Crear en tiempos de covid

Por Luis Carlos Suárez.

Padecemos un tiempo de lacerantes paradojas, una de ellas: el poder casi ilimitado de las comunicaciones que acerca mundos, destierra fronteras y convive con grandes estándares de incomunicación e incomprensión entre los seres humanos.  Lo que podría acercarnos nos aleja o pasa cerca sin tocarnos, determinadas jerarquías nacidas del que tiene el control  y acceso a los medios, ahonda las separaciones, muchas veces la idolatría a las novedades comunicacionales encierra al ser humano en cárceles de sí mismo, o se convierte en resorte de la misma enajenación que una realidad, a veces aberrante, le impone.

Por otro lado está, el que en ocasiones nos referimos a esos medios, como si todos los seres humanos tuvieran el mismo acceso a ellos, olvidamos que muchos carecen de la posibilidad de adquirir un teléfono inteligente y no tienen  la entrada a las redes de internet y los artilugios que la sustentan.

Sin embargo, no podemos permitirnos generalizaciones y fatalismos, porque esos mismos medios también se han convertido en puertas abiertas a la democratización de saberes y al panorama cultural del mundo, de tal forma podemos entrar a los museos que nunca podríamos ir, degustar libros que ayer parecían inaccesibles, vivir la actualización de la problemática política y social y comunicarnos con amigos y familiares que ya creíamos perdidos en la diáspora cubana por el mundo.

En realidad con los nuevos medios de comunicación, estamos realizando una nueva lectura del mundo, de nuestro entorno, de nuestra realidad, todo de forma veloz y muchas veces montados en el caballo de lo efímero. Con nuestro celular tiramos fotos que quizás mañana no vemos y terminamos borrándolas; una verdadera compulsión de registrarlo todo en fotos y videos. Y entran a nuestras vidas tragedias estremecedoras, accidentes terribles, intimidades que se hacen públicas y virales, peleas callejeras, catástrofes naturales. Somos capaces de acceder, sin pudor, a los instantes finales de una vida, borrada de la existencia por un disparo o arrastrada sin salvación por las aguas de un río en medio de un huracán.

Nuestro país, con un cierto retraso pero con la energía e inteligencia de sus mujeres y hombres, entró ya al dinámico y necesario mundo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Y es determinante su influencia en los procesos económicos y sociales en sentido general, aunque no podemos darle la espalda a la realidad de que esos medios no están en manos de la totalidad de la población y no podemos hacer valoraciones generales de su uso cuando el campo a valorar es todavía limitado.

Las circunstancias en las que vive nuestro país, agredido por el bloqueo más extenso y cruel nunca visto, lacerado de forma sistemática por el imperialismo norteamericano, han incentivado la creatividad y búsqueda de soluciones en todos los campos para poder subsistir.

Sería interesante estudiar esa creatividad en el llamado período especial, ya sea en el campo de la alimentación, en el de las vestimentas, transformadas por la aguja salvadora de madres y abuelas, hasta considerar las variedades de medios para cocinar con aquellas cocinas a las que había previamente que calentarle las varillas, lo que a veces se convertía en misión imposible, y qué decir de los inventos para suplir al jabón que no existía para bañarnos y lavar la ropa.

La entrada a nuestras vidas del azote de la pandemia de la covid 19, ha constituido un reto para el sector de la cultura, sobre todo en el campo artístico- literario que tanto necesita de la presencia del público. Para un escritor presentar su libro en una feria rodeado del público, dedicar su libro al lector o lectora esperanzados que solicita tu firma, es uno de los grandes estímulos.

Las actrices y actores testimonian con regularidad lo que significa la presencia del público durante la representación teatral, lo que hace del teatro una manifestación única con el privilegio de un público en vivo, sin las mediatizaciones  que requiere la televisión y el cine, la felicidad del pintor, del escultor, cuando ve a su público escrutar la obra y observa sus reacciones. Y qué diríamos del diálogo a veces callado, a veces festivo, entre los músicos y sus receptores.

Esas son realidades que cambiaron con la llegada de la pandemia, pero en ningún momento frustraron la intención de artistas y escritores de comunicarse con su público. Fue ahí donde la creatividad, las iniciativas, vinieron a imponerse más allá de la posibilidad de existencia de los medios tecnológicos que facilitan el compromiso con esa intención, porque en el campo del arte y la literatura- con su predominante función estética y su forma especial de comunicación-, no basta con los medios, aquí interviene el poder de adaptación de lo artístico específico al mundo de estas tecnologías y hubo que hacer que la literatura se moviera con los resortes de la oralidad para un público que no tiene el texto en las manos pero sí su nivel de percepción del producto artístico.

El teatro creó nuevos escenarios, adaptó sus guiones o creo textos específicos para ser representados. La creatividad siempre a la orden del día, como la que disfruté a partir de las representaciones on line del Grupo de Teatro Andante, de obras de autores cubanos y donde se utilizaron objetos inusuales como zapatos para representar un tiburón en diálogo con un cangrejo.

Un verdadero estímulo ha sido como la Décima, esa estrofa poética arraigada en nuestra identidad, es presencia constante en programas televisivos y radiales. La Décima con su ritmo inconfundible, su musicalidad y su gracia popular, demostró ese poder de comunicación que la tipifica y engrandece. La música se ha destacado, es presencia insustituible, en ocasiones unida a la poesía. Y no ha faltado lo mejor de la música popular, la música clásica, el jazz.

Todas estas obras desde escenarios reales, desde la sala de la casa convertida en set de televisión. La literatura no dejó de manifestarse, sobre todo la poesía, que acompañó a los spots publicitarios relacionados con la pandemia, sostenida por voces de populares actores y actrices, los recitales de poesía colgados en   las redes, y qué decir del mundo de la fotografía y los documentales con obras de dramática belleza. Ver estas experiencias, vivirlas desde nuestros trabajos y nuestros días nos dice que todo no está perdido, que la cultura ha venido, en tiempos de pandemia, a entregar su corazón

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