Bayamo y el cuartel de la Patria (+ Fotos)


Parque museo Ñico López, ubicado en Bayamo. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

Si se menciona la fecha 26 de julio de 1953, ¿cuál es el primer lugar en que piensa? Seguramente en el Cuartel Moncada, de Santiago de Cuba. Es cierto que al recordar año tras año ese acontecimiento histórico también se hace alusión al Cuartel Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo; sin embargo, no es el sitio más, ni mejor conocido.

Elena Martínez Martínez es una de las especialistas del hoy Parque Museo “Ñico López”. Más de dos décadas ha guiado a quienes visitan la instalación declarada Monumento Nacional en 2003. Junto a ella recorrimos el inmueble, pues es de las que mejor conoce no sólo lo acontecido allí hace 66 años, sino cada detalle de los objetos y de la propia edificación.

El asalto al Cuartel Carlos Manuel de Céspedes fue una acción simultánea a la de Santiago de Cuba. Tenía como objetivo esencial la voladura de puentes sobre el río Cauto, y la movilización de todo el pueblo para iniciar la lucha revolucionaria organizada por Fidel Castro, cuyo objetivo crucial era derrocar al tirano Fulgencio Batista.

¿Por qué se escogió a Bayamo? En primer lugar, por las tradiciones históricas de lucha de su pueblo y su estratégica posición geográfica, a fin de situar las avanzadas en las cercanías del Cauto, además de impedir que los refuerzos de Manzanillo y Holguín llegaran hasta Santiago de Cuba.

Antes de comenzar a caminar por el amplio salón sin divisiones, Elena empieza su relato, como si estuviera leyendo algún libro. No pierde un solo detalle.

Según cuenta, “el plan inicial era que Raúl Martínez Arará —principal líder de la acción en Bayamo—, entrara al enclave militar en compañía de Elio Rosete, enmascarados como soldados del ejército de Batista y con el pretexto de que los dejaran pasar la noche antes de continuar viaje hasta Santiago, donde había carnavales.

“Una vez dentro, la misión era desarmar las postas y facilitar el ingreso del resto de los jóvenes que aguardaban en el hospedaje Gran Casino, ubicado a dos cuadras de la instalación militar, y el cual había sido alquilado por el santiaguero Renato Guitart para establecer un negocio de pollos.

El plan, fracasó. Elio incumplió su palabra y no guio a los insurgentes al cuartel, en aquel momento sede del escuadrón 13 de la Guardia Rural.

Se impuso entonces cambiar la táctica —continúa la museóloga—, en vez de acceder por la entrada principal, el grupo entraría por la parte trasera, que estaba protegida por cercas alambre.


La museóloga Elena Martínez Martínez es de las que mejor conoce la historia del otrora cuartel «Carlos Manuel de Céspedes». Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

“Al ingresar, chocan con bolos de madera, latas y desperdicios de basura, alertando al guardia (el cabo Indalecio Estrada) apostado en el fondo del cuartel, el cual pregunta quién andaba por ahí y les ordena el alto”.

“Con el nerviosismo, se dispara el arma de uno de los miembros del grupo y comienza entonces el tiroteo que duró de 15 a 20 minutos. Algunos lograron pasar, mientras que otros no lo consiguieron”, continúa Elena.

En el momento de la acción, de acuerdo con lo que nos cuenta la historiadora, en el cuartel sólo había una decena de soldados, por lo que, de haber entrado por delante como estaba previsto en un inicio, se habría tomado el recinto sin dificultad.

Añade que en las casas de los alrededores vivían oficiales del Ejército que una vez sintieron el tiroteo, se personaron enseguida en la pequeña fortaleza.

“Al fallar el factor sorpresa, no se cumple el objetivo de tomar ese punto de aparente insignificancia y, por tanto, repartir las armas al pueblo e ir a la emisora para dar un comunicado”.

Aclara que en la acción militar no muere ninguno de los jóvenes asaltantes; sólo uno de ellos resulta herido: Gerardo Pérez-Puelles. Posteriormente, es que comienza una “cacería” sangrienta que termina en el asesinato de 10 de los participantes de las acciones:

  1. Mario Martínez Arará
  2. José Testa Zaragoza
  3. Pablo Agüero Guedes
  4. Rafael Freyre Torres
  5. Lázaro Hernández Arroyo
  6. Luciano González Camejo
  7. Hugo Camejo Valdés
  8. Pedro Véliz Hernández
  9. Ángel de la Guardia Guerra Díaz
  10. Rolando San Román de la Llana (fueron encontrados entre los muertos del Moncada)

Una oncena víctima pudo haber sido Andrés García Díaz, a quien los soldados dieron por muerto junto a Camejo y Véliz, pero este salvó la vida milagrosamente y así, tiempo después, empezó a ser llamado por sus compañeros “el muerto vivo”.

Además de los mártires, participaron en la acción:

  1. Antonio López Fernández
  2. Calixto García Martínez
  3. Ramiro Sánchez Domínguez
  4. Antonio Darío López García
  5. Adalberto Ruanes Álvarez
  6. Raúl Martínez Arará
  7. Armando Arencibia García
  8. Orestes Abad Lorenzo
  9. Gerardo Pérez Puelles-Valmaseda
  10. Rolando Rodríguez Acosta
  11. Orlando Castro García

Ninguno de ellos fue apresado, mientras que fueron juzgados y condenados Andrés García Díaz, Enrique Cámara Pérez y Agustín Díaz Cartaya (autor del himno del 26 de Julio). Pedro Celestino Aguilera González fue juzgado y absuelto.


En el museo se recuerda a los mártires de las acciones del 26 de Julio de 1953 en Bayamo, quienes fueron perseguidos y masacrados por la dictadura batistiana. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

Elena continúa con su explicación. Nos recuerda que, si bien en el orden militar no se alcanzaron los objetivos propuestos, sí se demostró la existencia de una vanguardia revolucionaria dispuesta a dar la vida si fuera necesario por barrer del poder a la dictadura imperante en Cuba.

Había echado a andar el “motor pequeño que ayudaría a arrancar al motor grande” de la Revolución que triunfaría el Primero de Enero de 1959.

De lujosa mansión a parque museo


Entrada del hoy parque museo Ñico López. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

Más tarde, la especialista se sitúa frente a la maqueta de cómo era el cuartel en 1953, para explicar que estaba conformado por tres locales que tuvieron varios usos. Todo apunta a que uno de ellos —convertido en almacén posteriormente—, con cubierta de madera y tejas, se destruyó completamente a causa de un incendio provocado por dos cortocircuitos.

Nos encontramos en el Club de Oficiales —señala con el puntero—, construido en 1935 para el esparcimiento de los soldados, y que estaba conformado por mesas y grandes balances donde se realizaban reuniones y juegos de mesa. En la parte superior de la edificación, en un local mucho más pequeño, estaba localizada una ametralladora.

Antes de tomar el nombre Carlos Manuel de Céspedes, el sitio era conocido como torre de Zarragoitía. Se le llamó así por ser uno de los inmuebles más costosos y altos de la villa, además de que a inicios del siglo XVIII en España, a esas construcciones le otorgaban dicho calificativo.

En 1801 la vivía Don Ignacio de Zarragoitía y Jáuregui, co-regidor de las Rentas Reales de Bayamo y una de las figuras más sobresalientes del movimiento intelectual de la ciudad. Debido a ese puesto estuvo inmerso en controversias políticas de la época. Más tarde muere tras las rejas acusado de revoltoso y su mansión queda abandonada.

Sometida al abandono posterior, la instalación fue reformada y convertida en Fuerte España, para ser rendido el 21 de octubre de 1868 ante el empuje de los patriotas cubanos. Pero no pudo escapar del incendio de Bayamo, el 12 de enero de 1869, y según acreditan varios historiadores, ese fue uno de los objetivos destruidos.

Más tarde, en 1880, sus muros se tiñeron de sangre, pues allí fueron fusilados el 7 de julio de ese año, los patriotas Pío Rosado, Enrique Varona y Natalio Argenta. Luego, en 1903, bajo la segunda intervención norteamericana, se construye e instala el cuartel de la Guardia Rural, bautizado como Carlos Manuel de Céspedes.

El 26 de julio de 1953 es asaltado, aunque luego permaneció como lugar de los tiranos servidores de Batista, hasta que en 1959 su destino cambió.

Después tuvo varios usos, entre ellos, hospital, almacén, oficinas, por lo que fue perdiendo su estructura y destruyéndose elementos de su construcción original, de la que sólo se conservó el Club de Oficiales, hasta ser inaugurado el museo el 26 de julio de 1978. Entonces pasaría a llamarse Ñico López, uno de los jóvenes más destacados en las acciones del 26 de Julio.


Maqueta de cómo era el cuartel Carlos Manuel de Céspedes, antes de 1959. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

Objetos que pertenecieron a soldados del ejército batistiano: una linterna Hunterutilizada en las guardias nocturnas, platos, cucharas, botones, uniformes, una placa de la entonces Policía Secreta de Oriente, se encuentran resguardados en las vitrinas del local.

De los jóvenes asaltantes se conservan una hebilla, un carné de identidad, una filarmónica, libros, una gorra, armas y la cámara con que fueron fotografiados los 10 mártires de la acción por Rolando Avello (ya fallecido).

También en su interior se observa una maqueta de la casa de Melba Hernández (Jovellar 107, La Habana), sitio donde se realizaron —así como en el apartamento de 25 y O—, las reuniones conspirativas para el posterior asalto, y se confeccionaron los uniformes de quienes participarían en dicha gesta.

Sitio especial dentro del amplio salón está dedicado a Antonio (Ñico) López. En ese “pequeño santuario” son protegidos celosamente algunos objetos personales de quien fuera uno de los nueve fundadores del M-26-7 en La Habana. También hay un testamento firmado por Ñico y Raúl antes de salir de México en la expedición del yate Granma, donde plasmaron los ideales de ambos y se comprometían a continuar la lucha armada hasta la definitiva liberación del país.

El día que Fidel estuvo en el museo


Lugar dedicado al Comandante en Jefe. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

En la sala de exposición principal del Parque Museo “Ñico López” fue donde pernoctaron las cenizas del Comandante en Jefe Fidel Castro, el 2 de diciembre de 2016, en la última escala del cortejo fúnebre que seguiría rumbo a Santiago de Cuba.

Elena recuerda ese día como si no hubiese pasado el tiempo:

“Yo nunca había visto el museo tan bello a pesar del dolor y la tristeza; todo el pueblo nos apoyó comenzando por las instituciones y organismos”.

La urna de cedro que contenía las cenizas del líder histórico estuvo en el museo desde las 8 y 10 de la noche, hasta el otro día a las 7 de la mañana, siendo Granma una de las provincias donde más tiempo permaneció.

Luego de la vigilia de la Plaza de la Patria de Bayamo, las personas desfilaron por allí, de forma ininterrumpida, hasta las 4 de la madrugada, portando velas y fotos del líder histórico, según nos cuenta Elena, a quien se le nota la veneración hacia Fidel.

“Para nosotros es un compromiso, un honor y una responsabilidad haber velado sus cenizas aquí en el museo”.

Me invita a acercarme a las dos mesas de mármol justo en el medio del salón, las cuales fueron diseñadas por el arquitecto Enrique Campos del Arco y confeccionadas en tiempo récord, durante más de 40 horas ininterrumpidas. Cada una constituye una reinterpretación del grado de Comandante de Fidel.


Una de las mesas de mármol confeccionadas para colocar la urna de cedro con las cenizas de Fidel. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

Con su vocación de historiadora que no pierde un solo detalle, Elena señala donde fue colocada la caja. La mesa es de mármol rojo y negro; le sirven de soporte dos piezas caladas, también de mármol, que si se observan desde un ángulo inferior, forman una estrella.

A ambos lados, dos ánforas que se llenaron de flores mariposa traídas de la Sierra Maestra. Las banderas que permanecen allí, inamovibles, fueron las mismas usadas aquella noche que no se podrá borrar de la historia del museo, ni de Bayamo, cuna de la nacionalidad.


El parque museo Ñico López cuenta con amplios exteriores, donde se celebran numerosas actividades. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

Entrada principal a la sala. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

(Tomado de Cubadebate)

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