“De Portocarrero: la ciudad dormida y el ocre que seduce.”

Por Haymé Santoya Rodríguez.

Agolpadas las pequeñas construcciones de coloridos ventanales que crean el rostro de la ciudad; paisajes habaneros de catedrales; interiores del Cerro; rostros de Floras; personajes carnavalescos, máscaras, diablillos y «figuras para una mitología imaginaria»… son estas las coordenadas que nos llevan hasta las obras de René Portocarrero.

Portocarrero define una impronta poética desde los rasgos esenciales de cubanía. A la edad de 12 años asiste a cursos en la Academia Villate y San Alejandro, y en lo adelante se forma de manera autodidacta. Lustró su técnica a partir de su escasa formación académica y esto lo llevó además del óleo, a la cartelística y al muralismo.

Dibujó las portadas para cinco entregas de la revista Orígenes que dirigía José Lezama Lima, y sobre el pintor, este expresó que consituía “una de las parcelas artísticas donde lo cubano alcanza naturalmente su universalidad.”

La década de 1940 se caracterizó por la serie de las barriadas del Cerro, retratos de interiores de composición poblada con elementos de la arquitectura colonial. Una década después nace de su óleo la ciudad entera, como dormida, con tonos más ocres y encuadre lineal. La urbe que emerge en los años 60 es un poco más alegre en el contraste de colores, siempre discretos pero sugestivos.

Sus escenas surgidas de la realidad marcan el ritmo de lo cotidiano en un contexto de renovación formal, y la ornamentaciónse enriquece a un estilo barroco. Graziella Pogolotti advierte en sus piezas el color y la línea como protagónicos en el debate ininterrumpido de apresar una realidad siempre cambiante. Los temas en la pintura de Portocarrero reaparecen a intervalos.

En 1965 presenta una exposición personal en el Museo de Arte Moderno de Ciudad México, y en 1966 expone en la XXXIII Bienal de Venecia la serie de 27 óleos que conforman los Retratos de Flora, he aquí la figura femenina con sus ojos inmóviles y un empaste de colores sobrios.Toman vida en sus piezas los festines, los cultos sincréticos afrocubanos, los míticos personajes, nacidos todos del real universo imaginado.

Hay un «barroquismo portocarreño» que exploró las raíces de la cubanidad y lo caribeño, las obras se encargan de reflejarlo y asumir el viaje vanguardista como un proceso de inicio de construcción pictórica identitaria. Pogolotti lo define como el artista popular y refinado, fácil y secreto. El arte salva la distancia de las más de tres décadas de ausencia. No logra el tiempo suplir las huellas, sino agigantarlas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies