Alexander Besú. Una poética para desertar del pasado y visualizar el futuro.

Por: MsC. Juventina Soler Palomino.

El campo literario cubano actual está regido por la pluralidad de voces que se entrecruzan como  un sistema de temáticas, estilos, realidades simbólicas y contextos determinantes a manera de  fuerza discursiva, que representa la interacción de disímiles formas de enfrentar los requerimientos impuestos por la propia vida en sociedad. Con toda la intención de diseccionar, a nuestro modo y usanza, las memorias que nos llegan con cada respiro, los (las)  poetas se atribuyen el derecho de manifestarse directamente desde la palabra firme y la historia (re)fragmentada  un sistema propio en el tiempo, ya sea  pasado, presente o futuro; siempre con una  autopropuesta bien determinada: ser la insuperable voz que nos guíe hacia un mundo propio. Esta autodeterminación ha sido la guía del poeta Alexander Besú Guevara (Niquero, Granma, 1970) en su libro “Desertor del pasado”, premio  de poesía Navarro Luna, 2015 y que ahora se publica bajo el sello de Ediciones Orto, con  ilustración del poeta y artista de la plática eternamente amigo Eduard Encina.

Los que conocemos la obra de Besú sabemos que desde la defensa de la poesía rimada ha  construido sus historias, las mismas parten siempre de una voz que toma cuerpo cuando  su fuerza lírica se (des)naturaliza de vestiduras reales, para lograr una asociación simbólica de  retroalimentación que, sin lugar a dudas, hace de la estética de Besú una  sólida y depurada composición poética. Pero, con este poemario “Desertor del pasado”, Besú nos marca un camino a partir del verso libre y es entonces, cuando nos invita a pasar a su mundo de palabras sin metros marcados  y permeado de  nostalgias, aunque siempre, mirando como  un hombre que está en un faro contemplando a los que pueden llegar o no, a ser importantes en su vida, pero están presentes de alguna manera. El referido poemario está  organizado para visualizar las esperanzas a través de la historia que se cuenta y nos cuenta su autor;  las palabras a manera de paratexto que preceden los apartados son un anunció descriptivo y una llamada de alerta para el lector cómplice del autor: “Somos más padres de nuestro futuro∕ que hijos de nuestro pasado”, aquí es Miguel de Unamuno el que nos dice cómo podrá Besú buscar su camino con una mirada siempre desde la esperanza. El segundo apartado es José Martí el que nos convida: “Sentina fuimos, y crisol comenzamos a ser”; es la luz la que nos guiará el sendero hacia lo que esperamos y el tercer aparatado pone a hablar a Julio Cortázar: “Sospecho que el pasado es el verdadero futuro”, no hay que dudar que estamos ante un poemario que traza una línea transparente de significados a desarrollar en el cuerpo del libro y donde el lector debe de responder a la invitación de Besú.

Para leer el libro no pensé en que el autor y yo compartimos la misma época, nacer en el  año 70 del siglo pasado, presupone ya una utopía marcada hacia una vida que se dibuja y (des)dibuja constantemente ante nuestros ojos, no pensé que Besú y yo compartimos los tempos de un ritmo que él deja bien claro en su poemario cuando marca la lectura inicial con el poema “Ultima llamada en la isla utopía”. Con este poemario el lector podrá (re)inventarse su propia historia, volver a vivir sin utilizar el recuerdo porque ese se lo pone el poeta, él o ella como lector solo tendrán que entrelazar sus manos con las de Besú e iniciar un camino que los llevará de la formulación inmediata a la conciencia de vida.

Entremezclar sensaciones y vivencias para organizar el discurso poético es una máxima que el lector debe de reconocer de inmediato, repito, me olvidé de que somos de una época para leer “los diez novísimos mandamientos” marcados por la cruz celta a manera de inicio o digamos, de anáfora: “negarás a tus dioses analógicos ∕ no beberás. (los púdicos no beben) ∕ no creerás en amores mitológicos ∕ le empeñarás tu alma al Windows seven. ∕ no odiarás ni al narguiles ni al cannabis ∕ no pensarás. (pensar es ilegítimo) ∕ si te llaman terrestre rara avis les mostrarás tu corazón marítimo. ∕ oirás a Schubert y su ave maría si eres un triste, un gemidor en serie ∕ jamás admitirás tu bastardía, ni tus vulgaridades en congerie.  ∕ no te adiccionarás a la poesía, ni a la defecación a la intemperie”. Fui cómplice de su legado existencial y de su mundo para seguir adentrándome, sin previos avisos de coetáneos, en sus cosmos,  que Besú nos regala  a manera de deserción de época; así “conato de poema de amor”, “Foto de familia”, un poema que como un metatexto de la canción del trovador Carlos Varela, nos sigue ganando en el camino de la lectura.  

Me gusta como investigadora mirar hacia atrás, hacia los discursos que ya están asentados en el campo poético de nuestro país, comparar la obra de los autores, y si “Bitácora de la tristeza”, Editorial San López 2008,  Premio Iberoamericano Cucalambé de Décima 2007, fue un poemario que desde la décima asentó una estética innovadora del verso rimado en confluencia discursiva con las historias que contaba, hoy, ahora, con el poemario “Desertor del pasado” Alexander Besú nos hace partícipes de una estética muy concisa y totalmente comprometida consigo mismo y sus lectores. Es además, “Desertor del pasado” un libro humano porque desarrolla una teoría del optimismo; no un optimismo de apariencias sino un optimismo raigal, de comprometimientos con su vida, con su familia, con su época, sus creencias y sus desafíos, sobre todo, sus desafíos personales y sociales que pasan por la pertenencia a la tierra que lo vio nacer, las tierras del suroriente cubano hasta la isla toda, en su larga incongruencia y nacimientos constantes, porque Besú en su poema “palabras para catálogo cubano de turismo” le pasa fichas a la historia de él y de los demás cubanos, pero con una sonrisa y a través de comparaciones que son a la vez (in)comparables donde el juego lingüístico que nos hace sonreír de costado: “al inicio del dossier, justo sobre el mapa antiguo ∕ podrán leer el nombre de isla en lengua arawak ∕ aquí no hallarán a la marta cibelina, ∕ ni al cóndor etéreo, ni a los glaciales del Kilimanjaro (…) ∕ hasta esta ínsula nativa de ubérrimos terrones, ∕ hasta esta oblonga mancha botánica ∕ anquilosada sobre la piel del caribe, ∕ continúan  recalando las mesnadas ∕ de pálidos turistas ∕ para broncearse el alma.” Ustedes  como  lectores  tendrán que hacerse cómplices de Besú,  ser parte de sus historias y de su deserción para un futuro que él visualiza, y que  ustedes  también lo harán, en franco desafío poético del cual  serán continuadores.

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