Homenaje al 125 aniversario de la muerte del héroe de Dos Ríos.

Por Yanurys Andino Castro

Era aquel un momento crucial, el siglo XIX tocaba a su fin y el imperialismo dispuesto ya a extender sus dominios en América Latina y Asia, esperaba su hora de rapiña a las puertas de nuestra Isla, en la cual los guerreros mambises obligaban a la metrópolis española a liberar su último combate colonial.

Consciente de la necesidad imprescindible de su presencia en los combates de batalla,  de los riesgos y peligros que esta actitud entrañaba, Martí  arribó a las costas cubanas, en unión de Máximo Gómez y cuatro combatientes, el 11 de abril de 1895. Treinta y ocho días después, el 19 de mayo de 1895, murió en Dos Ríos.

Cayó por liberar a Cuba del régimen colonial que la mantenía en oprobioso sojuzgamiento desde hacía cuatro siglos. Cayó por una república digna y soberana, de justicia y trabajo. Cayó junto a los humildes y por ellos. Cayó por salvar a toda América Latina del grillete colonial. Cayó por darle al mundo un equilibrio que no fuera el de la égida  yanqui en los cuatro puntos cardinales. Cayó para cerrarle el camino al Norte brutal. Cayó por el hombre y la humanidad.

Su muerte prematura significo en aquel momento una pérdida irreparable  para la Revolución, pero como se ha afirmado, Dos Ríos fue “siembra de historia” y fue así porque Martí dejó a sus sucesores como legado y mandato de la obra que a ellos les tocaría materializar, del destino histórico que habían de conquistar, el deber de seguir su ejemplo y su preciso arsenal político e ideológico.

El combate que Martí estableció en el plano ideológico contra el imperialismo, los anexionistas y vende patrias, la estrategia   trazada por él para frustrar los planes expansionistas de Estados Unidos en Latinoamérica, su tiro de rebeldía convocando a la unidad para cerrarle paso al “gigante de siete leguas”. En el sentido de que al enemigo se le derrota de frente y en combate, que el derecho a la libertad se conquistaba  arrancándolo, conforman su acción antimperialista y explican por qué su pensamiento constituye parte indisoluble de nuestra Revolución.

Martí

¡Heroico paladín de un pueblo triste!

Contra tus enemigos en acecho,

fueron tres las espadas que esgrimiste:

¡la razón, la justicia y el derecho!

Hoy que tu noble cuerpo no existe,

hoy que ha dejado de latir tu pecho,

se deja de pensar en lo que hiciste

para pensar en lo que hubieras hecho…

Tu palabra en la tierra fue un encanto,

y el poder que en ánimo ejercía

tu irresistible seducción fue tanto;

Que el solo anuncio de tu muerte impía

Llenó a tu pueblo de letal quebranto,

¡y hay quien piensa que vives todavía!

                          Bonifacio Byrne

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