El poeta romántico

Por Diana Iglesias Aguilar

A Bayamo le nació un poeta romántico el 24 de febrero de 1832, que marcará hito en la poesía hispanoamericana trazando nuevas líneas. Juan Clemente Zenea y Fornaris, aclamado por sus versos y cuestionado por sus acciones, unos le condenan y otros le aplauden, pero no podemos sustraer su vida del duro contexto que le tocó experimentar en los ámbitos familiar, social y político. Sobrino por línea materna del también poeta bayamés José Fornaris y Luque, quedó huérfano desde muy pequeño y luego en manos de su tío paterno, pues su padre un teniente español se vió impelido de viajar a España y dejar al vástago en La Habana, donde se abrirían los caminos a las letras.

La capital cubana, llave del nuevo mundo, hacia 1845 era el hervidero cultural y político, donde proliferan teatros, periódicos, revistas, cafés y tertulias, en ambientes más citadinos, dejados por la pujanza del Capitán General español Miguel Tacón que gobernara entre 1834 y 1838, impulsor de cambios en la disciplina social y obras públicas, entre ellaa el ferrocarril, pero a la vez del crecimiento de la ojeriza de peninsulares hacia los nativos en la Mayor de las Antillas que crece a ojos vistas, lo que cristalizará intentos de levantamiento en 1851 y luego el definitivo en 1868 que iniciará tres décadas de guerra independentista.

Lejos del campo insurrecto, pero no ajeno al sentimiento patrio, Zenea se abre camino en el periodismo. Tan temprano como en 1846 con apenas 14 años, publica sus primeros poemas en La Prensa, periódico del que llega a ser redactor tres años más tarde cuando tendrá 17, todo un bisoño chupatintas. Sin embargo la vida glamuorosa de La Habana también lo acerca a los centros de poder de la férrea represión colonial, pues durante esos años, la Mayor de las Antillas es privada de tener derecho a representación en cortes españolas, lo que significa que las preocupaciones de los caribeños son obviadas por los entonces dueños del territorio.

Zenea da muestras desde su juventud temprana de acercamiento y comprensión a las ideas independentistas, que si bien coquetearán luego con el anexionismo, pues pone, como otros muchos patriotas, la esperanza en la ayuda del norte, se involucra desde las letras con el movimiento anticolonial y publica un folleto que le costará sentencia de subversivo y declarado enemigo de España. Con 21 años sufre la primera condena a muerte por Cuba y tiene la suerte de ser amnistiado y sale hacia Estados Unidos.

Conocedor ya de las mieles del amor, por Adah Menken poeta y actriz norteña que visita La Habana con su compañía artística, Zenea va al reencuentro de sus afanes románticos y recorre varias ciudades en norteamérica. Desde allí como antes en La Habana, amalgama con armonía las aspiraciones políticas y artísticas de sus contemporáneos.

Son recurrentes en sus versos temas como el disfrute de la naturaleza y sus expresiones más sutiles, la adversidad y el infortunio, así como el amor y la muerte, temas que transversalizan su existencia y quedan plasmados con extraordinaria fuerza en sus poesías, artículos y crónicas que publica en diversas revistas y periódicos. Ante el despertar independentista de 1868 en Cuba, la trinchera de Juan Clemente Zenea fue el papel, la imprenta, sus armas: la palabra impresa y las ideas que aunan o impulsan, fue un soldado de la ideología, como periodista político y literario, géneros a los que se dedicó, además de enseñar técnicas y saberes de redactor.

En el texto La Revolución publicado en Nueva York al conocer del inicio de la guerra, manifesta su adhesión a la causa libertaria de la patria.Más adelante se involucra en expediciones a la isla, que fracasan como muchas otras saboteadas por los inrereses políticos del gobierno vecino ante la emancipación cercana de Cuba. En 1870 llegará a su tierra de forma clandestina y por última vez verá las palmas y el verde, la lluvia a torrentes y los colores y trinos de aves que le conmueven.

Portador de salvoconducto español, se entrevista con el presidente de la República en Armas, Carlos Manuel de Céspedes, en nombre de la Junta Cubana de Nueva York. Designado por el abogado bayamés para acompañar a su esposa Ana de Quedada, en estado de gestación, hacia el exilio, donde presupone alejarla de peligros. Pero el poeta será hecho prisionero y cuestionada su lealtad por cubanos y españoles, finalmente lo fusilan en agosto de 1871 en el foso de los laureles de la fortaleza de San Carlos de la Cabaña.

Antes, en los ocho meses de confinamiento, escribe sin cesar un poemario que será publicado de manera póstuma con el título de Diario de un mártir, donde vuelve con su lirismo romántico a trazar caminos.En el Paseo del Prado habanero, una estatua inmortaliza su figura, como en Bayamo, ciudad natal de Zenea, su imagen esculpida en mármol sella el término de una de las calles más populosas y principales de la Ciudad Monumento que lleva por nombre el del poeta romántico.

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