Ñico, el irreductible

Por Diana Iglesias Aguilar

A 88 años hubiese llegado hoy si no hubiese sido víctima primero de una delación, que lo llevara junto con cuatro de sus compañeros de travesía, a las manos del asesino Julio Laurent Teniente del Ejército de Fulgencio Batista en la región sur oriental aquel fatídico 7 de diciembre de 1956, a cinco días del desembarco por Los Cayuelos en Niquero del Yate Granma procedente de México con 82 expedicionarios que venían a iniciar la lucha insurreccional en Cuba.

Había cumplido los 24 años cuando los golpes y la metralla se ensañaron con su cuerpo de gigante, y no por su tamaño inmenso, sino por la solidez de sus principios, la honradez y coherencia que le caracterizó y lo hizo entrar como uno de los jóvenes admirados de la Generación del Centenario del natalicio de José Martí, por la puerta ancha de la Historia de Cuba.

De incorruptible e irreductible lo calificó Raúl Castro, con quién compartiría la cotidianidad por unos meses, cuando Antonio López Fernández caminaba cuadras interminables para no gastar en transporte, tomaba solo un café con leche y rellenaba con cartones los huecos en las suelas de los zapatos sin quejarse, mientras portaba cientos de pesos en sus bolsillos pertenecientes al Movimiento 26 de Julio, y Ñico, como llamaban  de cariño, no se atrevía a tomar ni unos centavos para su consumo.

Confianza sin límites resume lo que inspira Ñico a Fidel Castro, joven abogado que lidera un movimiento revolucionario dentro de las filas del Partido Ortodoxo. Apenas lo conoce le encarga la impresión y distribución del boletín El Acusador, redactado por Fidel y donde denuncia los desmanes de la tiranía.

Un año más tarde le encomienda ser el líder junto a Raúl Martínez de los asaltantes al cuartel de Bayamo, hecho del que escapó por milagro, pues la persecusión desatada en su búsqueda era insesante.

Participante de actos, protestas y manifestaciones estudiantiles en su Habana natal, Ñico está en las filas de dramáticos acontecimientos acaecidos durante ese breve lapso. Antes, el hijo de obreros, nacido en La Habana, habia sido victima del sistema socioeconómico que impele a niños de 10 años como él o menos, a abandonar los estudios y trabajar para contribuir al sostén familiar.

Siempre al lado de la justicia, Antonio López descubrió en su propia carne la necesidad de luchar desde las organizaciones y luego con las armas. Pensamientos que después del 26 de julio de 1953 lo llevan fuera de Cuba.
Exiliado en México se reencuentra con Fidel y viene el el Yate Granma, es uno de los pilares fundamentales en ese intento. 

Al oriente de Cuba llegará y solo cinco dias respira el aire de la isla grande, pero su nombre y obra se perpetúa en el Parque Museo bayamés que antes fuera cuartel asaltado por Niño y dos decenas de valientes.

En esta institución una colección de objetos y documentos de Ñico nos habla de su carácter y gustos, también de sus compañeros. 
El Museo Ñico López tiene dos inmuebles cercanos, pues el sitio donde pernoctaron los asaltantes se conserva.

El colectivo obstenta desde el 2019 el reconocimiento Réplica del Machete de Máximo Gómez que entrega el Consejo de Estado, por el arduo trabajo en la conservación y promoción de la Historia de Cuba. 

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