El regreso de Aguilera: del Calvario al Mausoleo

Patricio bayamés Francisco Vicente Aguilera

Patricio bayamés Francisco Vicente Aguilera. FOTO/ Internet

Patricio bayamés Francisco Vicente Aguilera
Patricio bayamés Francisco Vicente Aguilera. FOTO/ Internet

Por Isolda Martínez Carbonell

La muerte de Francisco Vicente Aguilera y Tamayo en New York, el 22 de febrero de 1877, fue un hecho que conmovió el corazón de los que conocieron su bondad, sencillez y profunda vocación independentista. Se desempeñaba como vicepresidente de la República en Armas cuando en 1871 Carlos Manuel de Céspedes lo designó para que partiera hacia la emigración a unir los diferentes centros revolucionarios y hacer llegar expediciones que abastecieran de logística a las tropas del Ejército Libertador. En medio de la labor un cáncer atacó su garganta, hasta que lo llevó a la tumba.

El cadáver fue tendido en el Salón del Gobernador del Ayuntamiento de New York, en capilla ardiente. Presidió la fachada del edificio la bandera de los Estados Unidos, el pabellón de la ciudad de New York y la enseña de Cuba Libre, a media asta, en señal de profundo duelo.

Instaurada la República en Cuba, el alcalde de Bayamo, Manuel Plana Rodríguez del Rey, se dirigió al presidente de la nación, el 18 de octubre de 1909, en nombre del pueblo bayamés, para, “pediros nos concedáis gloria de que reposen aquí las cenizas del inmaculado bayamés Francisco Vicente Aguilera, cuyos venerados restos cubren hoy tierra  extranjera”.

Una ley dictada el 28 de febrero de 1910 ordenaba el traslado de los restos de Aguilera de Nueva York a Bayamo. La entrega de estos se efectuó el 28 de septiembre de 1910 en el salón de sesiones de la Casa Capitular en Nueva York, por parte del alcalde de esta ciudad a una comisión nombrada por el ejecutivo de la nación cubana.

El 10 de octubre de 1910 se cumplió la aspiración de los bayameses: arribaron los restos del patriota a la ciudad que lo vio nacer. Durante el trayecto varios ayuntamientos le rindieron tributo, cubriendo la urna de coronas. Los restos llegaron a Bayamo en un tren especial que hizo el viaje directo desde La Habana. Vinieron acompañados por el bayamés Miguel del Risco Álvarez y una representación de alto nivel. Fueron llevados a la Casa Capitular y el pueblo le rindió honores. Las reliquias fueron depositadas, ese mismo día, en el cementerio de San Juan, en el panteón de la familia Aguilera y entregadas al alcalde municipal, Manuel Plana.

El 10 de octubre de 1940, los bayameses despertaron ansiosos. Se conmemoraba el aniversario 72 del inicio de las luchas por la independencia, hecho en el que Francisco Vicente Aguilera había sido el principal organizador. Parecía que el homenaje al patriota, en esta justa fecha, coincidiría con una indigna y desacreditadora acción para el pueblo bayamés, pues sus familiares exigían el traslado de los restos de Aguilera para el cementerio Santa Ifigenia de Santiago de Cuba.

Existía tensión y disgusto en el pueblo. Se habían creado las condiciones para ejecutar el traslado. Al llegar a la tumba, la comisión encontró los ladrillos removidos y una sorpresa excepcional: habían desaparecido los restos de Aguilera. A partir de esos momentos varios periódicos del país comenzaron a especular acerca del hecho, manifestaban que en horas de la madrugada de ese día personas desconocidas profanaron la tumba del patriota y secuestraron sus restos. Se buscaban a los autores quienes recibirían todo el peso de la ley.

El periodista bayamés Manuel R. del Risco Álvarez, quien tuvo el honor de trasladar los restos de Aguilera desde La Habana hasta Bayamo, estuvo vinculado a la sustracción. Justificó su proceder argumentando que: “aquello no fue un secuestro, sino un rescate. Nosotros lo que hicimos fue rescatar los restos de Aguilera de la abandonada tumba en que estaban, con el propósito de que no se los llevaran de Bayamo y los trasladaran para un lugar donde estuvieran mejor cuidados”. Aseguró que lo acompañaron dos personas: Emilio Garcés, también periodista e incansable luchador a favor del bienestar de Bayamo y un jamaicano que trabajaba como portero en el hospital General Milanés al que todos conocían por Charles. Este había sido escogido por su discreción y fortaleza física. El relato que realizó del Risco  recoge que:
En la noche del 9 había llovido mucho y, aunque no fue tarea fácil, la humedad nos ayudó a remover los ladrillos, que sacamos uno a uno, con mucho cuidado, para no causar destrozos, utilizando solamente un puñal muy bueno que me habían prestado. La caja que contenía los restos de Aguilera era de bronce y pesaba bastante. Casi amaneciendo llegamos a la casa de Emilio y colocamos el féretro debajo de la cama de su mamá, Julia. Aunque los restos de Aguilera estaban protegidos por láminas de plomo, el agua se había filtrado, durante muchos años, por el estado ruinoso de la tumba, y todo adentro estaba muy deteriorado. Luego, ese mismo día, cuando accedimos a devolver los restos, buscamos a un hojalatero de apellido García, ya fallecido, que hizo una caja interior, debidamente soldada, remozándose el féretro.

Después de materializado el rescate se dieron cuenta que habían dejado una huella. A Emilio se le había quedado su sombrero, con unos papeles dentro de la badana en el cementerio. Ante esa situación, decidieron decir lo que habían hecho al comandante Felipe Elías Thumas, presidente del Centro de Veteranos. Este convocó a todas las instituciones para una reunión urgente en el cuartel de la Guardia Rural, Carlos Manuel de Céspedes e informó que los restos de Aguilera estaban en poder de los bayameses y estos no permitirían que se los llevara. El Centro de Veteranos, el Comité Pro Reconstrucción de Bayamo y el Círculo de la Prensa respaldaban esa actitud.

A continuación Emilio narró cómo habían ocurrido los hechos y terminó diciendo: “Es un ultraje para Bayamo que se lleven de aquí los restos de Aguilera y antes tendrán que matarnos para lograr eso”.

Las gestiones para construir el mausoleo concluyeron en 1958 cuando desempeñaba la función de alcalde de Bayamo, Blas Elías Thumas. La erección de un mausoleo, a la memoria del insigne bayamés Francisco Vicente Aguilera y otros héroes de la Guerra del 68, y que llevaría por nombre Retablo de los Héroes. Se planificó su emplazamiento en el lugar donde existió el antiguo cementerio de San Juan, a un costo de 32 000 pesos, según proyecto de Sergio López Mesa. El propósito quedaba claro: rendirle tributo a los forjadores de la nación cubana, pero además, contribuir al embellecimiento de la cuidad de Bayamo.

El Retablo de los Héroes se encuentra ubicado en la calle José Martí, entre Amado Estévez y Augusto Márquez y es el máximo exponente del conjunto escultórico que existe en la Plaza San Juan formado, además, por el pórtico del cementerio de San Juan, primero al aire libre inaugurado en Cuba, el mausoleo a José Joaquín Palma y la tarja que señala el lugar donde nació Manuel del Socorro Rodríguez. Los restos de Aguilera descansan en la base del monumento con la intención de que su presencia perdure en el recuerdo de todas las generaciones de cubanos y extranjeros que allí lleguen.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies