Sara Más. Una periodista cubana que trabaja por eliminar la subordinación y la violencia machista.

Sara Más

Sara Más

Por Juventina Soler Palomino.

Juventina Soler Palomino: El activismo social con enfoque de género y por la no violencia es ante todo un acto de mucha fe y multifactorial. Sara Más, eres graduada de Periodismo por la universidad de La Habana. ¿Cuándo comenzaste tu activismo por la No violencia y qué te impulsó a ello?

Sara Más: Mi contacto con la violencia sexista como un problema social y de salud llegó primero desde el periodismo, cuando conocí de la perspectiva de género, empecé a leer, documentarme y buscar fuentes de referencia cubanas sobre el tema. Ese fue, de algún modo, el inicio del camino.

Pero el activismo llegó después, no sabría precisar la fecha; fue parte del proceso en la medida que fui conociendo más del problema en Cuba. Mis primeros trabajos periodísticos sobre este tema empecé a publicarlos en la década del noventa, en el periódico Granma, pero realmente el Servicio de Noticias de la Mujer de Latinoamérica y el Caribe (SEMlac), una agencia de información con la cual colaboro hace más de 15 años, ha sido el espacio de aprendizaje, ejercicio profesional, crecimiento humano, encuentro feminista y también activismo para visibilizar y trabajar por la no violencia machista.

Siempre agradezco que el periodismo me haya llevado a muchos lugares, a conocer personas diversas, no solo las que estudian el problema o actúan ante él, también a mujeres en situaciones de este tipo; todo eso me ayudó a identificar, además, situaciones similares en mi vida, las de mis amigas, mi familia. Y por esa vía me fui vinculando a otras personas, organizaciones y grupos que cada vez somos más y tomamos conciencia y acciones frente a un problema esencial de derechos humanos de las mujeres, en el que a muchas les va la felicidad y hasta la vida. De todas y todos sigo aprendiendo.

JSP: En todos estos años como periodista y corresponsal del Servicio de Noticias de la Mujer de Latinoamérica y el Caribe (SEMlac) cómo ha sido tu trabajo, en cuanto a: proyectos, investigación en el terreno, divulgación de los principales factores de riesgo en la población cubana.

SM: En SEMlac he ido aprendiendo formas cada vez más efectivas de abordar el tema, desde la práctica periodística y el intercambio con otras colegas. El propio trabajo de la agencia, que tiene en cuenta antecedentes, pluralidad de fuentes y opiniones, inspira siempre a profundizar. Por otra parte, el contacto directo con personas entendidas en la materia me aporta valiosos conocimientos. Sin olvidar las historias de vida de quienes ahora mismo están viviendo situaciones de violencia muy diversas, que a veces apenas ni imaginamos, y no encuentran redes formales o informales de ayuda, por lo que terminan creando sus propias estrategias de supervivencia. Al final todas hacemos una red de activismo también, desde nuestros escenarios profesionales y personales, solo que en mi caso particular utilizo los medios de comunicación para hacerlo visible y llamar a que se actúe. Otro espacio en el cual he podido trabajar el tema ampliamente, junto a otras colegas, es la revista Mujeres.

El primer propósito –creo lo hemos logrado— fue hacer del tema una presencia permanente, no solo en los 16 días de activismo del 25 de noviembre al 10 de diciembre, aunque lógicamente las agendas de esos días son más intensas.

Desde SEMlac hemos ido a rastrear información; datos, los que aparezcan, aunque sean aisladamente; a documentar en reportajes, notas y entrevistas lo que sucede en la realidad cubana; reunir herramientas para el tratamiento de este y otros temas con perspectiva de género en los medios, que es lo mismo que decir con una mirada inclusiva, una intención particular para identificar brechas de desigualdad e inequidades.

También hemos ido a la búsqueda de testimonios directos, mediante entrevistas que permitan ilustrar las distintas formas de violencia machista que existen en la vida cotidiana del país, en la ciudad y el campo. La idea es sensibilizar y movilizar a las personas frente al problema, contribuir a cambiar los imaginarios que lo sostienen, aportar a las soluciones que necesitan esas mujeres.

JSP: El machismo es un fenómeno, evidentemente y, en primer lugar, que parte de factores culturales; en la Cuba de hoy existen manifestaciones tan naturalizadas de este fenómeno que a veces se hace muy difícil ir en contra de ese asentamiento que va de generación en generación. Aquí va mi pregunta: ¿Crees que en Cuba el periodismo está debidamente identificado con este fenómeno?

SM: Hay un fuerte componente cultural que sostiene al patriarcado, yo diría que fundamental, pero centrar su esencia solo en lo cultural puede simplificar el tema y hasta naturalizarlo, hacer que se entienda solo como un problema de la tradición, de algo que además está históricamente normalizado. El patriarcado es un sistema opresivo, de poder y hegemonía de lo masculino sobre lo femenino  Comunicadoras, periodistas y profesionales de la creación impregnamos de nuestras ideologías personales los productos que hacemos, eso es inevitable. Por tanto, a esos artículos, videos y reportajes se trasladan acríticamente posturas,  creencias, prejuicios y pensamientos patriarcales interiorizados. Entonces, fuera de algunas publicaciones especializadas, el periodismo cubano sigue reproduciendo como norma el pensamiento patriarcal: desde invisibilizar a las mujeres, no darles protagonismo o mostrarlas como objeto sexual, hasta eternizarlas en la mirada paternalista de la ternura personificada y la maternidad como ideal insustituible de realización personal.

Hay que reconocer que emergen miradas de denuncia, antidiscriminatorias e inclusivas desde algunos espacios en los medios, fruto de no pocos esfuerzos que se han hecho desde distintos espacios formativos para llevar la teoría de género a la enseñanza del periodismo en el pregrado y la práctica de los medios, labor que mucho le debe al empuje de una periodista y mujer extraordinaria como Isabel Moya, junto a más colegas. Sin embargo, basta asomarse a los informativos televisivos y la prensa, solo un día como el 8 de marzo, para comprobar que todavía queda mucho por hacer.

JSP: ¿Cuáles son las causas, según tu experiencia, que ha invisibilizado la violencia contra las mujeres y las niñas? Esta pregunta no es una reiteración porque tú eres periodista y eso ya implica una focalización del tema y las experiencias de un modo singular en Cuba.

SM: Creo que en gran parte se debe al machismo naturalizado que hace que socialmente todavía se acepte y entienda como correcto y apropiado que el hombre cumpla el rol de proveedor, de autoridad, de cabeza de familia, y la mujer, el tierno y complaciente papel de cumplidora cabal con él, en todos los sentidos.

Por otra parte, muchos mitos y prejuicios naturalizan la violencia machista y por eso ni las propias mujeres a veces logramos reconocer la violencia en actos cotidianos de la vida familiar y de pareja, sobre todo los más sutiles, como las prohibiciones y el control.

Ocurre también que por mucho tiempo se negó socialmente el problema, hubo resistencia a reconocerlo, se creía superado desde la voluntad política, las leyes, políticas y programas inclusivos, los consensos sociales y la mirada de algunas organizaciones.

Ese momento, de alguna manera, quedó atrás. Ya se habla de violencia machista en Cuba, existen investigaciones, publicaciones y hasta una encuesta nacional que dedicó un módulo a la  violencia en las relaciones de pareja; aunque todavía no contamos con estadísticas nacionales que nos puedan precisar la magnitud del problema. Sería muy valioso tenerlas para poder evaluar el problema en Cuba, ayudar también a atenderlo, crear programas de acompañamiento, identificar situaciones específicas por zonas del país, entre otras acciones.

Estamos aun visibilizando el problema, y necesitamos que se conozca más de qué va la violencia machista, que es un tema de poder patriarcal y tiene como principales víctimas a mujeres y niñas, así como múltiples formas de expresarse. Si no reconocemos, nombramos y conocemos lo que nos sucede, no podremos actuar para erradicarlo.

La violencia machista tiene que ser un tema para los medios porque hace falta que se vea y se reconozca en su verdadera esencia, que no se siga aceptando como algo normal y natural. Porque necesitamos que se desarticule, definitivamente, ese discurso tan arraigado en la vida cotidiana de que “a ella le gusta que le den” o “vaya tranquila, arréglese con él, que al final ese es su esposo y él la quiere”. Porque quienes actuamos desde los medios debemos tener un papel más serio y activo en desmontar mitos y falsas creencias que apuntalan el machismo y la estimación de las mujeres –sean esposas, madres, hijas, hermanas, amigas— como un objeto de propiedad, todavía vigente en el imaginario social de hombres y mujeres, más de lo que quisiéramos. 

JSP: Sara, estás en un proyecto que ya tiene su primer fruto, el libro “Sobrevivientes”, para mí una joya de visualización y de trabajo social en contra de la violencia hacia las mujeres en Cuba. Cómo surgió la idea de este libro.

SM: Como la posibilidad de hacer un aporte, desde el periodismo, a visibilizar este problema en Cuba. Utilizamos la entrevista periodística y tuvimos en cuenta la diversidad de mujeres que habitan el país: urbanas, rurales, jóvenes, de edad mediana, mayores, heterosexuales, lesbianas, mestizas,…en fin, historias muy diversas. No es un libro representativo, como lo puede ser una investigación estadística. Pero es el breve retrato de un fragmento de nuestra realidad.

JSP: ¿Cómo lograste los testimonios para el libro? Cuéntame todo el proceso porque el texto está muy bien ilustrado desde las vivencias directas de estas mujeres violentadas.

SM: El libro no es mío solamente, aunque lo coordiné; lo escribimos varias periodistas a las que me gusta nombrar, por el buen trabajo que hacen: Lirians Gordillo Piña, Liliana Gómez Ramos, Ivet González Lemes, Dixie Edith y la realizadora Lizette Vila. Unas feministas, otras sensibilizadas en temas de género; todas con compromisos y conocimientos del tema y las formas más adecuadas de abordarlo. Hicimos una puesta en común: cada entrevistada tendría su historia, única, particular, pero en todos los casos debíamos tener en cuenta algunas preguntas y enfoques que no podíamos dejar de tocar. También acordamos no regodearnos en el drama, aunque sabíamos que las historias podían ser muy duras. Nada de revictimizar, sí respetar sus ritmos de relato, indagar en las redes que encontraron o no, y así…Hacer, sobre todo, un retrato. Por eso algunas historias muestran a mujeres que todavía no han salido del círculo violento, que dudan.

Los testimonios fueron apareciendo y cada vez que teníamos una mujer dispuesta a contar su historia, socializábamos, intercambiamos. Tomó más tiempo del pensamos, porque no es fácil encontrar a quien te cuente el lado oscuro de su vida, eso también lo sabíamos.

Hubo incluso entrevistadas que, en el proceso de realización, aceptaron que se publicaran sus nombres, pero al final decidimos quitarlos todos. Una vez publicado, el libro toma vida propia y esas historias pueden exponerlas a ellas, a sus familiares y personas cercanas, con consecuencias negativas incluso, y eso no es lo que queremos. Por eso omitimos nombres y dejamos que las violencias fueran las protagonistas.

JSP: ¿La palabra “feminismo” la ves como una simple palabra o uno de los posibles caminos para poder luchar contra el machismo y la violencia de género en Cuba?

SM: El feminismo es una muy buena palabra y necesita que se le revindique como tal. Nos sirve para todo eso que dices y más. Hay mucho estigma alrededor del feminismo, ¿por qué será? ¿a quién le interesa tanto desacreditarlo y distorsionar sus esencias? He podido comprobar que se niega el feminismo, se rechaza y vitupera sin saber qué es. Feminismo es ganancia para las mujeres, liberación, derechos conquistados, caminos para avanzar, desafío al poder patriarcal y al abuso machista, el camino para conquistar y recuperar los derechos humanos y  la dignidad de las mujeres. Se vulgariza cuando se tergiversa, cuando se le equipara peyorativamente al “hembrismo”, a lo contrario del machismo. Claro que el feminismo se opone al dominio machista, patriarcal. Tampoco hay un solo feminismo, hay una historia feminista de luchas políticas por los derechos de las mujeres, de una gran variedad de mujeres, y eso nos incluye también.

JSP: ¿Cómo ves tú, mujer, periodista y activista por la no violencia, el futuro del activismo social y cultural en contra de la violencia de género en Cuba?

SM: Lamentablemente, no puedo ver el futuro, es algo imposible de predecir para mí. Pero en mi pronóstico deseo un buen camino. Cada vez alguien más toma conciencia del problema y quiere hacer algo por cambiarlo; mientras exista violencia por motivos de género, confío en que el activismo trabaje para cambiar esa realidad. Queda mucho por andar, pero para que haya futuro no queda de otra que seguir trabajando hoy, y esa es la parte que nos toca hacer.

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