Mitos e imaginarios que sustentan la violencia machista. Revertir el proceso desde la docencia especializada.

Por MSc. Juventina Soler Palomino y Lic. Yaisel Rosales

Cuando parte de nuestra actividad diaria es ser docente, casi siempre tenemos un incansable análisis de la realidad que nos rodea, porque es imposible concebir un proceso de aprendizaje sin tener en cuenta la época en la cual vivimos y desarrollamos las prácticas sociales y culturales, entre otras.

La docencia en el campo cultural implica un amplio espectro de disciplinas a organizar en función de objetivos específicos de la política cultural, el programa y las misión y visión de las diferentes instituciones; aplicadas a especializaciones que complementen el diapasón necesario para las prácticas laborales.

La Cultura como sector determinante en la sociedad cubana está en disímiles componentes a seguir para su completamiento social y educacional, los estudios de géneros y sus especificidades son muy necesarios para revertir los procesos de violencia y desigualdades en la sociedad cubana.

Específicamente, uno de los talleres que se imparten en el Centro Provincial de Superación para la Cultura de Granma está verticalizado en los mitos e imaginarios que sustentan la violencia machista y como se puede revertir este proceso.

Desde la docencia iniciamos un proceso cognoscitivo para llevar a las personas, desde los contenidos iniciales hasta los más complejos, pero siempre nos encontramos una barrera de contención porque estos mitos e imaginarios están muy naturalizados en Cuba y los (las) estudiantes muchas veces no los identifican.

Para invertir estos conocimientos lo primero que hacemos es familiarizarlos con los elementos de la violencia desde el punto de vista sicológico y desde ahí  se introducen los mitos que sustentan esa violencia. Como es un taller, posibilita encausar el proceso desde la práctica para lograr analizar estos problemas fuera de las normas de la cultura patriarcal.

Por la experiencia, la  primera interrogante es por qué solo se habla de la violencia hacia las mujeres y no se contempla lo contrario, o sea, la violencia hacia los hombres,  la respuesta es a través de las estadísticas que dicen, claramente, como la mayoría de las mujeres que mueren en el mundo por causas violentas lo hacen en el espacio privado, a manos de sus parejas, exparejas o familiar cercano; en cambio, cuando  los hombres mueren, casi en su totalidad por causas violentas, lo hacen en un espacio público a manos de un desconocido;  con esta demostración que implica las  estadísticas, se rompe la primera barrera de contención cognoscitiva para adentrarnos en el contenido.

En el taller se analizan tres ejes fundamentales que sustentan los mitos e imaginarios de la violencia machista; el primero, la justificación del maltratador manifestada en “sus razones tendrá”; la segunda, la negación o minimización de la acción violenta “no es un problema”; y la tercera, la culpabilización de la víctima “algo debe de haber hecho para merecerlo”.

Lamentablemente, estas justificaciones están muy enraizadas en la ideología patriarcal de la sociedad cubana, esto viabiliza la posibilidad de aumentar la violencia machista y que las mujeres no puedan salir del círculo de la violencia.

La educación patriarcal está sedimentada, y las  demostraciones son numerosas e incluso de feminicidios como la consecuencia máxima de la violencia machista, lo cual manifiesta muy claro, la necesidad  de revertir este proceso desde todas las esferas de la sociedad, haciendo énfasis en el campo de la Cultura porque sus prácticas se implementan desde los productos artísticos y literarios, que en su conjunto se elaboran a partir de las subjetividades de  los códigos estéticos, las cuales pueden construir la violencia simbólica a manera del tratamiento sexista de las imágenes y representaciones sociales de lo femenino, invisibilización de las voces femeninas y sus problemática en los medios de comunicación y en la industria cultural.

Revertir los mitos y los imaginarios que sustentan la violencia machista desde la docencia, como un sistema cognoscitivo desarrollador de habilidades identificativas es un eslabón determinante para  cada especialista de las instituciones, directivos y reservas; además, el sistema de la cultura cumple así con el trabajo social y preventivo que tienen implícito las prácticas artísticas y literarias.

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