Su vida es conservar el patrimonio cultural

Por Diana Iglesias Aguilar
Cuando se habla de Patrimonio en Bayamo hay que hablar de Ana Regla Mola, trabajadora de la Casa Natal del Padre de la Patria, pues en su labor como museóloga y conservadora de más de cuatro décadas deja un sello inigualable por donde pasa.
Su abuela paterna, la Condesa de Pueblo
Nuevo fue la única mujer consejal negra del Ayuntamiento de Bayamo,
merecedora de respeto y admiración del pueblo, de ella heredó la fuerza y
de su padre, un hombre de cultura, la nobleza y la dulzura para vivir.
Ana
reside para más señas, en la parte más antigua de la ciudad, donde late
el corazón de los patriotas Francisco Vicente Aguilera y José Joaquín
Palma y todavía se escuchan en los amaneceres de julio, los gritos de
Ñico López arengando a los asaltantes al cuartel de la guardia rural en
el amanecer de la Santa Ana.
Aunque hace varios lustros amenaza
con irse a la capital de la isla, donde dicen que nació un día del siglo
XX, se puede ver imperturbable tirada en el piso lustrando con cera las
losas de cerámica de la casa natal o encaramada en un andamio
enmasillando paredes y puertas.
Se la ve de aquí para allá,
puliendo, conservando, resguardando del paso del implacable: documentos,
tarjas, puertas, hierros, muebles, pisos, todo cuanto narre la historia
de su Patria, no importa si está en lo más intrincado de la Sierra
Maestra o en medio de matorrales asolados. A ella se debe el registro y
el expediente de cada uno de los cientos de monumentos en la provincia,
documentación que permite la clasificación, el estudio, ubicación la
intervención preventiva.
Para lograr este registro no escatimó esfuerzos, visitó cada uno de los sitios, unas veces a pie, en bicicleta o a dedo llegó hasta cada uno de ellos, algunos ya abandonados y desconocidos, y los restauró con sus propias manos.
Para
Ana Regla Mola Rodríguez el No, no existe cuando de la conservación del
patrimonio histórico cubano se trata. Lo mismo monta una bicicleta que
hace guardia a choferes, funcionarios o torneros, de los que depende la
culminación de un trabajo restaurador, que es capaz de conquistar a los
operarios con una salvadora merienda de pan con croqueta y refresco de
frutas a la hora en que las tripas más aprietan.
A su larga
cuenta de restauradora y conservadora museóloga, van el reloj de cuerdas
de la Catedral de Bayamo. Junto a otros colegas: la puerta de la
Capilla de la Dolorosa y la de la antigua cochera de la casa de
Francisco Vicente Aguilera, hoy puerta lateral de la Biblioteca
Provincial 1868, piezas únicas que sobrevivieron a la quema patriótica
de enero de 1869 y la efigie y el pórtico del antiguo cementerio de San
Juan, el primero de Latinoamérica a cielo abierto.
Al empeño de
Anita se debe el año anterior el nuevo montaje museográfico y
museológico del Parque Museo Ñico López, sitio emblemático para la
nación y el legado patriótico de la Revolución, asaltado en la madrugada
del 26 de julio de 1953 por un grupo de revolucionarios paralelos al
asalto al Cuartel Moncada de Santiago de Cuba, liderada esta acción por
Fidel.
Así como de la sala Los Asaltantes, parte de este complejo
histórico. En 1953 era una hostería en venta, donde pernoctaron los
principales líderes atacantes del cuartel de Bayamo y donde el luego
Comandante en Jefe sincronizó los relojes con sus compañeros para atacar
al unísono las dos fortalezas del ejército en Oriente.
Para
ambientar las salas recurrió a las nuevas tecnologías de la informática y
las comunicaciones, empleando recursos audiovisuales y más atractivos
carteles donde se explica a los visitantes lo ocurrido hace más de
sesenta años.
Por su consagración, es merecedora de diversas
distinciones y reconocimientos entregados por organismos y las
direcciones del gobierno, el Partido Comunista de Cuba y el Ministerio
de Cultura. Sin embargo no hay para Anita mayor premio que la asistencia
del público a los museos y las actividades artísticas y culturales que
prepara con esmero en torno a fechas históricas y personalidades.
Exquisita
en sus proyecciones como promotora cultural, incansable, nada pasa
inadvertido para Ana Mola. En mayo último recibió en La Habana un
reconocimiento del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural por su
meritoria participación en la defensa de la cultura nacional.
Poseo un juego de muebles colonial un Renacimiento Español, estoy interesada en venderlo y quisiera saber Si al Patrimonio pudiera interesarle