Qué trae el trap. Mejor, ¿de qué escasea? (parte 2 y final)

Por David Dagota.

Hay que saber convivir y enseñar a diferenciar, con más intencionalidad nuestra realidad cultural y la del entorno, acto voluntario que nos permitirá asumir y enfrentar el presente y el futuro desde los mejores valores sociales y filosóficos, sin perder ni el amor, ni el apego, ni el asombro por lo sagrado, por lo que el Dr. Armando Hart solía llamar “el misterio de Cuba”.

Rogelio Martínez Furé comenta en sus conferencias que “la identidad de los pueblos es un río de agua siempre renovada que al final desemboca en el océano de la humanidad. A cada época su identidad y cada generación aportará algo nuevo, algo que tiene nuevas formas, contenidos y significados, por eso somos la identidad viva”.

Fernando Ortiz por su parte, en el inigualable artículo “los factores humanos de la cubanidadacuñó lo siguiente: “Acaso la cubanidad haya que buscarla en esa salsa de nueva y sintética suculencia formada por la fusión de linajes humanos desleídos en Cuba; pero no, la cubanidad no está solamente en el resultado sino también en el mismo proceso complejo de su formación, desintegrativo e integrativo, en los elementos entrados en su acción, en el ambiente en que se opera y en las vicisitudes de su transcurso”.

En el diario Juventud Rebelde, del domingo 1ro de abril de 2007, página 12, pregunta el periodista a su entrevistado: ¿Teme usted que el son cubano pudiera estar desplazado?. Responde Adalberto Álvarez, uno de los genios actuales dela música popular bailable de Cuba: “Pasaron el rock and roll, mozambique, charlestón, pilón y unos cuantos ritmos más, y el son cubano está ahí (…)”, Y concluye: “no estoy en contra ni de espalda a las tendencias musicales actuales. Bienvenido lo nuevo, siempre que no sea indecente ni chabacano, tenga sabrosura y se pueda combinar con los elementos de la cubanía”

Depende de nosotros mismos y del cumplimiento de las políticas culturales, que lo nuevo se agarre más al fondo suculento del simbólico caldero en que se cuece el “ajiaco” cultural de nuestra cubanidad, descrito por Fernando Ortiz, y no se volatilice con la más mínima ventizca  con el vapor de la ebullición, también necesario.

José Texeiro Villareal, en Revista Identidades No. 20. del Convenio Andrés Vello, afirma que: La interculturalidad “…no debe ser interpretada solamente como un acto mecánico de relación entre culturas, sino más bien como una calidad de esas relaciones basadas en la capacidad de conocer, comprender, respetar y valorar la otredad, sin dejar de ser uno mismo

Las identidades culturales se construyen desde los aprendizajes colectivos y en las memorias colectivas, se fecundan en las mentalidades, los imaginarios, las cosmovisiones, los misticismos, las leyendas y en las prácticas socioculturales legítimas y concretas. No hay fábrica alguna, ni arquitectura del marketing, ni proceso tecnológico, ni computadora alguna por muchos núcleos, memoria ram, caché, discos sólidos y procesamientos cuánticos que posea, que puedan suplantar este complejo proceso cultural. 

Para mí el reguetón y el trap no significan nada que valga la pena investigar ni periodizar, son pura moda, ruido, oportunismo, cobertura, es basura y mal gusto en su gran generalidad, escuche solo el texto recurrente en la canción de moda y compárela con otra de moda 40 años atrás y verá como queda humilde mi consideración.

En la década del 60,del pasado siglo, cuando nuestros padres tomaban las riendas de la nación, se escuchaban los músicos anglosajones a hurtadillas,¿no ha leído usted aún “Escuchando a Little Richard” de Francisco López Sacha. Los jóvenes músicos simulaban los discos de sus ídolos en estuches de artistas cubanos, José Luís Cortés afirmó haber visto un fonograma deDizzyGillespie oculto en un estuche de Irakere.

Hoy la difusión de los ritmos de moda tiene bancos de información en cualquier barrio en la contradictoria figura neoliberal del trabajo por cuenta propia nombrada “Grabador y vendedor de discos” (hoy exclusivamente pendrive) que para mayor incoherencia pertenecen al sindicato de trabajadores de la cultura y que se supone el Primero de Mayo desfilen a nuestro lado para el día 2 destruir la política cultural y pagar impuestos por ello, como antaño los corsarios.Con ellos, autorizados a hacer lo que hacen, no se ha necesitado en nuestra país de las sucursales de EMI Music,CapitolLatin, ni de Sony MusicEntertaiment.

Contradictoriamente a la política cultural que se defiende en los discursos, la legalización de estos agentes, junto a las malas prácticas de las instituciones estatales cubanas y los medios de difusión masiva, contribuyen a la proliferación de las propuestas triviales del mercado y a la formación de necesidades en los públicos. La misma fórmula de los monopolios, solo que a escala comunitaria.

Los barrios y las comunidades llevan a otra esta dinámica, siendo el más vergonzoso y repugnante de los casos, cuando los adultoslesimponen a los niños escuchar lo que no les pertenece, mientras le incitan a contonearse como stripper, en una suerte de violencia cultural de la que aún no se habla mucho, sintiéndola como es: violación de los derechos del niño, que pasa delante de todos como si nada y que en poco tiempo nos pasará factura con algo que puede ser irreversible.

También hay que reconocer que estas propuestas pseudoculturales movilizan a los públicos que se identifican con su estética, y tienen fuerza en ellos. Por eso es tan visible el fracaso de los proyectos concretos de educación artística y estética, a pesar de los empeños de las casas de culturas, instructores de arte y programas de formación estética de los sistemas educacionales y del presupuesto estatal derogado. Las canciones que se difunden en la mayoría de las escuelas que poseen equipos de audio, viene a corroborar estas palabras.

Cada vez que hago zapping y me detengo en el Canal Clave recuerdo esta frase deAlan Lomax un etnomusicólogo estadounidense, considerado uno de los más grandes recopiladores de canciones populares del siglo XX en su país: “Cuando el mundo entero se aburra de la música automatizada de clips difundidos en masa, nuestros descendientes nos despreciarán por haber destruido lo mejor de nuestras culturas”.

Cada vez que percibo que alguien nos miente en los escenarios tratando de darnos gato por liegre recuerdo aWillie Dixon un bajista estadounidense, cantante, compositor musical y productor discográfico de blues cuando expresó: “Las raíces no tienen sombras”.

Cada vez que veo a una agrupación de moda negar sus raíces y nadar en las simpáticas aguas del facilismo y del mercado recuerdo al Guille Vilar, periodista cubano, realizador audiovisual y radial, promotor incansable de la cultura universal en Cuba y con el que tuve el placer de conversar en el Palacio de las Convenciones hace más de 7 años, que hace sólo 2  en el patio de la Casa de la Nacionalidad nos comentó que: “Mientras los cubanos sintamos como nuestro el grito de la Patria que expresa Sindo en su canción (La Bayamesa), seremos invencibles, porque sin cultura no hay Patria”.

Cada videoclip que se produce, cada audiovisual que se difunde, cada tendencia en las redes sociales ycada discurso cultural que escucho lo analizo con la norma de Rogelio Martínez Furé, etnólogo, folclorista, poeta e investigador, Premio Nacional de Literatura 2015, que parte de su tesis personal que dice: “Mi identidad ni la vendo, ni la presto, ni regalo, me acompañará por siempre a donde quiera que vaya, hasta después de la muerte seguiré siendo cubano y eso que asumo y proclamo: caribeño”.

Hace más de 100 años cuando del son cubano se gestaba en los palenques, montes y pueblos, la globalización, este fenómeno generador de todopoderosos desencuentros culturales, no significaba preocupación alguna para las nacionalidades y las identidades comunitarias. Entonces no había ocurrido la Primera Guerra Mundial, ni la supremacía de EE.UU., ni existía Hollywood, ni MTV, ni Internet, ni YouTube, ni redes sociales que nos influyeran.

Tampoco existía el ICRT, ni el ICAIC, ni el Ministerio de Cultura, ni los instructores de arte en los barrios y escuelas, ni salas de video y televisión en las comunidades, ni política cultural alguna, mucho menos definida como la jerarquizamos hoy. Lo que más ha cambiado no es la época, ni la tecnología, ni los procesos socioeconómicos, ideológicos y sociopolíticos, eso han cambiado notablemente sí, sin embargo, la mayor mutación está en nosotros mismos, en nuestras prácticas y en nuestra cultura. 

El reguetón, como el trap,me provocan el mismo escozor, como no son de mi gracia, lo confieso, sus ausencias ni siquiera me serían perceptibles, aunque pensándolo bien nos daría una buena porción de felicidad. Ni lo uno ni lo otroes contracultura de resistencia, salvo algunas excepciones, sino pseudocultura de aparato en inmensa mayoría, que viene a timarnos solapadamente, pretendiendopasar por divertida, sensual y gozosa de bailarse.

No se deje engatusar, nada genuino nos traen, al contrario,de todo lo auténtico carecen. No tienen raíces, su tronco es ahuecado, sus ramas débiles, no habrá frutos en ellas ni procreación al no haber semillas. Por tanto su sombra es falsa. Todo es cuestión de tiempo, pero no de brazos cruzados.

(final)

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