitarios favorece la participación popular, la creación de públicos con diferentes gustos  e intereses culturales. Por tanto el trabajo desarrollado ha de estar  encaminado a satisfacer esta diversidad posibilitando el desarrollo sociocultural de las comunidades.

Estos agentes son elementos claves en la política cultural, pues son los encargados de establecer la adecuada relación entre el movimiento artístico y el resto de la sociedad. Además de llevar a la práctica las acciones que a partir de la política cultural, programas, proyectos, conducen al desarrollo cultural, al enriquecimiento espiritual y a elevar la calidad de vida en territorios y comunidades.

Unido al accionar de estos agentes se encuentran las Casas de Cultura, instituciones encargadas de asesorar técnica y metodológicamente los procesos culturales comunitarios desde la apreciación, creación y promoción del arte y la literatura, con énfasis en la transformación de necesidades culturales, el fortalecimiento del Movimiento de Artistas Aficionados (MAA), la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI) y la formación de públicos, para contribuir al enriquecimiento de la vida cultural de la población.

Desde la propia institución  se proyecta el trabajo cultural comunitario a través de los talleres de apreciación y creación;  así como la atención técnica relacionada con la labor del promotor cultural; se trabaja además en áreas como la atención al MAA, las asociaciones de personas con discapacidad y los proyectos comunitarios, coordinados con organizaciones y organismos. 

Para la realización de estas estrategias de trabajo comunitario ha sido fundamental poseer una comprensión mucho más abarcadora de la cultura, reforzando su función social y el papel que la misma desempeña en los cambios conductuales y en la elevación de la calidad de vida de individuos y grupos.

La mencionada institución sociocultural, juegan un importante rol en el fortalecimiento de valores tanto estéticos como éticos y morales a través del Movimiento de Artistas Aficionados conformados por los diferentes grupos etáreos, donde el artista aficionado no sólo es el agente que brinda alegría y satisfacción a los comunitarios, es también depositario de una responsabilidad que, principalmente, se evidencia en las metas que se propone alcanzar con su arte y contribuye al proceso de crecimiento espiritual de quienes le rodean.

Las casas de cultura se han constituido en uno de los principales focos culturales de nuestras ciudades y desde su creación han sido instituciones que dan respuesta a las necesidades socioculturales de la comunidad, propiciando el desarrollo de su vida cultural, con la asesoría de instructores de arte, promotores culturales, creadores e intelectuales.

Por tales razones, cualquier forma de trabajo que se aplique a nivel de barrio o de comunidad no se puede ver excluida del trabajo que desarrollan allí las organizaciones, instituciones y piezas de la comunidad. La coherencia y unificación de los esfuerzos y de las acciones es un elemento cardinal para obtener efectos positivos.

Entonces se evidencia lo importante y necesario que resulta alcanzar un mayor desarrollo cultural en las comunidades de nuestros territorios, para así contribuir al logro de un proceso de transformación de la realidad en función de la calidad de vida de la población, que tiene como supuesto teórico a la comunidad como objeto y sujeto de su transformación, y como principio básico la fe en la persona.

No obstante, la práctica cotidiana continúa demostrando que aún se está distante de lo que se aspira en materia de trabajo comunitario pues en la mayoría de los casos no se logra articular coherentemente el anhelado trabajo comunitario integrado. Ese proceso soñado, pensado y ejecutado desde la comunidad, para la comunidad y con la comunidad. Por lo cual, actualmente el trabajo comunitario se presenta fragmentado, parcelado, poco intencionado, verticalista, según refieren las fuentes consultadas.

En fin, para implementar el trabajo cultural comunitario de la manera que se aspira, se  hace necesario comprender que junto a la voluntad político − estatal de mantener los logros alcanzados en esta esfera, se hace  imprescindible la participación activa, creadora y comprometida de los más diversos grupos de la comunidad, reforzando la comprensión de la unidad, a partir del respeto a lo diverso y reconociendo que la identidad refleja una actitud “viva” cuando se foguea en lo más cercano al hombre: su barrio, su comunidad, su localidad.

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