La Cultura cubana no está sectorializada

Foto Archivo Crisol

Por Luis Carlos Suárez

La labor cultural vive una disyuntiva compleja. Aunque somos el llamado sector de la cultura, la cultura cubana no está sectorializada, ella nos trasciende, sobre todo cuando tenemos conciencia de que no es solo Arte y Literatura, que la mirada debe ser cada día más amplia, más antropológica. Es por eso que constreñir la Política Cultural al sector de la cultura pudiera ser una limitación que hay que vencer. La Política Cultural debe ser conocimiento de nuestras escuelas, universidades, y también de las instancias gubernamentales y políticas porque actúan directamente con proyecciones culturales de gran trascendencia, tiene que ser interiorizada permanentemente por nuestros medios de difusión masiva, para que el trabajo que realizan no niegue lo que ampara y defiende. De ahí la necesidad de fortalecer, cada día más, nuestro sistema de relaciones.

No solo la globalización neoliberal y las proyecciones hegemónicas que aspiran a dominarnos, son causa de las distorsiones en el Consumo Cultural. A veces las tentaciones de una popularidad a priori que termina en populismo barato, son responsables del mal gusto, del mimetismo. No resolvemos prioridades culturales queriéndonos parecer a otros para gustar. Y eso lo vemos en nuestra cotidianidad, cuando visitamos un cabaret o cuando no podemos evitar el bombardeo agresivo de imágenes que nos agreden en un largo viaje hacia la Habana en la  costosa guagua Yutong, traída al país con el esfuerzo de un Estado que trata de mejorar la vida de su población.

Pero no podemos enfrentar estos desafíos sin la superación y el estudio constante. Tenemos que acudir al estudio de la Cultura Cubana en su diacronía, es decir cómo se ha movido en el tiempo, pero también en su variante sincrónica. Debemos actualizar nuestros conocimientos. Debemos vencer con el estudio la superficialidad y la pereza intelectual que tanto daño nos hace.

Un amigo, alejado por su ocupación, de los menesteres del arte y la literatura, un día  preguntó, “¿cuál es la función que ustedes realizan? (refiriéndose a los trabajadores de la cultura) ¿Hacer actividades culturales?”. Sin pensar mucho le contesté, debíamos sembrar necesidades culturales. Después, sin una respuesta muy clara al por qué, me ofrecí una que no pretendo sea la única. Las actividades culturales pueden ser pasajeras, morir cuando se cierra el telón. Si las hacemos es para que ayuden a sembrar en el espíritu de las personas, la necesidad de lo bello, de la cultura auténtica. Las necesidades culturales, cuando son auténticas, son duraderas y hasta eternas. Son raíces que sostienen el gran árbol de la cultura, ellas permiten que en sus ramas aniden, las aves de nuestros sueños y todas nuestras esperanzas.

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