Sociedad Cultural Nuestro Tiempo

Por Donnaivis Barrios Hechavarría

Los primeros cincuenta años del pasado siglo en Cuba estuvieron marcados por la inestabilidad existente en todas las esferas de la sociedad. La cultura nacional se fue perdiendo entre los patrones de la cultura norteamericana. Sin embargo, a partir de la década de 1920 se inició un proceso por parte de la intelectualidad cubana para rescatar y renovar la cultura nacional frente a la importación de prácticas extranjeras.

El contexto anterior influyó significativamente en la construcción y consolidación de un movimiento que pretendía recuperar la riqueza de nuestra identidad artística; teniendo un papel clave la creación de instituciones culturales. Estas organizaban y difundían actividades desde las distintas manifestaciones artísticas logrando una mayor diversificación, e incluso, alcance del arte a las masas -sin llegar a convertirse en popular todavía-.

El quehacer de las mismas, con el transcurso del tiempo, se fue desarrollando y complejizando hasta algunas llegar a convertirse en importantes impulsoras de la identidad y manifestaciones de la cultura del país. De este proceso emerge la Sociedad cultural Nuestro Tiempo, en 1951, cuya influencia trascendió el aspecto artístico hasta imbricar la militancia comunista en el país y las diversas acciones que realizaron para acercar el arte al pueblo.

A inicios de la década de 1950 en Cuba se agudizaban las contradicciones políticas ya existentes con un incremento de la actividad revolucionaria y se vertebraba un movimiento independiente ajeno a los politiqueros.

En el ámbito cultural también se apreciaba la prevalencia de una conciencia con sentido patrio, diferenciada cada vez más de elementos extranjerizantes. De la etapa se recuerda el enfrentamiento del Ballet de Cuba al gobierno de Batista a través de una carta pública de denuncia de su principal figura, Alicia Alonso; aunque resaltaron además José Lezama Lima, Fina García Marruz, Virgilio Piñera, Cintio Vitier, René Portocarrero, Nicolás Guillen y Mirta Aguirre, entre otras personalidades.

Los mismos se vertebraban en grupos, sociedades que conformaban así las distintas publicaciones que marcaron el período como sucedió con el Grupo de los Once, la revista Orígenes, el grupo de Teatro estudio o con la creación de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo.

Aunque la exposición de febrero de 1951 dedicada a Fidelio Ponce, importante figura de la pintura cubana, diera a conocer ante los medios de prensa a la Sociedad su oficialización tiene lugar el 10 de marzo de 1951 por el compositor Harold Gramatges.

Esta insitución cultural se creó inicialmente con el propósito de ayudar a divulgar la llamada “música culta”. Tuvo su más cercano antecedente en Renovación cultural, que tras su disolución, dejó a un grupo de jóvenes músicos ávidos de un espacio para debatir sobre el entorno de la producción musical isleña.

Gramatges explicó a la investigadora María del Carmen Mestas en Tres entrevistas en torno a Nuestro Tiempo, que la sociedad surgió “(…) en las aulas del Conservatorio Municipal de La Habana”.

En su fundación participaron los compositores Juan Blanco, Nilo Rodríguez, Edgardo Martín, Argeliers León, Duchesne Cuzán y yo, junto con un grupo de jóvenes pintores, actores e intelectuales. Entre sus miembros había una actitud coherente, una actitud política de izquierda. Muchos de ellos pertenecían a la juventud comunista.

Por su alcance se convirtió en una sociedad de tipo artístico general, orientada a la divulgación del arte con un concepto más popular para romper cánones de una sociedad, en parte, excluyente. De acuerdo a uno de sus miembros, el poeta Nicolás Guillén: “el hombre de la calle es muchísimo más sensible de lo que el hombre de la academia se figura”.

Inscritos en el Gobierno provincial, se deciden por el nombre Nuestro Tiempo pues la Sociedad pretendía abordar el arte del momento, su arte. Se aglutinaron en secciones según consideraron sus fundadores en el manifiesto de la Sociedad:

Surgimos para traer el pueblo al arte, acercándolo a las inquietudes estéticas y culturales de nuestro tiempo, precisamente ahora en que intuyendo ya estas realidades, demanda un vehículo que le permita palparlas y asimilarlas para su más rápida formación y madurez cultural. Para desarrollar esta labor, mantendremos un centro de arte y cultura permanente, que ofrecerá teatro, música, cine, ballet, exposiciones de artes plásticas, conferencias, y editará las manifestaciones literarias, poéticas y filosóficas que produzca nuestra generación.

A pesar de que en su Manifiesto se autoproclamaban como una “organización cultural ajena a partidarismo político”, la realidad fue otra. Sus miembros debían cumplir el requisito inviolable de ser antimperialistas y la organización, mostró abiertamente su filiación con la intelectualidad de izquierda.

En Nuestro tiempo, diez años imprescindibles de nuestra cultura, entrevista realizada al Maestro Gramatges, este reconoció la labor de la Sociedad como respaldo de la lucha clandestina al ser jóvenes intelectuales revolucionarios que añoraban el cambio.

Nuestro Tiempo fue por un lado un frente de batalla, al lado del clandestinaje, al lado de la lucha en la Sierra; pero fue además un movimiento de gran fuerza y sobre todo quedó la voluntad por parte de algunos de nosotros de atraer, de unir, y eso puede explicar tal vez, la cohesión que tuvo el movimiento.

Desde su creación, los integrantes fueron perseguidos e interrogados por el Buró Represivo de Actividades Comunistas, les cortaban el fluido eléctrico por una supuesta falta de pago, fueron incluidos en la conocida “lista negra” del Departamento de Visas de la embajada estadounidense obligándolos a renunciar a la Sociedad para poder viajar a ese país.

Debido a la persecusión, que incluía además el registro en sus hogares y confiscación de todo aquello que oliera a comunismo (como libros forrados de rojo), los integrantes de la Sociedad coordinaban actividades de forma clandestina con el Partido Socialista Popular (PSP).

El abierto lazo de Nuestro Tiempo con la izquierda se observa en un documento oficial de la Sociedad, que llega a subordinarse al criterio del PSP: “Miembros de la Liga Juvenil Comunista deciden, en 1950, la existencia de la Sociedad. La figura clave, en ese momento, era Luis Mas Martín, quien será el dirigente responsable de esa primera etapa”.

La pertinencia de la institución radicó en la proximidad y acierto de sus integrantes respecto a las formas de ver y hacer arte en la sociedad. De esa forma, la Revolución tuvo en Nuestro Tiempo la cantera por la formación del aparato institucional artístico de la nueva nación.

La importancia de la cultura para el autorreconocimiento de Cuba desde sus distintas formas de contemplación es determinante e indispensable en la vida del país. En este rescate existen procesos y acontecimientos que adquieren mayor relevancia por su significación en el panorama.

Así ocurrió desde la creación de la Sociedad cultural Nuestro Tiempo en la década del 50 del siglo pasado, permitió satisfacer la necesidad de impulsar la salvaguarda y además fortalecer la cultura nacional frente a los embates foráneos.

Con la proclamación de la Sociedad Cultural como una institución progresista de intelectuales deseosos de renovar el ambiente cultural de Cuba, y dada su abierta vocación izquierdista, marcó un hito en la cultura nacional como lo hicieron sus antecesoras Avance y Orígenes.

Sin embargo, la infatigable labor de Nuestro Tiempo a través de sus diez años de existencia quedó invisibilizada durante un largo período tras el triunfo revolucionario pese a ser el embrión de importantes proyectos de la nueva nación como el Icaic y la Uneac.

Su líder eterno, el Maestro Harold Gramatges, refirió al respecto: “Yo no soy muy cristiano para creer en la resurrección, pero estoy por pensar que el sábado de gloria tiene que llegar de algún modo con Nuestro Tiempo, a eso es lo que yo aspiro”.

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