María Luisa, la Liana de Lux que debemos conocer

Por Diana Iglesias Aguilar

La poesía de María Luisa Milanés García no se estudia en los programas de literatura cubana, en Bayamo unas cuantas tarjas reseñan por donde pasó, sin embargo estudiosos de la literatura cubana la ubican en un lugar privilegiado, no solo desde lo literario también desde lo social por defender la independencia femenina. No obstante su obra y vida impresionante, es poco conocida incluso entre los bayameses.

El doce de octubre de 1919, en Santiago de Cuba, hace hoy 101 años, bajará a la tumba quien bautizaran al nacer en Cauto Cristo,  como María Luisa Enriqueta del Carmen Milanés y García. Luego de tres días de debatirse entre fuertes dolores causados por el daño autoinflingido con arma de fuego. Suceso que llenó de tristeza a su tierna madre.

La joven se  nombrará con sutileza en los escritos como  Liana de Lux,  así aparece registrada su tumba con un emotivo epitafio escrito en lámina marmórea, acompañado de una gran piedra sin pulir, como lo pidió en la Necrópolis de Bayamo a donde fueron traídos sus restos años más tarde.

 María Luisa Milanés es una poetisa digna de ser estudiada por su obra intensa y valiosa, si tuvo una vida difícil que puede servir de ejemplo, la memoria debe ser conservada y difundida. Apenas algunos textos se han escrito sobre ella y pocas revistas (Orto) reseñaron su poesía, por lo que se hace necesario darla a conocer al público, entre otras razones por que se considera autora del primer manifiesto feminista conocido en Cuba, que se revela en las consideraciones valerosas de su ¨Autobiogafía¨, desgarradora narración de sus días de la corta vida de 26 años.

Como hija de familia con soltura económica, tendrá  lo necesario, aparentemente para vivir muy bien.  Un padre y madre preocupados por su educación e instrucción. Su madre la maestra  María de la Luz García, se preocupó porque la primogénita y única hija del matrimonio recibiera esmerada instrucción y cultura, que contempló además la enseñanza de varios idiomas, literatura universal, artes y como era natural en el siglo XX las labores doméstica, en especial los secretos de la cocina, en los que también se destacó.

Sin embargo el mundo doméstico se tornó duro. El padre, el General Luis Ángel Milanés, participante en la guerra de 1895, era un hombre enamoradizo y sin embargo trataba a su hija con suma rudeza y celo. Tuvo  muchos hijos a los que no reconoció como tal de manera legal. Ser un hijo fuera de matrimonio era común y un lastre de vergüenza que llevaron no pocos hijos. A pesar de que se dice tuvo decenas de hermanos, María Luisa creció sin el afecto de la mayoría.

De María Luisa Milanés se dicen muchas cosas en los libros y artículos que hablan de ella y su vida. Que si fue triste, que si fue malquerida por su padre y luego por el hombre del que se enamoró. Mas allá de su vida privada, que estuvo matizada por sinsabores, la época intentó aplastar a un espíritu femenino que no se dejó vencer.

La joven  escribió y estudió, leyó y se cultivó como era poco común en las primeras décadas del siglo XX lo hiciera una mujer de pueblo. A su obra debemos volver y encontrar los resortes que la llevan a atentar contra su vida, pero antes a rebelarse contra la doble moral, la injusticia, el desamor, y las bajas pasiones. Es una poetisa que debemos conocer, comentar, citar y hacerle justicia como otra de las grandes mujeres que ha parido Bayamo.

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