Una visión reflexiva del músico Gaspar Agüero Barreras acerca del Himno Nacional

Indudablemente, la procedencia familiar del Maestro Agüero Barreras contribuyó desde el seno familiar a su sólida formación patriótica y cívica. Su familia de amplia estirpe patriótica, desde su propios padres, el músico-mambí, Oliverio Agüero Agüero y María Asunción Barreras de la Pera -miembros del Ejército Libertador- hasta el ejemplo de los patriotas, José Joaquín de Agüero y Agüero -primo segundo de su progenitor- y sus tíos, Gaspar y Diego, coadyuvaron junto a su formación en el seno familiar, al desarrollo de sus cualidades personales como digno ciudadano y dedicado profesional de la Música y la Pedagogía Musical.

Tanto en su obra teórica, como en su amplia práctica musical-pedagógica, se puede apreciar su profundo compromiso ético y patriótico, lo que se evidencia en la concepción de su pensamiento, reflejo del debate intelectual de su época acerca de los problemas cardinales que caracterizaron los diferentes tiempos culturales y contextos históricos en que llevó a cabo su desempeño profesional.

Una visión reflexiva acerca del pensamiento del Maestro Agüero Barreras implica como punto de partida, abordar las características del pensamiento como ejercicio intelectual, por lo que resulta pertinente tomar en consideración, las diferentes fases señaladas por el Dr. Medardo Vitier en su ensayo acerca de la personalidad de Enrique José Varona , cuando se refería a que el acto de pensar contempla como acciones “el exponer las ideas existentes, lo admitido sobre la materia diversa, la explicación, el análisis y la función crítica”.

En consonancia con la observación que Alejo Carpentier ofrece en su ensayo “América Latina en la confluencia de coordenadas históricas y su repercusión en la música”, en la que vinculaba la relación mismidad-otredad desde el enfoque identitario, en su obra teórica, el Maestro Agüero Barreras al igual que otros músicos de su época, proyectó su análisis desde lo universal, es decir, desde la otredad a partir de la realidad europea como punto de partida para transitar posteriormente, hacia la valoración particular de la realidad musical nacional, lo que constituye una de las ideas rectoras de su pensamiento musicológico y pedagógico-musical.

Según expresa Carpentier:

“ En el criollo americano se manifiesta, desde muy temprano una doble preocupación la de definirse a sí mismo, la de afirmar su carácter en realizaciones que reflejen su particular idiosincrasia y la de demostrarse a sí mismo y demostrar a los demás que no por ser criollo ignora lo que ocurre en el resto del mundo, ni que por vivir lejos de grandes centros intelectuales y artísticos carece de información o es incapaz de entender y utilizar las técnicas que en otros lugares están dando excelentes frutos”.

La defensa de nuestra identidad puede ser considerada como una de las ideas rectoras reflejadas en el pensamiento musical-pedagógico del Maestro Agüero Barreras, lo que se puso de manifiesto, tanto en su práctica musical-pedagógica como en su obra teórica. De manera análoga, el Maestro Rafael P. Salcedo (1844-1917), pianista y pedagogo de santiaguero de amplia experiencia al igual que Agüero, expresaba en 1914 su sentido identitario cuando afirmaba que:

“Yo he hecho Patria con la música, cada cual la hace a su manera, el guerrero con su espada, el orador con su palabra, el poeta con sus versos, el escultor con sus estatuas, el pintor con sus cuadros, pues yo… no he querido quedarme atrás y he hecho Patria con la música…”

Coincidente con estas ideas en su autobiografía el músico-pedagogo, Agüero Barreras planteaba que:

“Como se ve, mi misión es puramente educativa, dentro del arte de la Música. Con ello me considero honrado sobremanera, al considerar que la sociedad de mi patria me concede voz y voto en asunto tan trascendental”.

Justamente en su condición de catedrático de Música en la Escuela Normal de Maestros de La Habana y dada su amplia experiencia como profesional de este campo, la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes designó al Maestro Agüero Barreras en 1918, para que hiciera un estudio acerca del Himno Nacional, el que se publicó como artículo por la Revista de Bellas Artes, perteneciente a la referida instancia, con el título: “Nuestro Himno Nacional. Necesidad de su revisión”.

El 5 de abril de 1919, la mencionada Secretaría mediante la Resolución correspondiente, designó una comisión presidida por Gaspar Agüero Barreras e integrada por otros músicos como Guillermo Tomás, José Molina Torres y Hubert de Blanck, así como otras personalidades entre las que se encontraban: el General José Miró Argenter, el Coronel Francisco Figueredo cuyo propósito era estudiar la letra y la música del Himno Nacional, cotejándolo con el original.

Vale aclarar que el vínculo de Agüero Barreras con el Himno Nacional se originó con anterioridad a 1918. En 1899, una nota aparecida en el Álbum-dossier perteneciente a la personalidad antes referida, publicada por “El Fígaro”, hizo alusión a la primera edición del Himno de Bayamo para piano solo, que fuese creada por el referido músico, en la que se destacaba que:”El joven Gaspar Agüero ha compuesto uno bellísimo que está de venta en sus oficinas”. Esta versión aparece registrada como la novena de las veinte y dos versiones más importantes hechas a “La Bayamesa”, citadas por la pianista y pedagoga, Flora Mora, en su folleto “Necesidad de cubanizar el Himno Nacional” publicado en 1954.

El Himno Nacional, conocido como “La Bayamesa” por nuestros patriotas, se cantó por primera vez en Bayamo el 20 de octubre de 1868 y se publicó por primera vez el 25 de junio de 1892, en “Patria”, órgano oficial de la Delegación del Partido Revolucionario Cubano, según la versión encargada por José Martí a su amigo entrañable, Emilio Agramonte: cantante, pedagogo y patriota. Posteriormente el himno fue reeditado el 21 de febrero y el 14 de octubre de 1893. Con anterioridad, el 27 de octubre de 1868,”El Cubano Libre” publicó las estrofas auténticas de “La Bayamesa”, con la autorización autógrafa de Perucho Figueredo.

En el año 1900 se da a la luz pública, la copia autógrafa de Perucho Figueredo regalada a Adela Morel en noviembre de 1869 y que fuese guardada celosamente por el Museo Nacional, por lo que revisar ese precioso documento se convirtió en una preocupación central de muchos músicos a partir de ese momento. Esta fue la razón primordial que alentó la valoración crítica expuesta por Gaspar Agüero, quien fuese designado por la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes para esta importante tarea, por lo que el artículo publicado por la Revista Bellas Artes, constituye el resultado de sus indagaciones.

Al estar fechado en 1918 el estudio antes mencionado puede ser considerado como precursor, ya que es la primera vez que se abordaba el análisis del Himno Nacional, en función del rescate y valoración crítica de la partitura original, cuyo conocimiento público databa de dieciocho años atrás. La bibliografía existente acerca del tema abordado desconoce totalmente, el artículo escrito por el músico Agüero Barreras, de ahí la importancia que tiene su reconocimiento y divulgación.

Desde otro punto de vista, treinta y seis años después, la pianista Flora Mora dio a conocer públicamente su valoración crítica acerca de la necesidad de cubanizar nuestro himno, al valorar sus diferentes versiones .

El artículo de Agüero titulado “Nuestro Himno Nacional, Necesidad de su revisión” tuvo como objetivo fundamental según precisaría su autor: “demostrar la superioridad de la melodía de Figueredo sobre las que la posteridad le ha atribuido”.

El autor menciona como paradigmas de cantos patrióticos, los himnos de Inglaterra y Francia. El primero de ellos fue compuesto por Haendel y el segundo, La Marsellesa fue creada por el oficial de ingenieros, Rouget de L´ Isle. Con respecto a este último canto patriótico, Agüero hizo alusión a que “ha recibido pulimentos en el transcurso del tiempo por eminentes artistas franceses”.

Estas transformaciones implicaron el retoque de la melodía, los cambios en la vestimenta armónica y la modificación de sus versos, sin desfigurar su original, especialmente su melodía “alma del discurso musical”. Por otra parte, el autor refiere que en Francia se creó en una comisión presidida por el músico Ambroise Thomás que adaptó una parte del texto de La Marsellesa destacando el papel de los hombres del mañana.

Estos fundamentos le sirven de antecedente al Maestro Agüero para deducir estos fundamentos-desde lo general a lo particular- transitando de la otredad a la mismidad, cuando afirma que en Cuba “nada semejante se ha hecho por nuestro Himno Nacional,”al contrario estamos empeñados en mantenerle una melodía no escrita de ese modo por su autor, ni impuesta por el buen gusto, dicho sea con todo respeto”. (Agüero, Gaspar, 1918:61).

Sugiere, que al igual que se hizo con La Marsellesa– para la que se nombró la referida comisión de expertos- “es un deber patriótico nuestro conservar lo más intactamente posible el canto compuesto por el inmortal Pedro Figueredo, al compás de cuyas notas los patriotas cubanos entraron triunfantes en Bayamo el 20 de octubre de 1868”.

Explica cómo la pérdida de la partitura original fue la causa primordial que provocó que “La Bayamesa” se cantara y acompañara de memoria por los músicos, lo que trajo como consecuencia su adulteración y por ende, que los primeros músicos que pretendieran rehacer el Himno Nacional se basaran en una errónea versión. Destaca de modo positivo, las versiones realizadas por Emilio Agramonte, Marín Varona, Anselmo López y Rodríguez Ferrer, en especial en esta última, resaltó su excelente factura armónica y su buena instrumentación.

En el artículo se compara y analizan las dos versiones del Himno Nacional -la primera que considera como la tradicional, que constituye una errónea versión, la segunda, la interpretada por las bandas oficiales, creada por el Maestro Rodríguez Ferrer, y la tercera, la original obsequiada por Perucho Figueredo a Adela Morel.

El autor valora críticamente los aciertos y desaciertos de estas dos primeras versiones, comparándolas con el original, argumentando la necesidad de rescatar el original de Figueredo por sus indudables valores musicales y su importancia patrimonial.

Entre los principales aciertos, el autor señala en las dos primeras versiones, el comienzo en anacrusa, el pase al modo menor en la segunda parte, al destacar que la melodía de la versión original de Figueredo se encuentra dentro de los cánones tonales. Solo señala como reparo en esta versión original, la imitación de algunas partes de La Marsellesa.

Señala entre los desaciertos o señalamientos, las partes de la melodía que se repiten y modifican con relación al original, por lo que defiende, la superioridad de la melodía del autor del original en comparación con las versiones posteriores y por ende, reclama a las autoridades gubernamentales de su época, la necesaria revisión oficial de nuestro Himno, expresando que “lo exige nuestra cultura y la venerada memoria de Pedro Figueredo.”

Por todo lo anteriormente expuesto se infiere que en el referido artículo se reflejan claramente, las principales características del pensamiento musical-pedagógico del Maestro Agüero Barreras mencionadas al inicio de este trabajo, lo que se hace evidente en su acertada visión reflexiva en torno a la necesaria revisión de nuestro Himno, por lo que este artículo constituye un llamado urgente a las autoridades de la época a reconsiderar y divulgar aquel original que fuese entregado por Perucho Figueredo a la Srta Adela Morel en noviembre de 1869.

Fuente: Casa de la Nacionalidad Cubana

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