Celia Sánchez Manduley. Una mujer y una historia a cien años de su nacimiento.

Por: MSc. Juventina Soler Palomino

Desde los años 90 del pasado siglo cuando comenzaron los encuentros poéticos en el municipio de Pilón, en la zona suroriental de Cuba, conocí dos sitios que también me llevaron a completar la imagen de una mujer cuyo nombre estaba en muchas casas de la ciudad de Manzanillo; e incluso frente a mi casa natal en la calle León existe todavía la tarja que indica  donde se refugió Celia Sánchez Manduley. Pero no fue hasta que se inició el evento “Al sur está la poesía” que pude conocer  la  casa donde nació esta mujer en Media Luna.

Los de más edad que eran de las provincias vecinas o de la propia Habana, cuando llegaban nos decían: “Por favor, queremos que cuando pasemos por  Media Luna visitar la casa de Celia”; al principio  esto me sorprendía un poco, pero después se hizo una costumbre y hasta hoy llegamos siempre a ese remanso de historia familiar. La casa- museo atesora todos sus objetos personales y de trabajo, el patio aún tiene  los árboles de mango y las mariposas que indican la perfección de un jardín preparado por una mujer de gran sensibilidad y amante de la naturaleza. En Pilón, y durante el evento, se hizo costumbre, también, hacer el debate literario y una lectura de poesía bajo la frondosa mata de mango de la casa-museo enclavada en este municipio. Para una parte de la promoción de escritores cubanos, al menos los que han llegado hasta “Al sur está la poesía”, la figura de Celia es un indicador de naturaleza y versos, es por eso que cuando nos hicieron la proposición de presentar el libro “Celia. Mi mejor regalo” (Casa Editorial Verde Olivo, La Habana, 2015), de Eugenia Palomares Ferrales, hija adoptiva de la revolucionaria, primero en una Feria del Libro, luego; en Media Luna y Pilón, nadie dudó en aceptarlo.

Era como completar un ciclo mágico e iniciar otro entre la figura de esta, aparentemente, frágil mujer y nosotros que durante más de veinte años visitábamos sus casa y nos hacíamos dueñas y dueños de lo que ella había construido. Digo que fue como cerrar un ciclo mágico y abrir otro porque la carismática Eugenia Palomares antes de la presentación del texto, nos fue contando por el camino historias que nosotros no conocíamos e incluso los de más edad, tampoco, sobre una Celia Sánchez Manduley que no imaginamos. El libro “Celia. Mi mejor regalo” es un homenaje a la luchadora, a la mujer y a la madre que fue Celia y al padre de la autora, el teniente Palomares al cual Celia le prometió que cuidaría de su hija que había nacido en la cueva La Jutía en la comunidad del Morito en lo más intrincado de la Sierra Maestra. Es así como la autora, pedagoga e investigadora de profesión, nos adentra en un mundo íntimo y apasionante donde amigas, amigos, combatientes, compañeros y compañeras  de trabajo y sus hijos adoptivos brindan  experiencias profesionales y personales con un lenguaje coloquial, pero apoyado por una combinación perfecta entre realidad y ficción porque, criterio muy particular, nos mezcla a manera de crónicas y  narraciones los testimonios de las diversas personas entrevistadas. Crea una atmósfera íntima, irreverente y dinámica que marca cada etapa de la vida y acción de esta mujer.

“Celia. Mi mejor regalo” está dividido en varios acápites cada uno con un título que nos anuncia el tema; comienza con “En Media Luna nació una flor”, luego “¡La bendición madrina!” y posteriormente hasta el final: “Estelas de la guerra”, “Senderos de nuevos horizontes”, “El magisterio surcando la avenida”, “Dolor profundo” y “Mi vida sin Celia”. Es pertinente destacar que el libro tiene un excelente diseño cada página es marcada por una mariposa como digno homenaje simbólico a la que fue nombrada como: “La flor más autóctona de la Revolución”  y unido a esto sostiene un amplio álbum de fotografías conocidas e inéditas de Celia. Al final el libro posee un testimonio gráfico muy bien clasificado y anexo que contienen originales de cartas y reconocimientos que la autora pudo recopilar durante toda su vida.

Como mujer, como cubana y como activista por los derechos feministas hubiera podido enmarcarme en la figura emponderada de esta mujer, que significó, para cubanas y cubanos, la realización de un humanismo que demostró hasta sus últimos días. Con este trabajo entre crónica y reseña quiero resaltar que a los cien años de su nacimiento, Celia Sánchez Manduley es un ejemplo de lo que podemos hacer las mujeres en el terreno profesional y personal, de como la voluntad puede emerger y consagrar vidas. “Celia. Mi mejor regalo” es un libro que tiene una ventaja: cuenta una historia desde la protagonista de esa historia; entonces Eugenia Palomares Ferrales nos regaló su Celia, que yo la hice mía desde que leí el texto y escuché de la autora con voz emocionada: “Ella siempre será  mi madre”.

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