Critica Artístico-Literaria y Eticidad

Por Luis Carlos Suárez

La creación, en cualquiera de las manifestaciones del arte y la literatura, se ve afectada cuando la crítica actúa sobre ella. Toda obra  trabajada con vocación y entrega, lleva en sí horas de desvelo, pero también brotes de sueños, ilusiones, esperanzas, y también de  dudas e incertidumbres. Así las creaciones salen a la luz y empiezan a vivir en las galerías de arte, en los escenarios, en los estantes de las librerías, en las pantallas cinematográficas, en los espectáculos de diferentes tipos, en los medios digitales.

Es, o debería ser, una suerte para el artista, que la crítica se detenga en su obra, muchas veces el creador envejece sin que el criterio especializado toque a la puerta, lo que tiene un significado no solo para el creador sino para los diferentes públicos, que pierden  la oportunidad de acceder a una orientación, a una guía, de esta manera se anula el poder de iluminación que toda crítica ejerce, y a nivel más global, en el ámbito social, no se realiza su necesaria influencia en el proceso de la creación literaria y artística.

Si estamos convencidos del significado de la crítica para el creador y el entorno social donde el arte y la literatura se realizan, el ejercer el criterio se colma de una alta responsabilidad. La crítica bien concebida, avalada por el estudio riguroso y la apoyatura de medios analíticos confiables, serios, puede ser de una ayuda incuestionable. Una crítica superficial, apurada, sin los fundamentos necesarios,  llega a ser dañina, desorientadora y no estimulante, sobre todo si es un autor joven, con la inexperiencia del que se inicia, en un momento de búsquedas, pero carente de certezas que le permitan enfrentar un criterio  equivocado sobre su realización.

Muchas veces se nos presenta una crítica estimulada por motivaciones extra-artísticas, parcializada por amiguismos, compromisos y deudas. De esta forma la crítica  deforma su rol constructivo y se va por caminos no éticos. La historia del arte y la literatura ponen en evidencia muchas de estas actitudes. Otras veces puede pasar que al no entender un crítico el carácter renovador de una obra, lo transformador de su realización, haga que su crítica desatinada la desestime y no valore su grandeza. André Gide, el controvertido escritor francés, quien recibiera el premio Nobel de Literatura, reconoció sentirse avergonzado por ser uno de los máximos responsables de que la obra de Proust Por el camino de Swann, no fuera publicado por la prestigiosa editorial Gallimard (1). Asimismo Sainte-Beuve degradó la obra de Stendhal y sin embargo el enorme Balzac habló de su grandeza. Es por eso que Ernesto Sábato, el  escritor argentino le responde al joven escritor que lo consulta, y refiriéndose a determinadas injusticias con respecto a obras que fueron subvaloradas le dice: “La verdadera justicia solo la recibirás de seres excepcionales, dotados de modestia y sensibilidad, de lucidez y generosa comprensión” (2).

Por estas y muchas razones no basta que un crítico tenga conocimientos, gran cultura y maestría a la hora de emitir una opinión sobre una obra determinada. Junto a estas cualidades imprescindibles debe estar el respeto a la obra, modestia, y sobre todo sentido de la responsabilidad y un compromiso ético insoslayable.

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Notas:

1 Laura Freixas: “Prólogo”, en André Gide Diario (Colección Folio). Editorial ABC, S.L. Madrid España, p.18.

2 Ernesto Sábato: “Cartas a un joven escritor”, en Rainer María Rilke; cartas a un joven poeta/Ernesto Sábato; cartas a un joven escritor. México, Mérida, Yucatán. Editorial Dante S. A. 1987. P.78.

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