El infinito placer de haber conocido a Víctor.

Por: David Dagota.

En este año cumplí 20 de estar trabajando en la cultura, como es de suponer he conocido a mucha gente, buena y mala, artistas y empleados del arte, incultos y cultos. El más interesante de todos y sin dudas el más culto fue y es el profesor Víctor Montero que este 2 de junio de 2020 cumplió 100 años de vida,a pesar de que hace unos cuantos ya no está entre nosotros.

En el homenaje que la UNEAC de la provincia Granma realizó en honor al aniversario de ese gran hombre y de paso ver el documental de 43 minutos de Juan Ramírez, titulado “Víctor, la música y el Jazz”, estábamos pocos por las situación concreta de la pandemia, pero todos los que acudimos al llamado lo hicimos convencidos de que unos cuantos debieron estar, donde estaba su hija Lucy que heredó de él su carisma y su fina ironía.

La última vez que yo hablé con Víctor sintiendo el placer de haberlo conocido desde siempre, fue justo cuando escribía estas palabras, la última vez que lo vi y estreché su mano fue mucho antes en la terraza de la Biblioteca Provincial 1868, un lugar a donde él iba frecuentemente, no solo por estaba repleta de libros y cultura sino porque allí funcionaba y estaba hasta hace solo un mes la sede de la Sociedad Cultural José Martí de la cual él era miembro de honor y su más distinguido orador.

Por la oratoria Víctor fue muy conocido, sabía muy bien de aquellas reglas de hablar alto para que todos escucharan, hablar claro para que todos entendieran y hablar poco para que todos aplaudieran, esta última él se la saltaba siempre y a pesar de ello siempre era aplaudido. Cuando lo hacía nunca hablaba de cosas sin sentido, sino de las esencias y sobre todo de las más grandes, la música toda, el jazz, la cultura cubana y José Martí.

Víctor hablaba y todos hacían silencio, sólo unos pocos murmuraban,sobre todo los ignorantes y algunos de los que estaban al frente presidiendo el evento habiendo sabido que él les había superado por mucho en la palabra.

Por la oratoria Víctor fue muy conocido, sabía muy bien de aquellas reglas de hablar alto para que todos escucharan, hablar claro para que todos entendieran y hablar poco para que todos aplaudieran, esta última él se la saltaba siempre y a pesar de ello siempre era aplaudido. Cuando lo hacía nunca hablaba de cosas sin sentido, sino de las esencias y sobre todo de las más grandes, la música toda, el jazz, la cultura cubana y José Martí. Víctor hablaba y todos hacían silencio, sólo unos pocos murmuraban,sobre todo los ignorantes y algunos de los que estaban al frente presidiendo el evento habiendo sabido que él les había superado por mucho en la palabra.

Fue una tarde noche cuando le dije yo en aquella terraza de la biblioteca pública de la ciudad que le había escrito un poema y que yo leía poco, pero escuchaba mucha música incluyendo el jazz y el blues, para mí las más profundas de todas.

El poema nunca se lo mostré, tal vez después de eso nunca más hablamos, pero si supo que lo hice.Aquel texto lo perdí, pero si hago un esfuerzo saldría nuevamente algo de lo que entonces decía:

Pudiste haber nacido en Nueva Orleans y cantar con ellos aquellos cantos de trabajoen los campos de algodón / ir después a cualquier bar y beber juntos en la barra aguardientes de maíz / pudiste haber sido de Nueva York/ ir al estadio a ver a Mickey Mantledonde olvidada a las mujeres como tú / para salir después por aquellas calles espaciosas a pasar la noche en un club de jazz con los amigos / pudiste haber nacido en Londres / y llevarte a tu casa del Holborngris una chica robada en un puente / pudiste ser un Fausto y hacer sufrir a Margarita / pero en lugar de un Fausto libertino escogiste por siempre ser un Goethe / pudistellamarteGeorge, Tommy, Bill, Bruce / pero te llamas Víctor, Víctor del estigma y del islote / y conociste entonces a Martí y con Martí a Cuba.

La más grande lección que tuve de Víctor fue una clase magistral que nos dio una vez en el Teatro Bayamo, repleto en ocasión de una asamblea de balance anual de la dirección ion provincial de cultura hace unos cuantos años ya. Fue invitado a la presidencia desde su condición de personalidad de la cultura.

Desde allí, cuando todos los demás se habían cansado de dar cifras impactantes del avance cultural, datos de las escuelas de entonces, cifras de asistentes a las salas y un gobernante comenzó a hacerse incómodo al estar hablando de sus hazañas de eliminar unos cuantos pisos de tierra en los barrios humildes, él, el Víctor del islote tomó la palabra ofendido por algo que a todos nosotros nos pasó inadvertido.

A la entrada del Teatro en una moderna computadora Pentium 3 con una tarjeta de video de 64 megas y salida RCA, el administrador de la red de la dirección provincial de cultura, que para ese entonces era un oficio en ciernes y no le había dado esa personalidad rara que todos tienen hoy, estuvo poniendo un concierto espectacular de Michael Jackson repleto de efectos especiales juego de luces y símbolos prefabricados.

Cuando Víctor habló el autor de la bienvenida audiovisual se le habrá caído la cara de vergüenza por su ingenuidad, como le pasó a muchos de nosotros que no nos dimos cuenta de la contradicción con la cual él nos hizo reflexionar.

El discurso de Víctor comenzó por derrumbar toda aquella atmósfera de triunfalismo que vino del informe rendido y de las intervenciones complacientes. Nos dijo que era inaudito que celebrando la cultura cubana pusiéramos como plato entrante a un artista que se ha sentido tan avergonzado de su raza que se ha blanqueado la piel y ahí empezó un discurso airado sobre el jazz, el Mississippi y la cultura verdadera de los negros norteamericanos y el racismo estructural de aquel país.

Unos años después yo conocí a un hombre que él ya había conocido antes, al Dr. Martin Luther King Jr. y aquella lección de Víctor en el teatro Bayamo reapareció en mi mente y nunca más se ha ido. Hoy cuando en los Estados Unidos un policía blanco asfixió con su rodilla a un hombre negro apretándole su cuello y el país más rico en dinero impactado por la pandemia, estalló en la miseria de la discriminación y la ira por el racismo que nunca se ha ido de su perfecta democracia,yo volví a rememorar aquella mañana en el Teatro Bayamo.

Anoche vi unas declaraciones de Spike Lee sobre la muerte de George Floyd y me pareció que aquello que el cineasta decía fue asistido por Víctor que a su oído le hablaba.

.Yo tuve el placer infinito de haber conocido a Víctor Montero, confieso que con él me pude conocer a mí mismo. Han pasado muchos años de que yo estrechara su mano por última vez, qué pena que hoy no pueda hablarnos a viva voz, necesitamos con urgencia que lo vuelva a hacer saltándose todas esas reglas de la hipocresía con que algunos nos hablan. Cuando Víctor regrese debemos mostrarle que hemos aprendido a hacer bien lo que nos ha tocado en estos años. Él de nosotros no esperaránunca otra respuesta

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