Sociología y trabajo cultural. Entrevista a David Tamayo González.

Por Luis Carlos Suárez

Las respuestas de mí entrevistado, Director del Centro de Superación para la Cultura de la provincia de Granma, justifican la existencia de esta entrevista. La lucidez y proyección crítica de sus planteamientos, la actualización de sus contenidos, argumentan, una vez más, la necesidad imprescindible de que las acciones de pensamiento y diálogo se conviertan en el escudero principal de la quijotesca tarea de enfrentar los molinos de viento de la superficialidad, la banalidad, el mal gusto, la mala vida y tantos procederes que limitan y obstaculizan no solo el crecimiento espiritual de las personas, sino de la nación misma, que tiene en la cultura el baluarte fundamental para  su desarrollo. Le agradezco a David, la profundidad de sus meditaciones y le recomiendo a usted, amigo lector, que las estudie con detenimiento, estoy seguro se sentirá, como yo, estimulado.

Para un sociólogo de profesión, cómo valora su experiencia en la dirección del Centro Provincial de Superación para la Cultura.

Mi llegada al Centro Provincial de Superación para la Cultura fue en el en el año 2013 donde he permanecido hasta la actualidad, primero como subdirector docente y desde el 2015 en la dirección, pero este es sólo el final, ya en el año 2000 o 2001 quise entrar al Centro, como es natural por mi inexperiencia no se pudo, este regreso es una deuda pagada.

Filosófica y sociológicamente hablando hay sucesos que por su trascendencia llevan a que la ruta de la historia cambie. Si yo hubiera estudiado periodismo, economía, psicología o magisterio, tal vez estaría en otro lugar. Pero no fue así, estudié sociología, estuve en la Universidad de Oriente (UO) desde el año 1991 y hasta el 1996.

Allí en la Loma de Quintero también comprendí la filosofía, la historia universal, la política, la ideología, la psicología y de las mentalidades de aquella especie de Babel donde había estudiantes desde Sancti Spíritus hasta Guantánamo, de África y América Latina. Eso me marcó y cambió absolutamente todo lo demás.

La más grande herramienta que aporta la sociología como ciencia social es su amplitud, lo que posibilita sea aplicada en varios campos, desde el deporte hasta los sistemas empresariales dado sus métodos y técnicas de trabajo, pero sobre todas las cosas por su objeto de estudio, que es universal en todos estos campos: los seres humanos y sus relaciones sociales.

Trabajar en las instituciones culturales me hizo entonces conectar los modos del trabajo del Ministerio de Cultura con la naturaleza de la escuela de sociología de la UO, que tuvo un enfoque antropológico significativo y partió de la propia visión filosófica de Miguel Ángel Matute Peña,el jefe de la carrera, un profesor excelente, una especie de genio: maestro primario, matemático, ingeniero eléctrico, filósofo y un hábil conversador.

Precisamente fueron los estudios antropológicos los que revolucionaron a la sociología, y a los propios métodos de estudio positivistas le agregaron el paradigma cualitativo; mucho más amplio y dado a los enfoques multidisciplinarios. Eso se pudo discutir mucho en las aulas de mi carrera. La sociología me ayudó a comprender mi país, mi barrio, mi familia y a mí mismo.

El Centro de Superación para la Cultura es a mi juicio, entre todas las instituciones de la red del trabajo cultural, una de las pocas donde se pueden aplicar con mayor provecho los estudios antropológicos, los estudios culturales, la sociología, en este caso desde una formación que no limita lo investigativo.  Aportar estas visiones sociológicas a los planes de formación de capacidades y perfeccionamiento de los recursos humanos es otra experiencia positiva de mi vida laboral. Hasta cierto punto me siento satisfecho con lo hecho hasta hoy.

Tal vez algunos temas, enfoques, acciones concretas están cargadas de mi cosmovisión sociológica de la cultura, he apostado por ser sincero. Mi mente siempre está inquieta, no resisto un día sin escribir, pensar, leer, no soy de los que disfrutan estar panza arriba viendo televisión desde la cama.

Me duele mucho que en las instituciones culturales, de las que se esperan buenas prácticas, se difundan valores enfermizos, exista facilismo, se carezca de crítica cultural, proliferen empleados del arte donde se espera que florezcan los artistas.

Los directivos de la cultura tenemos que saber disputarla como espacio público, con un planteo humanista y emancipador. Y eso no se hace desde las improvisaciones, sino desde el conocimiento de las ciencias sociales. La ética es fundamental en todo proceso de liderazgo, yo espero haber sido coherente con ella y con mis compañeros de trabajo. El tiempo dirá si lo hice bien o anduve extraviado.

¿Cuál es su criterio en relación con la articulación de los saberes de la sociología con el trabajo de promoción cultural en la provincia?

Cuando uno se adentra en los estudios antropológicos y culturales percibe que son campos investigativos de inagotables posibilidades y gran utilidad. Sucede que la cultura es una dimensión antropológica de objetivación y subjetivación de los grupos humanos. O sea, los seres humanos portan las culturas heredadas y a la vez las nutren de elementos nuevos, las regulan, las modifican, incluso las destruyen.

Hubo un documento que yo me leí en aquel proceso donde disputaba una plaza como profesor en el Centro de Superación en los comienzos de este siglo, que aún recuerdo con claridad. Entre sus tesis decía que la cultura se genera por tres grandes procesos: el primero es el espontáneo, el segundo es asistido por las instituciones y el tercero es puramente institucional. Esta es una reflexión axiomática de la sociología de la cultura, una vertiente de estudios que en las últimas décadas ha aportado una parte significativa de la producción del conocimiento sociológico mundial.

Luego están los principios básicos de la Política Cultural Cubana que parten de considerar a la cultura como una herramienta descolonizadora y humanista. Con estos aprendizajes es que se llega entonces más coherentes a las estrategias de trabajo concretas, a las áreas claves de del desarrollo cultural, a las particularidades de cada red institucional y a las necesidades concretas de cada territorio.

En esos tres procesos de generación de la cultura, la promoción cultural desempeña un rol de gran notoriedad, al cumplir un ciclo de reconocimiento social, validación y jerarquización de los referentes positivos del arte y los procesos culturales.

La visión sociológica que precisa ser incorporada en estos asuntos no debe esperarse puramente de los sociólogos sino de todo el sistema articulado de las instituciones de la cultura a través de sus especialistas y directivos. Muchas veces la toma de decisiones sobre la base de la masividad, la urgencia y la improvisación destruyen el sentido lógico y descolonizador de la cultura y su fomento, contradicen los principios fundamentales de la política cultural cubana y llevan la nave al naufragio total.

Los procesos de promoción cultural deben alejarse do todo facilismo, de toda improvisación, de toda ignorancia, de la indigencia crítica, de todo lo estéril y de todo lo complaciente. En su lugar han de asumir más responsabilidades y mayores jerarquías en el compromiso con las culturas auténticas y eso solo puede ser posible cuando se asocia a las ciencias, a elementos de las investigaciones sociales, a los estudios de públicos, a los enfoques antropológicos. En ello la sociología tiene mucho que aportar con sus visiones y métodos de estudio.

Las tantas incoherencias que vemos a diario y por doquier pueden ser reguladas solo desde enfoques científicos, si se busca en la sociología pueden ser revertidas. Lo que se hace en Granma no dista de lo que existe en otras partes del país, hay muchas cosas que cambiar y enderezar. La falta de conocimientos es una de las causas de tanta incongruencia. Y la ignorancia y los ignorantes son los mayores enemigos que tiene el desarrollo.

Pienso que los estudios de públicos, del consumo, de los gustos artísticos-literarios y la aplicación de instrumentos sociológicos para apoyar esos estudios, son todavía insuficientes. ¿Qué Ud. Opina?

Hace unos años aprendí conversando con José Manuel Yero Masdeu que los resultados científicos de una región dependen del empeño que sus científicos le impregnen. Él, que ha sido un hombre incansable en sus investigaciones  arqueológicas, me demostró que era absurdo que en los límites político-administrativos de la provincia Granma existieran casi el mismo número de sitios arqueológicos que en el resto de Cuba. Sucede que en los demás provincias, a excepción de Holguín, Matanzas y Villa Clara, apenas se había intentado explorar.

En Cuba sólo ciertas universidades y algunas instituciones específicas pueden demostrar que han estudiado a los públicos y la cultura, aunque de forma sectorializada.

A mi juicio las investigaciones cubanas en estos microcampos de investigación: estudios de públicos, consumo cultural, gustos y preferencias, que a su vez son grandes en sí mismos, son apenas perceptibles, una contradicción con respecto a las tribunas y discursos que denuncian las problemáticas de la cultura que hablan de fenómenos adversos en las prácticas del consumo y de la hegemonía cultural.

El Ministerio de Cultura, después de aquella gran investigación décadas atrás para confeccionar el Atlas Cultural de Cuba no ha hecho otro estudio integral de esa magnitud. Hay varias instituciones que estudian la cultura pero desde la historiografía, como ha sido práctica de la Casa de la Nacionalidad Cubana, los museos hacen estudios de colecciones, las bibliotecas del comportamiento de sus lectores y los metodólogos de las Casas de Cultura han desarrollado temas relacionados con la cultura popular tradicional.

Pero la cultura en su compleja existencia necesita investigaciones integrales no de feudos y clústeres. Precisa de enfoques y datos profundos, serios, útiles para la toma de decisiones, no cuartillas complacientes para exponer en los eventos o coleccionar títulos académicos o créditos científicos.

Es una pena que nunca haya existido una dirección jerarquizada de las investigaciones sociales desde el sistema de la cultura, después que el Centro de Investigaciones Juan Marinello perdió protagonismo en este proceso. Puede ser que ahora sea enmendado desde el Ministerio de Cultura que recientemente ha creado una dirección para atender a las investigaciones sociales.

Si ya los propios estudios son exiguos y están dispersos, entonces la aplicación de instrumentos sociológicos está empeñada en este mismo desajuste sistémico; trauma del que también padece la investigación social en todo el país, incluso la antropológica, que está abismalmente desbalanceada hacia los fenómenos urbanos y entre ello en lo marginal de las ciudades, a pesar de los planes nacionales y estrategias encaminadas por el CITMA hacia asuntos de mentalidades, filosóficos, políticos, etc. Una simple ojeada a la Revista Cubana de Antropología corrobora esta visión personal. 

Sé que le apasionan las nuevas tecnologías, sobre todo las relacionadas con el mundo digital. Me gustaría valorara algunos de los pro y los contra en el uso de estos medios.

Puede que existan tantos pro como contras. Ninguna revolución tecnológica se ha hecho sin sacrificios ni pérdidas, aunque los expertos en este tema dicen que son más las victorias que los descalabros. Sin embargo, la misma inequitativa del acceso a las tecnologías, la disparidad del desarrollo y la distribución desigual de las riquezas a nivel mundial, ponen esta conclusión en dudas. Pero en lo que estamos todos de acuerdo es que en los seres humanos está el mayor cambio sucedido.

El mismo fenómeno acrítico de llamarlas nuevas tecnologías y creer que su naturaleza es nueva, que llegaron de la nada, que son democráticas, que somos libres y que con ellas todo está resuelto, es el primer gran revés que podemos tener. He estado en escenarios en los que ciertos decisores expresan con total tranquilidad que la batalla ideológica hay que ganarla allí en las redes sociales, que es allí donde están las cosas que importan.

Es muy malo que descuidemos al hombre de carne y hueso, que desconozcamos los conflictos de desigualdad, inequidad, violencia en las comunidades y no veamos incluso las capacidades de trasformación social allí donde a diario se compra el pan y se saluda al vecino apretándole la mano. Con esta visión crítica yo me desenvuelvo, manejo, uso y me sirvo de las “nuevas” tecnologías, que ahora son digitales pero que antes tuvieron un escalón inferior.

Cuando no existía el alfabeto los hombres se comunicaban por grafos, signos, íconos, dibujos, gestos y el habla, el alfabeto incorporó la palabra escrita, la imprenta incorporó el libro, la física posibilitó la telegrafía, la óptica la fotografía y el cine, luego el transistor posibilitó la radio, más tarde la televisión, con el chip aparecieron las computadoras modernas y con ellas todo cambió al ser interconectadas a los satélites de cientos de utilidades. En todos estos momentos de la historia hubo un antes. Lo leí de un texto Eusebio Leal: “una modernidad siempre ha estado precedida por otra”.

Si desconocemos esto entonces cualquier cosa que venga nos encandila y las tecnologías nuevas o viejas no son ni buenas ni malas per se, es su uso el que le otorga esa condición. Albert Einstein dijo una vez que la energía atómica es una forma horrible de hervir el agua, las bombas en Nagasaki e Hiroshima y los accidentes de Chernóbil y Fukushima lo han demostrado. El mundo aún está repleto de centrales nucleares viejas e inestables y las grandes potencias aún se amenazan unas a otras con misiles de uranio enriquecido. Eso es una mala señal de esta civilización.

Un teléfono celular tiene una sorprendente utilidad y nos sirve para resolver infinidades de cosas al ser síntesis de muchas plataformas anteriores, pero también puede ser un objeto que convierte a su dueño en un esclavo.

Hoy el mundo digital ha apabullado a todo lo demás, las computadoras están por todas partes. De los 10 más grandes consorcios empresariales 7 están relacionados con la informática, las comunicaciones y las prácticas de los seres humanos en la internet, eso hace que los hombres más adinerados del mundo estén asociados a estos menesteres.

Un dato alarmante es que hasta los primeros monopolios de la historia relacionados con la petroquímica y el capital financiero han sido desplazados por las empresas informáticas. Incluso el dinero, que es una mercancía fetiche está desapareciendo en su naturaleza de papel y metal para convertirse en otro elemento digital y con nexos claros a los procesos de globalización, a partir del surgimiento del bitcoin que no le pertenece a ningún país en específico ni es responsabilidad de ningún estado u organismo internacional, sino un producto del internet.

Con este aprendizaje es que uno puede navegar mejor orientado en el campo de las tecnologías de las comunicaciones y no naufragar creyendo que son la piedra angular de la civilización universal. El conocimiento también forma parte de las tecnologías, ellas por sí mismas no son nada sólo objetos inanimados con la posibilidad de conectarse.

Hoy tienen mucho peso las redes sociales de comunicación en los que las comunidades virtuales hemos desembocado todas nuestras frustraciones y placeres. Pero si nos detenemos a pensar quienes las inventaron, dónde y cómo las manejan, en sus cuentos de hadas de la gratuidad y la democracia, nos daremos cuenta que no irán a parar en nada bueno y nosotros con ellas.

Sobre todo cuando estamos de meros consumidores acríticos y pasivos en el “banoplasma” de la simplicidad, dejándole de prestar nuestra atención a lo que en verdad nos debiera ocupar, el ser social de carne y hueso, los conflictos clasistas, la existencia humana en su dimensión antropológica y nuestra hermandad como fuerza productiva en las calles, barrios y fábricas.

Las agencias de inteligencia cerraron, con lo que ha sucedido en las redes sociales, decenas de programas de espionaje porque lo que antes costaba dinero y esfuerzo ahora lo tienen gratis en Facebook, Twiter, Instagran… y nosotros los usuarios estamos diciéndoles cómo pensamos, quién piensa como nosotros, en contra de qué estamos, quiénes nos apoyan, cuál es nuestra ubicación, constantemente actualizamos nuestra foto de perfil y con toda esa información que ofrecemos estamos pagando bien caro el servicio que nos ofrecen “gratis”. Mark Zuckerberg es el séptimo hombre más rico de la historia, nosotros los usuarios de Facebook lo hemos llevado allí. Hay quienes desconocen todo esto.

No nos podemos olvidar tampoco que la cultura es el patio de juego de la globalización neoliberal y el objeto de ataque de los estados y monopolios colonizadores. Desconocer esto en muy grave y será fatal para cualquier persona o nación.

Las industrias culturales de aparato constantemente fabrican los falsos ídolos y crean las necesidades de que se consuman sus hazañas. En ese caso nuestras culturas están constantemente amenazadas y depende de nuestras actitudes que cedan, sean vencidas, entren en decadencia y sean arrastradas fácilmente como hace el viento con la arena, el polvo y la ceniza. Olvidarnos de la naturaleza depredadora del capitalismo también nos llevará al mismo cadalso.

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