Maestro honra al Maestro

Antonio Espinosa Martínez es un guajiro con el don del verbo. Maestro de profesión, funge como historiador del Monumento en Dos Ríos, sitio que estremece al caminante, donde cayera José Martí en mayo de 1895.

Dos Rios, el lugar fatídico de mayo de finales de siglo XIX, fue señalizado por un campesino y su esposa para que tiempo después el Mayor General Máximo Gómez Báez junto a su tropa levantaran el túmulo con piedras de los ríos Contramaestre y Cauto, donde se comenzara a erigir partir de 1915 el actual monumento, inaugurado en 1922, !Casi una centuria! Visitado por niños, jóvenes, cubanos y extranjeros porque Martí es un hombre universal.

El 13 de junio de 1958 llegó el ya Comandante Camilo Cienfuegos Gorriarán con su tropa, eran pocos pero venían con verdadera devoción a rendir tributo al pensador antiimperialista, luego de un periplo atrevido y bravo por Bayamo y la llanura del Cauto.

A pie llegaron atravesando potreros sin apenas probar bocado después de varios días de caminata. Limpiaron de yerbas el entorno, arreglaron con sus manos lo que aún no tenía ni un sendero. Es una suerte estar aquí de nuevo y escuchar de Antonio la historia del lugar, quién llegó y en qué fecha, como fue que se hizo el monumento, la disputa entre el Concejal y el alcalde de Palma Soriano, en el tercer lustro del siglo XX para erigir lo aprobado en el concurso al artista italiano que hizo traer de Carrara en Italia, el preciado material marmóreo.

El egoísmo y el hedonismo, la politiquería de entonces le jugaba una mala pasada a uno de los altares de la Patria. Resguardado por un inmenso bosque con las especies que el Maestro va mencionando en su diario desde Cabo Haitiano a Dos Ríos, por el susurro cómplice del agua al chocar con las abundantes chinas pelonas, y sobretodo por el cariño de la gente que vive en el entorno.

Este sitio es un cantero/abonado en mayo, si/por José Julián Martí/quien vio la luz en enero/Aqui cayó el compañero/que al darme su mano franca/sintió un golpe: por el anca/de su caballo rodó/ y desde el suelo elevó/ la luz de una rosa blanca.Así vio el poeta Juan Manuel Reyes Alcolea, al sitio y al Delegado del Partido Revolucionario Cubano.

Alguien puede pensar que fue aquí el primer y último combate. Se equivocan, Martí había librado los más terribles combates desde su niñez, desde que escribió aquella carta, desde que retó a las autoridades exigiendo dignidad para el cubano, desde las canteras llagados sus pies y herida su alma, desde el destierro y la diáspora.

Combatió con la pluma de periodista, con la intrepidez de un cronista en México, en Nueva York. Combatió contra la abulia y la división en Tampa y Cayo Hueso, contra la traición en Fernandina, contra el desamor…..y sigue combatiendo en cada página ardiente que leemos. Así lo ve el poeta, levantando la rosa blanca. Así lo veo yo y lo ve el maestro Antonio, combatiendo aún desde el sitio eterno de Cuba.

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