Fiesta, cultura popular, historia, tradiciones e ideas

Existe un Bayamo mítico, fruto de tradiciones, historia oral y leyendas, a ese Bayamo más bien decimonónico, traducido por el Bayamo presente en libros, personajes y nuevas leyendas, apelaron la Fiesta de la Cubanía y el Crisol de la Nacionalidad, los dos eventos confluyentes que acaban de realizarse en la ciudad del oriente cubano.

El Crisol realizó su edición 27 y la Fiesta, algo más joven, la 25. Ambos, desde hace poco más de dos décadas concitan la atención de los bayameses, es decir, de las autoridades, las instituciones y la población. Tengo el privilegio de haber participado en 1992 en el primer Crisol, evento que, desde un primer momento, convocó a prestigiosos historiadores de todo el país y que contó con la presencia del ministro de cultura Armando Hart. Fueron tiempos difíciles aquellos de inicios de los noventa del pasado siglo, con el denominado Período Especial en sus duros comienzos, pero el evento se realizó y los que participamos en aquel momento iniciático regresamos satisfechos a nuestras ciudades de origen. Volví más tarde a otras ediciones del Crisol, al que vi crecer y madurar como foro historiográfico que nutrió las investigaciones de y sobre Bayamo y, más allá, sobre las guerras independentistas y la formación de la nacionalidad cubana.

Se convirtió en el evento principal de los directivos de cultura de la provincia Granma, y dos años más tarde se amplió el espectro y dejó de ser el evento académico su centro, para transformarse en la Fiesta de la Cubanía, la que, sin embargo, mantuvo y englobó al Crisol y le añadió un perfil más popular, de evocación de las raíces folklóricas y culturales de la región.

En esta ocasión, los bayameses rindieron homenaje al bicentenario del natalicio de Carlos Manuel de Céspedes, la figura principal del largo retablo de patriotas nacidos en Bayamo, Manzanillo y otros pueblos de la provincia. El Padre de la Patria recibió, en esos días del 17 al 20 de octubre, una evocación merecida. El Crisol también lo tuvo como epicentro de los debates allí producidos.

Este año el Crisol de la Nacionalidad abordó diversos e interesantes temas como  Céspedes en su bicentenario, la Asamblea de Guáimaro, la industria azucarera y la formación histórica en la región del Guacanayabo, la intervención norteamericana en Jiguaní en 1898, el Soviet de Mabay, estudios historiográficos sobre el tratamiento de la población negra en el siglo XIX, identidad e interseccionalidad en la construcción contemporánea de lo racial, estudios sobre los Padres Fundadores cubanos, los objetivos de desarrollo sostenible y las investigaciones sociales y otros temas asociados al patrimonio y las prácticas artísticas, así como la construcción del ser cubano y sus relaciones con el Caribe. En realidad, un vasto espectro temático que tensó las fuerzas investigativas de la región granmense y de los investigadores invitados. El evento se realizó en cómodos y espaciosos salones del hotel Sierra Maestra.

Esperemos se pueda reunir los recursos necesarios para editar unas memorias del evento, sería un texto sumamente interesante y enriquecedor para nuestra historiografía.

La Fiesta de la Cubanía tuvo, además, un programa amplio y diverso en el que se combinaron actividades para los niños, teatro, recitales de música (se le rindió un merecido homenaje al Benny Moré), bailables y guateques, audiovisuales, artes visuales (con una muestra del maestro holguinero Cosme Proenza como centro), humor (estuvo el director del Centro del Humor y otros humoristas invitados), circenses, feria de artesanías y otros productos artísticos comerciales, cine (con un homenaje a Santiago Álvarez), venta y presentaciones de libros, algunos inéditos, lecturas, arte y moda, en fin, una variedad de eventos artísticos difícil de seguir en esos días. Caminar por las calles y apreciar ese ambiente de diversidad cultural fue un verdadero placer.

El día 20 de octubre, fecha en que se conmemora el Día de la Cultura Nacional, se efectuó una evocación por el 151 aniversario de la interpretación de La bayamesa, devenido Himno nacional por los avatares de la historia. Un gran recital dirigido e interpretado por el maestro Frank Fernández, Adalberto y su Son y La Original de Manzanillo de Pachi Naranjo, dio cierre a este maremágnum de eventos y actuaciones, una verdadera fiesta para los bayameses.

Un rasgo de estos festejos me pareció digno de subrayar: la asistencia en la mayoría de los mismos de las autoridades provinciales y locales, es decir, fue una fiesta de todos. Una convicción de muchos años la reafirmé en esos días pasados en Bayamo: los bayameses son, sino el que más, uno de los pueblos de la isla que más cuidan sus tradiciones y su historia. Esperemos que las próximas ediciones de la Fiesta de la Cubanía y del Crisol de la Nacionalidad mantengan este elevado nivel de calidad, participación y reconocimiento entre la población, pues es, en esto último, donde radica su triunfo.

Rafael Acosta de Arriba,

La Habana, a octubre 28 de 2019.

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