Por Diana Iglesias Aguilar

Nacido en la ciudad de Bayamo el once de septiembre de 1844, José Joaquín Palma y Lasso de la Vega, fue el hombre donde convergían la música y la poesía con un profundo sentimiento patriótico e independentista, cual sello de su generación. La que en 1868 rompió las cadenas de la esclavitud y el sometimiento a la colonia Ibérica.

El 18 de octubre el joven que había cumplido 24 años hacía apenas un mes, se desempeña en medio del combate en su ciudad natal, como editor del periódico El cubano libre. Tan necesaria como las balas es la prensa insurrecta.

Boletín independentista que da a conocer al pueblo las declaraciones de los líderes y la marcha de la guerra a la vez que muestra la sensibilidad artística de los patriotas y promueve dejando para la posteridad La bayamesa de Perucho Figueredo, himno que cantará el pueblo a viva voz en la plaza de la iglesia parroquial mayor, al triunfar las huestes mambisas en la primera ciudad libre de Cuba el día 20 de octubre. Hoy celebración del día de la Cultura Cubana.

Tan sólo dos años permanece en la guerra el esbelto Palma, hombre de maneras educadas y gran erudición. Comisionado por Carlos Manuel de Céspedes, Presidente de la República de Cuba en armas, Palma viaja a Centroamérica en busca de alianzas y apoyo para la Revolución.

Con él va Leonela, su muy joven esposa, es la más pequeña hija de los por ese entonces fallecidos Luz Vázquez y Francisco del Castillo, ilustre familia que ha entrado en la historia cultural de la nación y las páginas bélicas más recientes.

No regresará a Cuba el poeta sino en un pequeño osario hacia 1951, para descansar eternamente cercano al añorado río Bayamo y al amparo de un sauce.

Su obra poética aún por estudiar, acopiar y promover se publica en Honduras por vez primera y luego en Guatemala, en Cuba ardieron decenas de cuartillas en la madrugada del doce de enero de 1869.

Entre lo que salva y escribe durante años ya asentado en Guatemala, se recrean los universales temas del amor, la libertad, la añoranza del exiliado y la solidez de los principios de un hombre que hizo con la diestra sin que la otra mano lo notara. Romántico y enardecido, sus versos conmueven e inquietan.

En su nombre de bardo se instaura hace ocho años el Premio al Mérito Literario José Joaquín Palma, para reconocer la obra de la vida y trayectoria literaria de los escritores en Granma, nada más justo para aquel que a falta de ser suficientemente conocido entre sus coterráneos, es venerado en Guatemala como el autor del Himno nacional de aquel país hermano.

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