“Cantaré hasta que la vida quiera”, Doramis Vega Suárez

Por Luis Carlos Frómeta Agüero

“Empecé a cantar a los siete años de edad, cuando estudiaba en la escuela primaria Nguyen Van Troi, de Bayamo”, -así lo refiere la joven vocalista de verde mirada y encrespado cabello, que simula lo tropical de la gitana inmortalizada por el pincel de Carlos Enríquez.

Cuenta que por ese tiempo los instructores de arte Reynaldo Pérez e Irene Nubiola, de la casa de cultura 20 de Octubre, llegaron a los centros en busca de voces para formar un coro.

“Levanté la mano, me hicieron las pruebas de rigor y aprobé, fue el paso fundamental para mantenerme durante muchos años como solista en el coro Ismaelillo.

“Luego llegaron los consejos y el asesoramiento de los grandes: Carlos Puig Premión, Mercedes Cedeño, Andrés Arriaza, Julio Ochoa… a quienes debo parte de lo que soy.

“Comenzaba mi participación en los festivales de música infantil y entre estos, el más importante para mí Por un mundo sin final, agasajada con el premio de interpretación que aún recuerdo.

“A los 18 años, mientras culminaba el preuniversitario, recibí la noticia añorada; me convocaban a las pruebas de ingreso en el Instituto Superior de Arte, ¡imagínate!, nunca mis lágrimas resultaron tan alegres e incontenibles.

“Mi madre, contagiada con mi felicidad, se comunicó con el centro en La Habana, le explicaron que por situaciones imprevistas de último momento se posponían para otra etapa las captaciones para la especialidad de música.

Cuando me lo dijo, lloré nuevamente, sentía cómo se escapaba el sueño de mi vida.

“Asistí a mi graduación como Bachiller con ese pesar… pero todo cambió cuando Ileana Santoya, directora artística de la Empresa de la música, me ofreció trabajo.

“Con la esperanza de iniciar la Licenciatura en Español y Literatura, en primera opción,  y  en segunda, Historia, entristecida llegué a casa con el título, me esperaba mi abuela sonriente, se levantó del balance y orgullosa me dijo:

-Tengo una buena para ti, Ileana Santoya quiere que trabajes como cantante profesional -dijo loca de alegría.

“¡Y se acabaron las lágrimas… y las vacaciones!

“Así fue cómo, en poco tiempo, fui solista en el cabaré Costa Azul, de Manzanillo, ciudad que me trae maravillosos recuerdos y que dejé atrás por acercarme a los míos.

“En Bayamo, me acogió el cuarteto Impacto, para suplir a una de las cantantes, luego ingresé en el cuarteto Los Cuatro, con los maestros Luis Alarcón y Fidel León, quienes contribuyeron decisivamente en mi formación profesional.

Durante esa etapa, participé como invitada especial en los festivales de música cubana Sindo Garay (2006 y 2008), compartiendo escenario con figuras de reconocido prestigio, como María Elena Pena, Mundito González, Coco Freeman…

“Pertenezco al catálogo de excelencia de la Empresa Sindo Garay, de Granma, y atiendo, colateralmente, el proyecto infantil La muñeca que canta, destinado al rescate de valores humanos, el buen vestir, la música tradicional y la dirigida a los niños, esta última a veces perdida en el recuerdo.

La agrupación no solo está integrada por músicos, también por payasos, magos…  disfruto mucho su compañía, son maravillosos y, sobre todo, muy exigentes.

-¿Aspiraciones?

-Inmensas, sin límites, cantar hasta que la vida quiera.

(Con Información de La Demajagua)

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