Cuando globalizar(nos) está de moda

Por Donnaivis Barrios Hechavarría

La cultura, en una de sus tantas acepciones, es el saber colectivo que comparten las personas de un mismo grupo social y se compone, entre otros factores, de las creencias, lenguaje y tradiciones de los individuos en un lugar determinado.

Con la aparición de los medios de comunicación, dígase prensa plana, televisión, radio y más recientemente la Internet y la era digital, las culturas locales poco a poco se han ido fusionando con las de otros lugares del mundo provocando el fenómeno de la globalización cultural.

El Diccionario de la Real Academia Española (2014) define el término globalización como: “Acción de globalizar (integrar cosas diversas), difusión mundial de modos, valores o tendencias que fomenta la uniformidad de gustos y costumbres, proceso por el que las economías y mercados, con el desarrollo de las tecnologías de la comunicación, adquieren una dimensión mundial, de modo que dependen cada vez más de los mercados externos y menos de la acción reguladora de los Gobiernos”.

La globalización cultural es un proceso que modifica los hábitos de consumo de las personas a través de los medios haciendo universales ciertos aparatos electrónicos, juguetes, películas, etc. En algunos casos, estas preferencias se superponen a la de los mismos bienes pero de consumo local. Este es un proceso que trae consigo múltiples desventajas como es la propagación de una ideología monoculturista, las minorías sufren de discriminación económica, institucional y cultural, la falta de creatividad y aun más importante la pérdida de la identidad cultural.

Muchas personas eligen la comida rápida como pizzas, hamburguesas y Coca Cola sobre platos tradicionales y típicos de su país; también es muy común usar en cualquier parte del mundo un pantalón de mezclilla o jeans, un par de tenis de marca y una camiseta o playera ponderando el american way of life.

De igual manera sucede con el empleo gratuito y excesivo de extranjerismos, en la mayoría de los casos anglicismos. Es común escuchar a diario bróder (brother), men (man), e- mail (correo), estrés (stress), bisté (beefsteak), casting para aludir a selección y ranking para hablar de orden, entre innumerables ejemplos.

Festividades populares de otras naciones se han globalizado hasta generar patrones de consumo que se alejan cada vez más de la esencia de estas celebraciones; Halloween y Navidad se encuentran entre las más extendidas.

La primera, de origen céltico, aunque se ha arraigado en el mundo anglosajón también tiene su presencia en nuestro país. Reducido a una fiesta de disfraces entre los jóvenes nada tiene que ver con su trasfondo religioso para honrar a los difuntos. La Navidad también ha reemplazado el sentido religioso de esta festividad por uno comercial, al punto de sustituir a los bíblicos Reyes Magos por el popular y dadivoso Santa Claus –una trampa más para incitar al consumismo-.

Tanto las grandes industrias culturales como las redes sociales (facebook, instagram, pinterest, etc) construyen estereotipos que pueden resultar peligrosos. En revistas, películas, series y videos clips existe un ideal sobre la belleza femenina considerando como hermosas a jóvenes delgadas y blancas.

En el caso de los hombres siempre se mostrarán altos, musculosos, bien vestidos o haciendo gala de algún bien material. Lo trágico del asunto es la presión que se ejerce sobre las personas en su afán de ajustarse a estos criterios de belleza.

Muchas veces es tanta la depresión, agobio y frustración de aquellos que no encajan que buscan desesperados la solución, brindada en ocasiones por esos medios que los discriminan, hasta atentar contra su salud, autoestima y, desdichadamente, su propia vida.

Lo más valioso que pueda poseer un ser humano es su inteligencia, dignidad, humildad y solidaridad. Por estos valores debemos luchar cada día, estas son la imágenes que debemos compartir por el mundo y no retos banales donde posemos vistiendo una almohada, hagamos dominio con un rollo de papel sanitario o veamos la reacción de aquellos “temerarios” que se atreven a degustar pimienta, que tanto abundan hoy en las redes sociales.

También existen significativas ventajas que podemos aprovechar y resaltar, no es interés en este artículo el satanizar la función de  los medios que son tan útiles para instruirnos, mantenernos actualizados y en contacto con amistades y familiares; todo depende del anfitrión que ofrece el servicio o producto.

En Cuba, los medios de comunicación brindan una fuente de aprendizaje viable y certera a través de las teleclases, el programa Universidad para todos, documentales,  revistas informativas, etc. para aquellos que buscan ampliar su cultura. Esto sucede cuando los medios se emplean en pro del mejoramiento humano y no prima en ellos la privatización y las grandes sumas de dinero a cambio de difundir un ideal conveniente para una minoría.

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